España tiene un problema real, y grande, con la vivienda. En este país son tantas las trabas administrativas que construir se ha convertido en una actividad empresarial solo para los más audaces; la legislación protege tanto a los okupas y los inquilinos que no pagan sus mensualidades, que los propietarios prefieren tener sus casas cerradas, lo cual hace que las saquen del mercado del alquiler. Ambos casos confluyen en una única conclusión: si hay más demanda que oferta, los precios se encarecen. Es un principio económico de una sencillez insultante, pero el Gobierno de Sánchez es incapaz de entenderlo.
Después de 8 años al frente del Ejecutivo, el PSOE dice ahora que va a movilizar 10.000 millones de euros para que el ICO conceda préstamos de 50.000 euros a quienes quieran comprar su primera vivienda y hacer de ella su residencia habitual. Se entregarán los créditos sin comisiones de apertura y sin intereses. Sin embargo, hay algo que los socialistas no cuentan y que pocas personas saben.
Y es que la persona que quiera solicitar ese préstamo tendrá que devolverlo en 10 años y solo lo podrá obtener si el banco le concede la correspondiente hipoteca; incluso el crédito del ICO se gestionará a través su entidad bancaria. Eso significa que no hay una concesión automática de los prometidos 50.000 euros. Muy al contrario, el dinero no estará disponible si el banco en cuestión no da el visto bueno después de haber analizado la solvencia del solicitante, que compruebe si se está en una lista de morosos y que se tienen ingresos estables suficientes como para afrontar la hipoteca.
En definitiva, el compromiso de los 50.000 euros es puro humo cuando se lee la letra pequeña y por mucho que los socialistas, como ocurre en Melilla, se muestren eufóricos por una medida que, en cualquier caso, ha tardado 8 años en llegar y en medio de un mercado inmobiliario muy mermado por la falta de viviendas. Esto no es más que otro conejo que sale de la chistera de Sánchez, que mejor haría en aplicar políticas reales en Ceuta para sacar a los caballas del sufrimiento que aún padecen tras más de dos meses desde la invasión que sufrieron a manos de Marruecos.








