Melilla vive este miércoles una jornada histórica. La visita de Sus Majestades Felipe VI y Doña Letizia, casi 20 años después de la protagonizada por don Juan Carlos y doña Sofía en noviembre de 2007, representa mucho más que un acontecimiento institucional. Es una oportunidad para que nuestra ciudad muestre a todo el país su identidad, su diversidad y la hospitalidad de sus ciudadanos, pero también para reafirmar el vínculo que la une a la Casa Real y al conjunto de España.
La llegada de los Reyes ha despertado ilusión y expectación a partes iguales entre los melillenses. La respuesta de la sociedad local, desde distintos ámbitos institucionales, económicos y sociales, pone de manifiesto la importancia de esta visita. Recibir a Felipe VI y Doña Letizia supone trasladar un mensaje de pertenencia y de confianza en las instituciones que representan a España.
La presencia de Sus Majestades adquiere un significado especial en una ciudad que, por su peculiar ubicación, tiene una realidad que no siempre es conocida más allá de los episodios que protagonizan la actualidad. Por ello, esta visita debe suponer una oportunidad para normalizar la presencia de Melilla y Ceuta en la agenda del Estado.
Los Reyes vienen de la ciudad hermana de Ceuta y llegan para compartir unas horas con los melillenses y conocer de cerca su realidad, pero el mensaje que deja su estancia debe prolongarse más allá de los actos oficiales.
La presencia de los Reyes transmite, además, un mensaje que va más allá de las palabras y de los actos programados. Su visita deja claro que Melilla forma parte de España, de su historia, de su presente y de su futuro. En un territorio marcado por su condición fronteriza, su diversidad cultural y sus particularidades geográficas, la presencia de la Jefatura del Estado adquiere una dimensión especial.
La jornada deja, por tanto, una imagen de encuentro entre la Casa Real y los melillenses, pero también una responsabilidad: que el significado de este acontecimiento no se agote cuando termine el recorrido oficial. El reconocimiento institucional debe traducirse en atención, compromiso y una mirada permanente hacia las necesidades y aspiraciones de la ciudad.
Melilla ha demostrado que esperaba esta visita con entusiasmo y que estaba dispuesta a vivirla como merece. Ahora queda que los melillenses salgan a las calles a vivir una jornada irrepetible y el mensaje que la acompaña: la importancia de sentirse escuchados, reconocidos y parte de un proyecto común. Una página histórica que la ciudad podrá recordar con orgullo.








