Melilla encuentra presencia en obras inéditas editadas desde el Servicio de Publicaciones

La referencia a la ciudad en la selección de los textos contribuye a prestar un servicio de conservación del patrimonio local y facilita a los autores melillenses publicar sus propias obras

Un libro proporciona un estado de desconexión que nos invita a evadirnos y sumergirnos entre palabras. Aporta un viaje a un lugar del que no sabemos nada. Un libro nos conduce a una carretera secundaria por la que afloran destinos desconocidos que, de otra forma, no podríamos ver, sentir o recrear. Un libro contribuye a ampliar conocimientos, profundizar en temáticas concretas o incentivar la imaginación mediante la descripción de lugares incógnitos y personajes curiosos que nos hacen reflexionar e, incluso, contradecirnos desde la ambigüedad, la ironía o la antagonía.

Para Teresa Cobreros, responsable del Servicio de Publicaciones de la Ciudad Autónoma de Melilla, la lectura tiene dos caminos, el del conocimiento y el de los sueños. “Muchas veces elijo el camino del conocimiento cuando tengo dudas de algún tema, (de la vida, de la historia, de la literatura), en este caso, busco datos”, sostiene la editora. “Y el otro camino, es el camino de los sueños; el que me lleva a otros mundos que yo no he vivido, que no voy a vivir, pero me puede trasladar de forma paralela a mi vida real”, narra Cobreros dejando volar por un instante su mente hacia esas historias que nos deja la palabra escrita y que alguien, un escritor o escritora de la obra, ha llegado a integrar en un texto elaborado que, ahora, se encuentra depositado en nuestras manos. “Esos dos caminos se pueden entrelazar", continúa mientras piensa en las novelas históricas, uno de sus géneros favoritos. Recuerda dos libros en especial: El rosario de Mahoma de Gerardo Muñoz Lorente y la novela de la escritora y periodista Carlota O´Neil. Dos obras escritas, cuyos hechos narrados se asientan Melilla, y que proporcionan que “de repente, históricamente, trascienda la frontera del tiempo”, sostiene en relación a la primera basada en el sitio que afectó a la ciudad a principios del siglo XVIII y que, recientemente, desde el sello editorial de la Administración local publicaron una segunda edición con motivo de la conmemoración del acontecimiento. “Te adentras en esa época, el autor te está narrando una situación que pasó hace 300 años, pero en la que tú estás reconociendo los lugares porque vives en esta ciudad”, explica con admiración. Y es que la literatura basada en hechos históricos nos permite acercarnos a lugares y acontecimientos de un tiempo vivido, pero ficcionados, dejándonos percibir espacios, encontrándonos con la historia del lugar en el que residimos u otros que exploramos. Con la novela de Carlota O´Neil, basada en la Guerra Civil, la editora reconoce que se le erizaba la piel. “Es como ver todo lo que pasó en un momento más cercano en el tiempo, en un lugar que tú visitas ahora y es una especie de museo, y se te ponen los pelos de punta”, explica Cobrero refiriéndose al Fuerte de Victoria Grande.

Por su parte, Fran Álvarez, propietario de La Librería en Melilla, reflexiona sobre la lectura en un sentido de ampliación de las posibilidades que tenemos a nuestro alcance para discurrir con nuestra cotidianidad. “Para mí nuestra vida es limitada y nuestras circunstancias son limitadas, se acotan a lo que tenemos a nuestro alcance. Sin embargo, leyendo tenemos la posibilidad de sentir, analizar y entender cosas que no nos han ocurrido”, sostiene el librero. Álvarez alude a la expresión “tan manida de ´leer es viajar´”, definiendo que el acto de abrir un libro no sólo nos permite trasladarnos en el sentido geográfico mediante una novela que se ambiente en un lugar concreto, a través de la cual podamos sumergirnos en la vida de esa ciudad. La lectura nos hace explorar fuera de la geografía. “Nos hace viajar hacia sentimientos o circunstancias que, o bien no hemos vivido todavía o no tenemos la posibilidad de vivir” relata mientras explica la experiencia personal que le aporta el libro que actualmente está leyendo y que le hace poder experimentar la pérdida paterna desde la autobiografía narrada por el autor de la obra. “Leer nos amplía nuestra forma de analizar, de abordar nuestra vida y nos da muchísimas más herramientas que una persona que no lee, porque esa persona solamente podrá tener las herramientas que ha podido conseguir a lo largo de su vida. Sin embargo, el lector tiene a su alcance un mundo muchísimo más complejo porque lee tantas historias como puede y creo que todo eso te va aportando”, explica Álvarez de forma pedagógica. En este sentido, leer “te empuja a reflexionar y no es otra cosa que ejercitar nuestra personalidad”, añade en la conversación sobre cómo a través de los personajes nos dotamos de cuestionamientos propios o preguntas que nos ayudan a interpretar las decisiones que toman durante el relato. Su pequeño comercio dedicado exclusivamente a la venta de libros lleva levantado desde diciembre del 2011. A pesar de los cambios de localización dentro de la zona centro de la ciudad, La Librería aumenta su posicionamiento mediante un espacio más amplio que permite ofrecer un mayor número de opciones a los lectores. Algo que ayuda tanto al “acierto en la selección”, dentro de la dificultad, bajo los millones de referencias de su distribuidora, como al lector que puede optar a diferentes títulos o temáticas, incrementando el valor del título escogido dentro de un mayor repertorio.

Agentes públicos como servicio editorial

Este acompañamiento inmaterial de la lectura en nuestras vidas, esta dicotomía entre el aprendizaje y la imaginación, es parte de la labor de un entramado de profesionales que hacen realidad que una obra final llegue a nuestras manos. Hablamos de los escritores y escritoras pero, también, de lectores editoriales, correctores, ilustradores, diseñadores gráficos, maquetadores, editores, gestores editoriales, promotores, distribuidores o libreros. Todo un conjunto de perfiles que intervienen en la concreción de la publicación: su creación, su estilo narrativo, su formato visual, sus detalles tipográficos, su estructura, la definición de los elementos gráficos que acompañarán al texto, la conexión con el público objetivo, la definición de la coherencia de la obra con el sello editorial, la distribución y la promoción de la misma, así como la venta final.

El sector editorial en España lo componen grandes entidades, pero, sobre todo, pequeñas y medianas empresas, así como agentes públicos. Si bien estos últimos han ido mermando su presencia a nivel nacional, Melilla cuenta con su propio Servicio de Publicaciones que adquiere una relevancia particular tanto en la difusión de artistas locales, como en la conservación del patrimonio cultural de la ciudad. El privilegiado e histórico Hospital del Rey, situado en la zona fortificada de Melilla, alberga el Archivo General de Melilla al cual acuden académicos e interesados buscando recabar datos, informes y estudios relacionados con hechos concretos relativos a la urbe o situaciones particulares de personalidades o familias entre las estanterías y cajones repletos de historia que se almacenan en su interior. Esta entidad también ejerce una actividad de divulgación cultural mediante la realización de exposiciones, congresos y actividades culturales que invitan a conocer a los melillenses sucesos concretos sacados de sus registros escritos o fotográficos, así como a disfrutar de artistas locales en proyectos veraniegos de teatro. Sin embargo, dentro de sus cometidos de difusión cultural y de servicio público, la entidad tiene un departamento para muchos desconocido; su propio sello editorial. Unas publicaciones que abordan distintos géneros y subgéneros, todos ellos relacionados con Melilla y su entorno más cercano, el norte de África y el Rif. Hablamos de ensayos, folletos informativos relativos a la ciudad, textos que recogen contribuciones culturales propias, cuentos infantiles o libros de ficción o no ficción que mantienen una esencia particular que referencia a la localidad.

Si bien, los autores nacionales han ido reduciendo la presencia en las publicaciones locales, el Servicio de Publicaciones ha recibido manuscritos u obras para reeditar de escritores de la talla de María Rosa Madariaga o Emilio Blanco Izaga. Textos con una gran difusión que “se agotaron  al poco tiempo de publicarse”, sostiene la responsable del servicio. La editorial local continúa recibiendo estos textos, “de hecho, para el año que viene tenemos varias propuestas, una de Málaga y otra de Murcia, pero siempre Melilla tiene que aparecer de alguna forma”, sostiene Cobreros, quien además comenta que la media anual actual de publicaciones que llevan a cabo, se encuentra entre los 7 u 8 títulos, aunque algunos años han llegado a publicar hasta 12 manuscritos. Unas cantidades bastante considerables dentro de las limitaciones de una pequeña editorial local cuya función principal no se centra en la competitividad con otras editoriales, sino en en la comercialización y “la difusión de obras de autores locales”.

El Servicio de Publicaciones depende directamente de la consejería de Cultura, Patrimonio Cultural y del Mayor de la Administración local, y su función va más allá de dar vida a textos escritos. “Tener esa garantía de servicio público, significa estar al servicio de los habitantes de la ciudad, prestando un servicio como editorial y, en un momento dado, como difusión del conocimiento de la ciudad en la que viven y de artistas locales que, de otra forma, no tendrían la oportunidad de publicar dada la dificultad del mundo editorial”, sostiene Teresa Cobreros. Una labor que, en ocasiones, posiciona a los autores melillenses en la órbita de otros sellos editoriales privados, propiciando su lanzamiento. “Las grandes editoriales se hacen eco de las publicaciones que tienen mucha difusión, a ellas les interesa”, explica la responsable, concretando que el Servicio de Publicaciones no tiene los derechos de la obra, que normalmente pertenecen al autor o autora, sino sobre la edición que publican. “Si luego ese mismo autor quiere sacar una segunda edición, lo puede publicar con otras editoriales a nivel nacional”, concreta Cobreros. Se trata sobre todo de casos en los que la tirada del libro “se ha agotado pronto y que -se presupone- va a tener una demanda grande”, añade resaltando lo positivo que suscita para un escritor local dar este salto hacia otros sellos nacionales.

Selección e impresión

El departamento del Servicio de Publicaciones recibe diferentes obras inéditas o ejemplares para reeditar susceptibles de publicación tanto de escritores locales como de autores nacionales, a través de sus propias instalaciones o de la consejería de Cultura. El personal del servicio de publicaciones lee los manuscritos y realiza una primera valoración en la que tienen en cuenta la redacción, los elementos gráficos que lo acompañan, el grado de vinculación con la ciudad y el interés que pueda ocasionar el texto en cuestión. Una vez realizado esto, se reúnen con la consejería de Cultura donde se presentan las propuestas y “se valora más explícitamente el interés que tenga la publicación y los mínimos literarios”, sostiene la editora. Autorizadas las propuestas en ese encuentro, el trabajo regresa al Hospital del Rey donde se reestructura el contenido y se unifican los criterios del formato (tipografía, capítulos, índice, piés de foto). Tras ello, comienza el proceso de doble corrección y se envía a imprenta, para una primera prueba de impresión y maquetación, en el caso que se haya contratado este servicio también. Se vuelve a corregir y se hace una segunda impresión cotejando las correcciones. Finalmente, se realiza la prueba definitiva y se imprime la tirada completa acordada por contrato.

En función del interés que analicen que pueda generar cada publicación, así como el dispendio en su promoción y el costo de la impresión, definen la tirada de la obra. Tanto los gastos de impresión como los reservados a la difusión de la publicación, suelen recuperarse con la venta. En este sentido, la gestión de la impresión es importante pues, tal y como recalca la editora, “ahora mismo es el mayor coste de un libro”. Por ello, la selección de la empresa encargada se saca a concurso para que todas ellas liciten en igualdad de condiciones, pero “es el presupuesto más barato el que se la lleva”, sostiene Cobreros. Una elección que ha posicionado a dos entidades de la península, Imagraf en Málaga y Gráficas Alhambra en Granada, como los principales espacios de trabajo de impresión para el Servicio de Publicaciones de Melilla.

Difusión y comercialización

El proceso promocional de las obras tiene un doble sentido: el local y el nacional-internacional. Con el paso de los años la gestión de envíos de libros se ha visto dificultada debido al aumento de los gastos derivados y los procesos burocráticos que se deben atender. Algo que afecta a la difusión a nivel nacional de los libros que llevan el sello editorial de la ciudad. No obstante, gracias a canales digitales, como las redes sociales, las publicaciones logran publicitarse fuera de la localidad. También, el Servicio de Publicaciones cuenta con la colaboración de las distribuidoras Marcial Pons, Pórtico y Puvill Libros, principalmente, las cuales llevan a cabo sus propias campañas de promoción y distribución de las obras tanto en el ámbito nacional como internacional. “Es una forma de difundir estas publicaciones locales”, sostiene Teresa Cobreros, quien además subraya que es el propio departamento editorial el que lleva a cabo, principalmente, estas tareas de promoción mediante el intercambio con entidades como “bibliotecas, archivos, agencias de cooperación” u otros organismos situados dentro y fuera del país, a los cuales “les interesa mucho los temas relacionados con nuestra ciudad”, añade.

A nivel local, tradicionalmente era el 23 de abril, el Día del Libro, la fecha que aglutinaba los actos de presentación de los manuscritos editados durante el año. Unos encuentros que se realizaban junto a los autores de las obras, locales y nacionales. Sin embargo, Cobreros explica que “en los últimos dos o tres años, esta fecha se solapa con la Feria del Libro”, celebrada en mayo, permitiendo ampliar el tiempo de estos actos y charlas relacionadas con las publicaciones que cada año toman forma de la mano de la editorial melillense. Fuera de este calendario, también se realizan presentaciones de algunas obras en actos conmemorativos o fechas señaladas que dan cabida a exponer nuevos títulos vinculados a celebraciones concretas.

De la misma forma, parte de la labor editorial de esta entidad pública se concentra en publicaciones destinadas al sector turístico. “Más que libros son folletos de amplio formato y de difusión gratuita con información de la ciudad”, resalta la responsable del servicio. Los cuales suelen incluirse en puntos de interés de Melilla para que accedan a ellos tanto habitantes como visitantes. Publicaciones como la recién reeditada de Antonio Bravo sobre el estilo modernista que inunda la urbe son especialmente interesantes para la función de difusión cultural que ejerce el Servicio de Publicaciones. Además, existen otras obras que se entregan de forma gratuita, en función de su temática, a universidades, institutos, colegios, bibliotecas y otras entidades locales, como el Archivo Militar o la Biblioteca Militar. Un catálogo de instituciones abierto a incorporar nuevos destinos para estos títulos bajo la aprobación de la consejería y con el objetivo de difusión, no de comercialización.

Aunque no existe un punto concreto de adquisición de todos los libros editados por parte del Servicio de Publicaciones, el contacto con las librerías melillenses es fructífero. “Con las librerías locales tenemos suficiente, la gente que realmente tiene interés en comprar un libro, va a la librería”, sostiene la responsable, quien explica que los ejemplares se quedan en depósito dentro del Hospital del Rey a expensas de la demanda que tengan los pequeños negocios de la ciudad. Una compenetración que el librero Fran Álvarez comparte. En su librería hay espacio para las obras de la editorial local. “Es muy habitual que, cuando el Servicio de Publicaciones lanza los nuevos libros, nos dejen en depósito algunos ejemplares”, señala Álvarez. Un contacto directo y próximo que facilita la cooperación y la vinculación entre el sector librero y el editorial. “Esa cercanía está lejos de la frialdad de una distribuidora”, concreta el librero, cuyos encargos se realizan a través de un formulario online. Una relación digital que se extrapola también a las grandes plataformas de venta online, que a pesar de las alternativas que ofrecen a los consumidores y el aumento de su uso entre los lectores a nivel nacional, siguen alejadas de la sintonía que pueda proporcionarnos la visita a una librería de proximidad. Pues estos pequeños escondites con estanterías repletas de ejemplares permiten el enlace íntimo con el producto editorial mediante el tacto, el olfato y la vista, así como el diálogo directo con el librero. Un ambiente que permite al lector o comprador inundarse del aroma a papel entintado y disfrutar con el estilo de la maquetación y la encuadernación; observar la portada con todos sus detalles, pasar las páginas del interior prestando atención a la descripción de la trama, al formato, a sus ilustraciones o a su estilo narrativo.

Patrimonio cultural

El patrimonio cultural nacional o local va más allá de la arquitectura, los monumentos o las obras de arte. La literatura, las tradiciones, los estudios, dan lugar a un espectro más amplio que salvaguardar. En este sentido, Fran Álvarez expone el ejemplo de El Quijote de Cervantes como un punto de inflexión que nos ayuda a situar la definición de este concepto en el ámbito narrativo. El librero subraya la labor “de proteger los textos de los escritores locales, cada uno en su ciudad pues, al fin y al cabo, es una forma de preservar la cultura que emana directamente de un punto geográfico”. Una labor que el Servicio de Publicaciones presta especial atención, incentivando la necesidad de configurar el patrimonio cultural de Melilla mediante la conservación de las obras editadas. “Intentamos que las publicaciones terminen convirtiéndose en patrimonio de nuestra ciudad” sostiene Teresa Cobreros. Y, aunque no todas las obras editadas tengan “esa cualidad, ni esa calidad”, se conservan como patrimonio de la localidad. Una forma de apuntalar elementos históricos, culturales o sociales que tienen cabida en la urbe y susceptibles de ser investigados o proponer recursos para épocas venideras.

Se trata de un conjunto de bienes que, además, transgreden la mera literatura y posibilitan la relación entre diferentes perfiles profesionales y áreas artísticas. Una fusión de géneros que, combinados, propician nuevas dinámicas o ayudan a complementar una obra. “Los artistas locales son escritores, pintores, poetas, cantantes, literatos, historiadores” explica Teresa Cobreros. Una obra escrita puede acompañarse de las ilustraciones de un dibujante local o de un fotógrafo. También, puede motivar otra expresión artística como un guión teatral que ejecute una promotora de la ciudad o inspirar a un cantautor melillense, generando la inclusión no sólo de ramas creativas diferentes, sino poniendo en valor la actividad de varios creadores conjugando sus aptitudes, “logrando, al final, una obra multidisciplinar”, explica la editora. Una tendencia que su departamento intenta atender prestando atención a las nuevas referencias creativas que tienen cabida en la actualidad. “Es nuestra labor y lo que se pretende dejar”, concluye Cobreros.

El Servicio de Publicaciones, aporta un legado que amplía barreras y concepciones. Una pequeña parte de las historias, los movimientos culturales y los acontecimientos que discurren a nuestro alrededor y que ponen en valor el presente, a sus creadores y a la ciudad. De la misma forma que dota a los habitantes e interesados de posibilidades para conocer, analizar o viajar a otros escenarios donde Melilla tiene cabida y reconocimiento, manteniendo la vinculación entre la lectura, la población y el imaginario local.

Datos del sector editorial en España

La lectura continúa siendo una elección entre los españoles y las españolas para llenar el tiempo de ocio y entretenimiento. Este hábito crece según recoge el informe anual de la Federación de Gremios de Editores de España relativos al año 2024. Y lo hace dentro de la sensación social o particular que podamos tener cada uno, no tan positiva e, incluso, en ocasiones catastrofista en relación a la pérdida del hábito, así como al estudio de las valoraciones que podamos recoger respecto al grado de lectura comprensiva que nos describe en cada informe de educación internacional. Sea como fuere, y contribuyendo también a paliar cierto desaliento, la muestra de casi 5.000 personas participantes en el informe del gremio de editores, sostiene que el  65.5% de la población mayor de 14 años lee en su tiempo libre, lo que supone un 10,5% más que durante el año 2009, siendo la gran mayoría lectores frecuentes -diarios o semanales-. De la misma forma, se reduce la tasa del público no lector situándose en el 34.5%, una tendencia que se mantiene a la baja en los últimos 9 años.

La población de más de 65 años continúa su tendencia al alza de lectura de libros, un 55.6% de los encuestados afirma leer un libro en su tiempo libre al menos una vez al trimestre. Entre la población de 14 a 24 años, lo hacen el 75.3% y entre los 25 y los 64 años, el 66.2%. La encuesta refleja así, que los jóvenes son el segmento poblacional que mayor tiempo libre dedican a la lectura, mientras que el grupo de tercera edad es el que más aumenta respecto a los datos de 2017, 10.6 puntos más. No obstante, entre el público no lector, son las personas entre 18 y 24 años las que menos interés tienen en ejercer este hábito, un 39% frente al 24% y 23% de los sectores poblacionales adulto y maduro, respectivamente.

Cierto es que la dinámica lectora sobrepasa los límites de un formato tradicional de papel impreso o un texto literario. La acción de leer puede referirse a soportes entintados, digitales o acústicos -audiolibros-, así como su contenido puede aludir a diferentes materias, más allá de los géneros como novelas, ensayos, cuentos, poesía o teatro, propios de la literatura. Hablamos de especialidades dentro de las humanidades, ciencias sociales, ciencias naturales, u otros contenidos técnicos que profundizan, explican o aportan información dotándonos de conocimiento en un área o temática concreta. Si nos referimos al tipo de contenido en los libros adquiridos, la literatura sigue siendo la materia preferida. Un 77.9% de los lectores de libros escogieron algún género dentro de la misma, mientras que el 12.5% mostraba que el último libro leído versaba sobre humanidades y ciencias sociales. De hecho, el 64.6% de los encuestados optaron por la literatura en su última compra, siendo la novela y el cuento los géneros literarios preferidos (58.4%) dentro del grupo. Muy por encima del ensayo (3.9%), la poesía (1.4%) o el teatro (0.4%).

El acto de leer lo llevamos a cabo no sólo mediante el libro tradicional, sino que lo ejercitamos a través de periódicos, webs, foros, revistas, redes sociales o cómics. Los datos recabados en el informe señalan que el formato papel, rústica o de bolsillo, sigue siendo el formato que más adquieren los compradores (79.6%), mientras que el 19% lo hizo en formato electrónico y el 1.4% en audiolibro. Cuando la lectura se amplía más allá de los libros, es decir, periódicos, revistas, cómics, webs y redes sociales, el 86.1% de la población utiliza los soportes digitales para leer, frente al 58% que lo hacía en el año 2012. Además, prácticamente todos los lectores digitales, el 82,2%, leen al menos una vez entre semana, siendo los contenidos predilectos aquellos que se encuentran en webs, blogs y foros (65%), redes sociales (60.9%) y periódicos digitales (55.5%). El informe recalca que este aumento de la lectura en formato digital no implica un incremento proporcional en la lectura total, sino que convive con la lectura en formato papel. En definitiva, la lectura abarca más que un estilo o formato; abarca más que un medio o canal, pero, de una u otra forma, está presente en nuestro día a día.

El sector editorial en España tiene una gran relevancia dentro de la industria cultural del país. Al igual que crece el hábito de lectura, también lo hace la facturación. Según los datos recogidos en el último informe de la Federación de Gremios de Editores de España, los ingresos del sector sobrepasaron durante el ejercicio del 2024 los 3.000 millones de euros (3.037,51), incrementándose un 6.3% respecto al año 2023. Un porcentaje que se relaciona más con el aumento de las ventas que por el incremento de los precios. Se vendieron 10.3 millones de ejemplares, un 5.6% más que el pasado ejercicio, mientras que la media del precio se situó en 14.69 euros, un 0.2% más que el año anterior. Estos datos se acercan al cómputos del año 2008, y apresuran un incremento sostenido. Del total de la facturación del año 2024, los libros editados en formato papel alcanzaron los 2.858,01 millones de euros, un 5.8% más respecto al 2023, mientras que el formato digital aumentaba un 14.9%, llegando a facturar 165.57 millones. A pesar de los diferentes formatos que tengamos a nuestro alcance, las librerías tradicionales continúan siendo los principales canales de distribución de obras. Un 69.9% de los encuestados adquirió su último libro, no de texto, mediante este servicio. Aunque las plataformas de distribución sin presencia física proponen una facilidad de accesibilidad al lector, las librerías no dejan descontentos a los que se pierden entre sus estanterías, pues son esos pequeños escondrijos donde puedes postergar el tiempo seleccionando el texto que pretendes incluir a tu bagaje cultural, a tu conocimiento o que te ayudará a resolver las dudas que en un momento te acompañan.

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