El Teatro Kursaal acogió durante la noche de ayer y la de hoy el espectáculo ‘De Sur a Son. Pasando por Triana’, una propuesta artística de María Mendoza que reunió música en directo, interpretación teatral, cante flamenco y danza para narrar la historia de Catalina, una mujer marcada por sus sueños, sus renuncias y los esfuerzos realizados para sacar adelante a sus hijos. El público respondió a la cita y disfrutó de una representación en la que la voz de la artista y el trabajo del amplio elenco se combinaron para dar forma a una historia cargada de emociones.
La propuesta convirtió el escenario en un espacio en el que las canciones, los diálogos y las coreografías fueron construyendo el relato. A lo largo de la representación, los asistentes pudieron recorrer diferentes momentos de la vida de Catalina a través de una combinación de estilos musicales y recursos escénicos que permitió trasladar la historia más allá de las palabras. La música en directo, el baile y la interpretación se sucedieron para acompañar una narración que puso el foco en los sacrificios familiares y en los sueños que, en ocasiones, quedan relegados para atender las necesidades de los seres queridos.
Uno de los aspectos destacados del montaje fue precisamente la variedad de lenguajes artísticos que confluyeron sobre las tablas. El flamenco convivió con los ritmos latinos, mientras que la interpretación teatral dio paso a momentos en los que el movimiento y las coreografías asumieron el protagonismo. Cada canción contribuyó a desarrollar una parte de la historia y, en determinados pasajes, los gestos y la danza permitieron transmitir lo que sucedía sin necesidad de recurrir a las palabras.
Una historia sobre los sacrificios familiares
La historia de Catalina sirvió como hilo conductor de un espectáculo que quiso rendir homenaje a quienes han dejado atrás parte de sus aspiraciones personales para sacar adelante a sus familias. María Mendoza explicó que, aunque podía encontrar algunos puntos en común con el personaje, ambas pertenecían a épocas diferentes.
"Da igual el tiempo que pase, hay cosas que no cambian", reflexionó la artista en una entrevista con este periódico al referirse a la capacidad de la historia para conectar con el público actual. La figura de Catalina, según planteó, podía interpelar a cualquier mujer, independientemente de su situación o del momento histórico en el que viviera.
Mendoza quiso dedicar también la propuesta a todas las madres y padres que habían renunciado a sueños, planes o partes de su propia vida por sus hijos. "A todas esas madres y padres, aunque en este caso yo soy una mujer", señaló al explicar el sentido de una historia que abordó las dificultades y decisiones que acompañan a la vida familiar.
El espectáculo no se limitó a presentar una sucesión de canciones, sino que buscó dar un sentido narrativo a cada una de ellas. "Me gusta últimamente darle un porqué a todo, no hacer simplemente un concierto", afirmó Mendoza al explicar su intención de aprovechar las posibilidades del teatro para unir música, movimiento e interpretación en una misma propuesta.
Música, interpretación y danza sobre el escenario
La construcción del montaje partió del interés de la artista por determinadas canciones y por el significado de sus letras. La atención a lo que cuentan las composiciones se convirtió en uno de los puntos de partida para desarrollar la historia de Catalina. Mendoza trasladó así al espectáculo una forma de entender la música en la que la interpretación debía ir más allá de la ejecución vocal.
La artista, que también trabaja con alumnos, defendió la importancia de comprender el contenido de cada canción para transmitirlo al público. "Estás cantándola muy bien, pero no me la estás contando, no me llega", les dice cuando considera que falta esa conexión con la letra.
Ese planteamiento llevó a Mendoza a profundizar en las canciones, en sus referencias poéticas y en determinados textos vinculados a la obra de Federico García Lorca. A partir de ese trabajo, las piezas fueron encontrando su lugar dentro de una narración que se construyó progresivamente. "Al principio no sabía cómo lo iba a llevar a cabo. Luego vas uniendo todo y va saliendo poco a poco", explicó sobre un proceso creativo que también exigió seleccionar canciones y dejar fuera otras para ajustar la duración del espectáculo.
El resultado permitió a la artista mostrar distintas facetas sobre el escenario. Además de cantar, Mendoza interpretó y bailó, al tiempo que se enfrentó a palos del flamenco. La preparación requirió semanas de trabajo y estudio para integrar todas esas disciplinas en una misma representación.
Un amplio equipo artístico
La puesta en escena contó con un numeroso equipo de artistas que contribuyó a dar forma a la historia. Bajo la dirección interpretativa de Alejandra Acedo, el elenco estuvo integrado por María Mendoza, Gonzalo Carmona, Maribel Rabaneda y Pilar Escobar. También participó Triana Romero Mendoza, hija de la artista y una de las figuras vinculadas al título del espectáculo.
La música en directo corrió a cargo de Antonio "El Niño Amaya", Ginés Moreno, Javier Romero, Rafa Teruel, José Ángel Rayo, Jesús Núñez y Sergi Sirvent, bajo la dirección de Riduan Moh. Los coros estuvieron formados por Paula Polli, Lorena Polli y Noe Tapia, mientras que Daniela Ponce, Paula López, Loli Zapata y Raquel Fortes integraron el cuerpo de baile.
La dirección coreográfica correspondió a Noe Mata y Gonzalo Carmona, con la participación de Mabel Romero como artista invitada. La producción estuvo a cargo de Carlos Cruiselles.
La implicación de todo el equipo resultó fundamental para un montaje en el que los artistas alternaron diferentes funciones, desde la interpretación y el cante hasta los coros, las palmas y las coreografías. La propuesta reunió así distintas disciplinas en una representación que encontró en la combinación de música, teatro y danza su principal característica.
Semanas de preparación para llegar al Kursaal
El estreno estuvo precedido por semanas de ensayos intensivos, durante los que el equipo trabajó prácticamente a diario para coordinar los distintos elementos de la puesta en escena. Tras un ensayo general celebrado el domingo, los artistas comenzaron la adaptación del montaje al escenario del Teatro Kursaal.
El trabajo permitió trasladar al espacio teatral una propuesta que necesitaba coordinar a numerosos intérpretes, músicos y bailarines, además de integrar los cambios entre las distintas partes de la historia.
Con sus dos representaciones, ‘De Sur a Son. Pasando por Triana’ ofreció al público una experiencia escénica que fue más allá del concierto tradicional. La voz de María Mendoza, el acompañamiento de la banda y las coreografías dieron forma a una historia sobre los sueños, las renuncias y los vínculos familiares, con la intención de que cada canción contribuyera a comprender la vida de Catalina y las decisiones que marcaron su trayectoria.







