Melilla tendrá una cita con las Perseidas el 12 y 13 de agosto

Se recomienda ver las 'Lágrimas de San Lorenzo' desde los Pinares de Rostrogordo, Horcas Coloradas o Aguadú

Cada verano, el cielo nocturno ofrece uno de los espectáculos más esperados por astrónomos y aficionados: la lluvia de meteoros de las Perseidas, conocidas popularmente como 'Lágrimas de San Lorenzo'. En 2025, la cita volverá a llenar de destellos el cielo durante varias noches, alcanzando su punto álgido entre el 12 y el 13 de agosto. Aunque este año la observación tendrá un pequeño desafío —la presencia de una superluna—, los meteoros más brillantes seguirán ofreciendo un espectáculo digno de contemplar.

El fenómeno tiene un origen tan fascinante como sencillo de explicar. Las Perseidas se producen cuando la Tierra cruza la nube de polvo y pequeñas partículas que ha dejado tras de sí el cometa 109P/Swift-Tuttle en su órbita alrededor del Sol. Estas diminutas motas, algunas no mayores que un grano de arena, entran en la atmósfera terrestre a gran velocidad y se incineran, dejando tras de sí estelas luminosas que popularmente llamamos “estrellas fugaces”. Su nombre proviene de la constelación de Perseo, ya que, para un observador en la Tierra, los meteoros parecen surgir de ese punto del cielo.

En la cultura popular, las Perseidas están íntimamente ligadas a la festividad de San Lorenzo, que se celebra el 10 de agosto. De ahí surge la denominación de 'Lágrimas de San Lorenzo', un nombre cargado de poesía que ha sobrevivido durante siglos y que, año tras año, continúa inspirando a quienes se tumban bajo el cielo para contemplarlas y, de paso, pedir un deseo.

En 2025, el espectáculo comenzó a ser visible a mediados de julio y se prolongará hasta el 24 de agosto, pero el momento más intenso se espera en la noche del 12 al 13 de agosto. Durante esas horas, y si las condiciones lo permiten, será posible ver más de un centenar de meteoros por hora. Sin embargo, este verano presenta una particularidad: el 9 de agosto coincidirá con la luna llena, y no con una cualquiera, sino con una superluna, lo que significa que su brillo será mayor de lo habitual. La luz lunar dificultará la visión de los meteoros más débiles, aunque los bólidos más brillantes seguirán siendo visibles a simple vista. Por eso, la recomendación de los expertos es aprovechar los momentos en que la luna esté baja en el horizonte o tapada por alguna montaña para mejorar la experiencia.

La mejor estrategia para disfrutar de las Perseidas es buscar un lugar alejado de la contaminación lumínica. Cuanto más oscuro sea el entorno, mayor será el número de meteoros que se podrán observar. Lo ideal es llegar con antelación, permitir que la vista se acostumbre a la oscuridad —un proceso que tarda entre 15 y 20 minutos— y evitar el uso de dispositivos móviles o linternas, ya que la luz artificial interrumpe la adaptación ocular.

No hace falta telescopio ni prismáticos. Las Perseidas se disfrutan a simple vista, tumbado o recostado para abarcar la mayor porción de cielo posible, y mirando preferiblemente hacia el noreste, desde donde parecen surgir los destellos.

Aunque el pico de actividad se concentra en la madrugada, entre las dos y las cinco de la mañana, ya desde las diez de la noche es posible ver algunas estrellas fugaces. Por eso, muchas familias y grupos de amigos aprovechan para organizar veladas al aire libre, con mantas, sillas plegables y algo de comida, convirtiendo la observación en una experiencia social.

En España existen numerosos lugares privilegiados para ver las Perseidas: desde el Montsec, en Lleida, hasta la Sierra de Gredos, en Ávila, pasando por Sierra Nevada en Granada, el Parque Nacional de Monfragüe en Cáceres o las Islas Cíes en Galicia. Todos ellos tienen en común cielos oscuros, poca contaminación lumínica y entornos naturales que potencian la experiencia.

Pero no hace falta viajar cientos de kilómetros para disfrutar de este espectáculo. En Melilla, también es posible encontrar rincones desde los que contemplar las Perseidas con buenas condiciones. Uno de los más recomendados son los Pinares de Rostrogordo. Situados en la zona norte de la ciudad, ofrecen un entorno natural con menor iluminación que el centro urbano, y la vegetación ayuda a bloquear luces molestas. Es un lugar habitual para quienes buscan un contacto más directo con la naturaleza sin alejarse demasiado.

Otra buena opción son las zonas costeras menos iluminadas, como la Playa Nueva en Horcas Coloradas o los alrededores de Aguadú. Estos puntos combinan la tranquilidad del mar con un horizonte despejado, lo que permite tener una visión más amplia del cielo. La brisa marina y el sonido de las olas completan una atmósfera relajante que invita a pasar horas mirando hacia arriba. En cualquier caso, conviene llevar ropa de abrigo ligera, ya que las noches de agosto pueden refrescar, y algo para tumbarse cómodamente en la arena o sobre una esterilla.

El brillo de la superluna no podrá evitarse por completo, pero en Melilla, gracias a la posición y orientación de algunos de estos lugares, es posible encontrar momentos en los que la luna quede oculta tras colinas o edificios lejanos, facilitando la observación. Además, el tamaño relativamente pequeño de la ciudad hace que no sea necesario recorrer largas distancias para dejar atrás la contaminación lumínica.

La lluvia de estrellas de las Perseidas no es solo un fenómeno astronómico: es una experiencia cultural, social y emocional. Para muchos, es una tradición familiar; para otros, una excusa para pasar una noche al aire libre; y para algunos, un momento íntimo en el que pedir un deseo o reflexionar bajo el cielo estrellado. Sea cual sea el motivo, cada agosto millones de personas en todo el mundo levantan la vista para contemplar el mismo espectáculo, conectando, aunque sea por unos segundos, con un fenómeno que lleva repitiéndose desde antes de que existiera la humanidad.

Este 2025, la cita está marcada en el calendario. Aunque la luna ponga a prueba la paciencia de los observadores, la recompensa de ver un meteorito cruzando el cielo seguirá siendo igual de emocionante. Desde los grandes miradores naturales de la península hasta los rincones costeros de Melilla, el consejo es el mismo: buscar la oscuridad, relajarse y dejar que el cielo haga el resto. Porque, al final, las Perseidas son mucho más que una lluvia de estrellas. Son un recordatorio luminoso de que, en la inmensidad del universo, siempre hay belleza esperando a ser descubierta.

Luna del Esturión

En la noche del 9 de agosto, el cielo ofrecerá un espectáculo capaz de eclipsar incluso las estrellas fugaces: la Luna del Esturión, una de las lunas llenas más imponentes del año y, en esta ocasión, convertida en superluna. Será un momento en el que la Luna se situará en el perigeo, el punto más cercano a la Tierra en su órbita, y por ello se mostrará hasta un 14 % más grande y mucho más brillante de lo habitual. Su luz plateada bañará paisajes y mares, y el horizonte nocturno parecerá una pintura en movimiento.

El nombre “Luna del Esturión” nos llega desde las tribus nativas americanas que habitaban la región de los Grandes Lagos. En pleno verano, estas comunidades encontraban en esas fechas abundancia de esturiones, peces de gran tamaño y valor, que servían como alimento clave para sobrevivir a la llegada del otoño. Así, cada agosto, la gran luna llena marcaba un tiempo de prosperidad y preparación para el cambio de estación.

Más allá de su valor cultural, la Luna del Esturión es también un momento simbólico para muchas personas. En la tradición espiritual, agosto representa la madurez del año: un tiempo para cerrar ciclos, dejar atrás cargas y tomar decisiones de cara al futuro. Contemplar una superluna puede convertirse en un ejercicio de introspección, un recordatorio de que todo está en constante movimiento.

Si el cielo acompaña, el 9 de agosto será una noche para recordar y para levantar la vista hacia una de las joyas más antiguas y bellas de nuestro firmamento.

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