El Gobierno de Melilla definitivamente ha decidido coger al toro por los cuernos y pagar con dinero de los melillenses todo lo que está impidiendo que se pueda garantizar el suministro de agua potable con total normalidad. Como la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), dependiente del Ministerio de Transición Ecológica, no pone ni un euro para subsanar las averías de las que adolece la planta desaladora (ello, a pesar de haberse comprometido por escrito a hacerlo), el Ejecutivo local tiene claro que así no se puede seguir; o sea, que las arcas públicas de la Ciudad Autónoma sufragarán las obras necesarias y ya en su momento le pasará el cargo al Ministerio competente en esa materia.
Además, supimos ayer que se ha puesto en marcha el llenado del Pantano de las Adelfas, una infraestructura que, aún siendo esencial para el suministro de agua, lleva años vacío, sin uso y sin que nadie haya explicado todavía el porqué de esa situación. Ese pantano se construyó precisamente como un enorme depósito destinado a surtir de agua a Melilla en el caso de que se estropeara la desaladora, se tuviera que parar por cuestiones como el parón por las revisiones técnicas habituales cada año o cualquier otra eventualidad.
El caso es que la Ciudad Autónoma ha decidido que ese pantano tiene que estar lleno y debe funcionar para dar el servicio para el que fue concebido en los últimos años del siglo pasado. Los cálculos de los técnicos de Medio Ambiente señalan que en el plazo de un mes, podrá almacenar entre 35.000 y 40.000 metros cúbicos de agua, una cantidad suficiente para cubrir uno o dos días de consumo en caso de emergencia. En fases posteriores, el embalse podría alcanzar los 220.000 metros cúbicos, e incluso los 300.000, lo que equivaldría a entre 10 y 12 días de abastecimiento alternativo.
Es una de las cuestiones que el presidente, Juan José Imbroda, puso sobre la mesa ayer durante la visita que giró a las instalaciones. El Gobierno ha resuelto liarse la manta a la cabeza y llevar a cabo estas actuaciones aún cuando no cuenta con el permiso aún de la CHG. En esa línea, también se utilizará el agua depurada no potable para riego y limpieza, se arreglará la desaladora actual y se proyecta una segunda planta. Y es que, según afirma Imbroda, el suministro de agua y el bienestar de los melillenses está por encima de cualquier burocracia, si bien destacó que en Madrid saben lo que se está haciendo porque, a pesar de todo, la comunicación institucional nunca se ha roto.
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