La Semana de Cine de Melilla arranca hoy y lo hace con una cifra que invita a parar un momento: 18 años. La mayoría de edad de un evento que, sin hacer ruido excesivo, se ha convertido en una de esas citas que ya forman parte del calendario emocional de la ciudad. Porque no hablamos solo de cine, hablamos de una tradición que, año tras año, ha ido llenando Melilla de historias, de conversaciones y de momentos compartidos.
Dieciocho años no se cumplen por casualidad. Detrás hay trabajo, constancia y una idea clara: acercar el cine a la gente y hacer de la cultura algo vivo, cercano. Y lo cierto es que lo han conseguido. Durante estos días, Melilla cambia un poco de ritmo. Las salas se llenan, las calles comentan películas y el ambiente se contagia de ese punto especial que solo tienen los festivales.
Esta nueva edición llega, además, con una programación que no se queda solo en las proyecciones. Las mesas redondas vuelven a tener su espacio, y eso siempre es una buena noticia. Porque el cine también se piensa, se debate, se discute. Y ahí es donde la Semana de Cine da un paso más, convirtiéndose en un punto de encuentro entre profesionales, público y curiosos. También podremos contar con cinefórums y show de comedias.
A eso se suman los premios, que ya son parte de la identidad del evento. El Premio José Sacristán, el Ciudad de Melilla, Premio Falda Tul Roja en el que ya cuenta con seis ediciones y el Premio Internacional —que este año recae en Alberto Ammann— no son solo reconocimientos, son también una forma de conectar la ciudad con nombres importantes del panorama cinematográfico. Una manera de decir: aquí también pasan cosas.
Llegar a los 18 significa crecer, pero también consolidarse. La Semana de Cine ya no es una promesa, es una realidad. Ha demostrado que tiene sitio, que interesa y que aporta. Y eso, en una ciudad como Melilla, tiene un valor especial.
Ahora toca seguir. Mantener lo que funciona, mejorar lo que se pueda y no perder nunca ese espíritu cercano que la ha hecho crecer. Porque si algo ha definido siempre a esta cita es su capacidad para hacer del cine algo accesible, algo de todos.
Hoy empieza una nueva edición. Y, como cada año, Melilla vuelve a llenarse de películas. Pero, sobre todo, vuelve a llenarse de vida.