La delegada del Gobierno, Sabrina Moh, ha mantenido este jueves su segunda reunión en una misma semana con representantes del Sindicato Médico y del Comité de Huelga de los facultativos que mantienen los paros en el Comarcal iniciados el pasado 9 de marzo.
Casi mes y medio después del inicio de la huelga que está, sin duda, alargando aún más las listas de espera, vemos los primeros indicios de predisposición para llegar a un acuerdo que sea bueno para las tres partes involucradas: el Instituto Nacional de Gestión Sanitaria; los médicos y los pacientes.
Aunque el Ingesa no participó en el encuentro de este jueves en la Delegación del Gobierno, anunció poco después la convocatoria de la mesa sectorial para el 4 de mayo para tratar los incentivos del difícil desempeño para los profesionales sanitarios.
Si a esa buena noticia sumamos que la delegada del Gobierno avanzó el martes la llegada de seis nuevos especialistas a la ciudad (cinco de ellos llegarán en mayo y el sexto, un oncólogo, en julio próximo), podemos concluir que la huelga ha servido de algo.
No podemos ignorar que los paros han obligado a suspender las citas médicas de 500 personas diarias. Los pacientes son los grandes perdedores de este pulso entre los facultativos y el Ingesa y eso se nota en el desgaste que ha sufrido, durante este mes y medio de protestas, el colectivo médico.
Llevamos tiempo denunciando las carencias de la sanidad melillense. Es cierto que estas reivindicaciones debieron llegar antes, pero es lo que tiene la precampaña electoral, que da mayor visibilidad a los reclamos de quienes llevan años exigiendo mejoras que nunca llegan.
En alguna ocasión hemos comentado que depender del Ingesa, o sea, directamente de Madrid, en la práctica, no nos asegura una mejor sanidad pública. Pero no hay que perder de vista que en Madrid, donde las competencias están transferidas, también ha habido protestas.
No se trata de quién lleva las riendas, sino del desgaste que acusa el modelo sanitario actual, completamente agotado tras una pandemia que exprimió a nuestros médicos y enfermeras.
No es bueno para España que los médicos que formamos aquí, en muchos casos en la universidad pública, se marchen a trabajar a otros países de Europa en cuanto se gradúan porque les ofrecen sueldos con los que en nuestro país no pueden ni siquiera soñar. Estamos perdiendo capital humano y eso se paga. Se notará no solo en la calidad de los servicios que ofrecemos, sino también en nuestra sociedad.
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