Con los ojos puestos en Mali

A nosotros en Melilla nos afecta y mucho lo que ocurra. Si la situación se desmadra, habrá una avalancha de migrantes buscando amparo en Europa

Un grupo de militares rebeldes, autoproclamados como Comité Nacional para la Salvación del Pueblo, ha dado un golpe de Estado en Mali este martes. Como consecuencia, el presidente de este país subsahariano, Ibrahim Boubacar Keita, ha optado por ceder el poder para evitar un baño de sangre.

Aunque los golpistas prometen elecciones generales, libres y creíbles en un plazo de tiempo “razonable”, el clima político y social de esta nación no invita a pensar que esto pueda ocurrir de forma inminente. Los militares rebeldes reconocen que el país “está mal”, “sumido en el caos”; sin independencia judicial y minado por el clientelismo.

Hay motivos de sobra para creer que Mali tiene muchas posibilidades de convertirse en un Estado fallido por más que los golpistas aboguen por la paz y la unidad del país, en abierta alusión a los tuaregs, que protagonizaron el anterior golpe de Estado en 2012. Desde que Mali se independizó de Francia en 1959 ha vivido cuatro golpes como el que lideró este martes Ismael Waghe.

Esta situación la ha retratado como nadie el diario El Mundo: “Un golpe de Estado en el avispero de África”. Y no le falta razón por más que los malienses hayan salido a celebrarlo a las calles y hasta hayan optado por profanar la piscina del hoy depuesto presidente del país.

En Bamako y Kilikoró tenemos soldados españoles que viajaron a Mali con la intención de formar a su Ejército. Crucemos los dedos para que no haya entre ellos ninguno de Melilla porque la ministra de Defensa dice que de momento está todo tranquilo. Y me parece a mí que ese concepto de tranquilo es muy relativo. Mali es la cuna del yihadismo, acaba de sufrir un golpe de Estado; han forzado a dimitir al presidente; hay manifestaciones en la calle y encima, hay coronavirus. Por Dios: hay enjambres de abejas donde se encuentra más sosiego.

A nosotros en Melilla nos afecta y mucho lo que ocurra en Mali. Si la situación se desmadra y termina en guerra, habrá una avalancha de migrantes, refugiados de libro, que buscarán amparo en Europa. ¿Adivinan por qué frontera entrarán? Pues sí, por la frontera Sur. Por la nuestra. Previsiblemente volveremos a vivir episodios de saltos a la valla y violaciones de derechos humanos, ahora amparadas por Estrasburgo.

Si eso llegara a ocurrir, el CETI volverá a estar al doble o al triple de su capacidad y evidentemente podremos confirmar la solvencia de la tesis que defiende que la inmigración es una de las principales ‘industrias’ de Melilla.

Pero hay una verdad irrefutable, esos refugiados que hipotéticamente nos llegarán si se produce un éxodo masivo sólo podrán arribar a Melilla a través de Marruecos y ya sabemos cómo se las gastan los ‘mejanis’. Sobre todo después de que hayamos visto el vídeo viral de migrantes subsaharianos llevando en volandas el cadáver de uno de los suyos en Tánger. Del otro lado de nuestra valla, la vida no vale nada.

El golpe de Estado en Mali nos deja, por tanto, más dudas que certezas. No sabemos qué efectos puede tener una nueva ola migratoria en nuestra endeble situación económica. La cosa no está para experimentos.

Por eso sería interesante resolver cuando antes la situación de las decenas de marroquíes que mantenemos hacinados en la Plaza de Toros. Sobre todo, después de escucharle decir a nuestro presidente, que continúan ahí porque no hay otro sitio al que llevarlos. Si al final, hasta tendremos que darle las gracias al tripartito por destruir uno solo de nuestros más emblemáticos monumentos. Podría ser peor si les da por alojarlos en la Torre del Reloj o en la muralla del Pueblo.

Hay que prepararse para lo que nos pueda venir. Nuestro Ejército podría ser generoso y echarnos una mano. Como muchos de nosotros, sabrá que el Gobierno está huérfano de ideas, pero quizás desde la Comgemel podrían ofrecerle al tripartito algún sitio más adecuado para acoger personas. Harían un favor increíble a la ciudad, a nuestro patrimonio cultural, a la Mezquita del Toreo y especialmente a los vecinos de la Plaza de Toros, que llevan tiempo probando un calvario sólo comparable a soportar males endémicos de esta ciudad como por ejemplo los coches durante la OPE en las inmediaciones de Beni Enzar o el desparpajo de las prostitutas al anochecer en El Real.

A Marruecos se le olvidó que seguimos dando de comer a decenas de nacionales suyos, que están deseando reunirse con sus familias del otro lado de la frontera. No estaría de más que desde la Delegación del Gobierno, a través del Consulado de España en Nador, recordemos a los políticos marroquíes que es su responsabilidad (y no la nuestra) hacer algo por su gente. La caridad no puede ser eterna: debería llevar fecha de caducidad como los yogures.

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