La portavoz del Gobierno de Melilla, Fadela Mohatar, ha lanzado una dura crítica al Ejecutivo central al denunciar que la ciudad autónoma está siendo “abandonada” por España frente a la creciente presión económica que ejerce Marruecos con la construcción del nuevo megapuerto de Nador. En declaraciones a El Independiente, Mohatar acusa al Estado de no tener una estrategia clara ni voluntad política para proteger los intereses de Melilla frente a un proyecto que considera concebido para competir directamente con el puerto melillense.
El nuevo puerto de Nador West Med, cuyas obras avanzan a gran ritmo, está llamado a convertirse en una de las principales plataformas logísticas del norte de África. Con capacidad para operar grandes volúmenes de contenedores y atraer tráfico marítimo internacional, representa una amenaza directa para la actividad portuaria de Melilla, que desde hace años viene perdiendo competitividad. “Nos están dejando solos frente a un país que actúa con planificación y visión de futuro”, advirtió Mohatar, quien insiste en que España no puede seguir mirando hacia otro lado.
La dirigente melillense subraya que el Gobierno local lleva años alertando sobre las consecuencias del desarrollo portuario marroquí, sin obtener respuesta del Estado. “No hay ni estrategia ni acciones concretas. Melilla está desprotegida ante un proceso que puede marginarla del mapa logístico del Mediterráneo”, señaló. En su opinión, la inacción estatal está facilitando una pérdida progresiva de relevancia económica que podría tener efectos duraderos en el empleo, la inversión y la cohesión social de la ciudad.
El puerto de Melilla, históricamente clave para el abastecimiento de la ciudad y para su conexión con la Península, se encuentra en una posición vulnerable. La pérdida de tráfico comercial y la incertidumbre generada por los cambios en las relaciones hispano-marroquíes han provocado una creciente preocupación entre los sectores económicos locales. El cierre unilateral de la aduana comercial por parte de Marruecos en 2018, aún sin revertirse, ya supuso un golpe importante para el comercio transfronterizo, y ahora el desarrollo del megapuerto amenaza con consolidar ese aislamiento.
El proyecto marroquí no es casual ni improvisado. Como destaca también El Faro de Melilla, forma parte de una política de Estado orientada a fortalecer la red logística del país vecino, atraer inversiones internacionales y desplazar progresivamente a los enclaves españoles del protagonismo regional. La ubicación estratégica del nuevo puerto, muy próxima a Melilla, refuerza la percepción de que se trata de una infraestructura pensada para desviar tráfico marítimo que antes recalaba en la ciudad autónoma.
Actitud pasiva
Mohatar lamenta que mientras Rabat impulsa su desarrollo portuario con decisión, el Gobierno español mantiene una actitud pasiva y sin ambición. “Nos enfrentamos a un cambio de modelo que puede dejar fuera a Melilla y el Estado ni siquiera articula una respuesta”, advirtió. A su juicio, la ciudad necesita con urgencia inversiones estructurales, mejoras logísticas, incentivos fiscales y una apuesta decidida para mantener su competitividad. “No pedimos trato de favor, exigimos una política de Estado coherente con nuestra condición de frontera sur de Europa”, recalcó.
Desde el Ejecutivo local también se alerta del impacto indirecto que esta situación puede tener en otros sectores estratégicos. La pérdida de tráfico portuario afecta al transporte, al comercio minorista, a la hostelería y a la actividad empresarial en general. “Si el puerto decae, arrastra consigo buena parte del tejido económico de Melilla”, advierten fuentes del entorno institucional, que subrayan la necesidad de anticiparse a los cambios para evitar un declive estructural.
No a las promesas
La construcción del megapuerto de Nador se suma a otras iniciativas marroquíes que apuntan en la misma dirección: la creación de zonas francas, parques industriales, redes ferroviarias y logísticas que refuerzan el corredor comercial del norte del país. En ese escenario, Melilla corre el riesgo de quedar descolgada, sin capacidad de competir si no cuenta con respaldo firme del Gobierno central. “No podemos competir solos contra un Estado entero que invierte y planifica. Necesitamos apoyo real, no promesas”, afirmó Mohatar.
También preocupa el mensaje político que transmite la pasividad del Ejecutivo español. Para muchos melillenses, la falta de implicación se interpreta como un síntoma de desconexión institucional y de falta de compromiso con la defensa de los territorios extrapeninsulares. “No se trata solo de puertos o mercancías, se trata de soberanía, de presencia, de igualdad territorial. Y ahora mismo nos sentimos solos”, sentenció la portavoz.
A nivel social, la sensación de abandono también cala. Colectivos empresariales y ciudadanos comparten la inquietud por el rumbo que están tomando los acontecimientos. La ciudad, que ya sufrió un duro golpe con el cierre de la frontera comercial, ve ahora cómo la competencia del megapuerto marroquí podría suponer un segundo mazazo. A ello se suma la dificultad para atraer nuevas inversiones en un contexto de incertidumbre geopolítica y ausencia de respaldo estatal visible.
El Gobierno local exige al Estado que actúe con urgencia. Las propuestas incluyen desde la modernización del puerto, la mejora de conexiones marítimas con la Península, hasta medidas específicas para incentivar el tráfico de mercancías y atraer empresas logísticas. Pero más allá de las medidas concretas, lo que se demanda es un cambio de enfoque: que se entienda la importancia estratégica de Melilla y se actúe en consecuencia.
Mohatar insiste en que la situación actual requiere una política nacional de protección y promoción de los intereses de las ciudades autónomas. “Marruecos está moviendo ficha con visión de futuro. Si España no responde, no es porque no pueda, sino porque no quiere”, concluyó con contundencia.








