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Manuel Ortega (poeta): "Cada cuadro puede llevarte a un sentimiento diferente"

El escritor y docente de la Universidad de Granada acompaña con 25 poemas las 25 obras de su hermana Toñi Ortega en 'Los Sentidos', un diálogo entre pintura, emociones y palabras

por Alejandra Gutiérrez
23/08/2026 11:53 CEST
Manuel Ortega (poeta): "Cada cuadro puede llevarte a un sentimiento diferente"

Manuel Ortega, poeta y docente. -Cedida por Ortega-


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Manuel Ortega habla de sus hermanos como una parte de sí mismo, su andadura, su desarrollo vital. Toñi, Iván y él han vivido prácticamente toda la vida juntos, con alguna separación puntual por estudios y otras circunstancias, pero manteniendo una conexión muy cercana, casi cotidiana. "Solemos hablar el mismo idioma", relata, aunque inmediatamente matiza que cada uno lo expresa de una forma diferente. Iván pinta de una manera, Toñi de otra y él se echó "para adelante con las letras". Tres hermanos, tres lenguajes y una misma raíz cultural que comenzó a crecer desde pequeños, en casa, con unos padres pendientes de esa dimensión y también en el colegio, donde los profesores fueron guiándolos en distintas formas de expresarse, ya fuera desde lo plástico o desde la palabra escrita.

Ese recorrido explica, en buena medida, cómo conviven hoy en Manuel Ortega el docente, el investigador, el hombre vinculado a la cultura de la paz y el poeta. Doctor en Psicopedagogía y vinculado profesionalmente a la Universidad de Granada, ha desarrollado buena parte de su trayectoria alrededor de la educación, la investigación y la cultura. Durante aproximadamente  veinte años ha mantenido también una relación estrecha con UNESCO junto a su compañero Juan Antonio Vera, presidente de la organización. Ese "círculo" que ha ido creando durante su trayectoria se encuentran en la forma que tiene Ortega de "expresar, de alguna manera, los valores de la ciudad o personales", explica. En ese círculo, la poesía ocupa un lugar distinto al de los textos científicos, los artículos o los capítulos de libros, pero conectado con la misma necesidad de comprender y expresar.

Su regreso a la escritura poética, de una manera más formal, se produjo a finales de 2008 y comienzos de 2009. Hasta entonces, como él mismo recuerda, la escritura había estado presente, aunque vinculada también a otros registros. La respuesta que recibió ante aquella primera obra le animó a continuar y la participación posterior en un certamen de la ciudad, uno de los concursos en castellano que considera más interesantes a nivel internacional, terminó de darle el impulso necesario. Desde entonces, ha ido construyendo una obra en la que la poesía funciona como una forma de volcar lo que siente y, también, de expresar cómo le interpela la propia vida.

Manuel recuerda una conversación con Jorge Bucay en Nerja que le ayudó a poner palabras a esa relación con la poesía. Bucay lo llamó poeta y él respondió con cautela: "Poeta no lo sé; yo escribo e intento hacer versos". El escritor argentino le habló entonces de la capacidad de los poetas para condensar una idea en dos o tres versos, frente al espacio mucho mayor que necesita la narrativa. Manuel no lo entiende exactamente como una cuestión de facilidad, sino como una forma diferente de expresar aquello que cada uno lleva dentro. Hay quien necesita un libro y quien encuentra en unos versos el espacio suficiente para poner palabras a lo que siente.

En su caso, esa necesidad de expresión pasa muchas veces por los sentimientos. La escritura no tiene por qué ser autobiográfica, sostiene Ortega, pero sí nace de una mirada personal, de una experiencia, de una situación o de aquello que, en un momento determinado, despierta una emoción. Escribir se convierte así en una forma de hacer visible lo que uno está sintiendo, de sacar afuera aquello que permanece dentro y darle una forma propia. A veces el punto de partida está en lo vivido o en lo observado; otras, en una imagen ajena que, de pronto, provoca una sensación y abre el camino hacia el poema.

Eso es exactamente lo que ha ocurrido con la obra de Toñi Ortega y con los poemas que acompañan su exposición Los Sentidos. Para Manuel, el proceso comienza mucho antes de escribir una sola palabra. Necesita mirar. Cuando su hermana estaba terminando las obras, se las iba enviando y él las observaba. "Yo no puedo acompañar y crear ningún poema si no veo primero la obra", describe. Cada cuadro debía producirle una impresión antes de que apareciera el verso. A partir de ahí intentaba unir lo que la obra le sugería con aquello que él sentía al contemplarla y con lo que intuía que su hermana quería reflejar.

Un cuadro puede provocar interpretaciones diferentes; puede apelar a emociones distintas. Puede existir un sentimiento común, un núcleo compartido, pero la mirada cambia de un espectador a otro. Tres personas pueden mirar la misma obra y encontrar tres puntos de vista diferentes. En esta ocasión, además, Manuel llegaba a los cuadros con una ventaja que también era una responsabilidad: conocía profundamente a quien los había pintado. La relación entre los tres hermanos ha permitido compartir experiencias, momentos agradables y otros no tanto, conversaciones y formas de mirar que se han ido acumulando con el paso de los años. "Nos conocemos en ese aspecto mucho", describe.

Esa cercanía le permitió reconocer en algunas de las obras aquello que pensaba que Toñi quería transmitir, aunque su intención no era limitarse a traducir las ideas de su hermana en palabras. Antes de escribir, necesitaba dejar que cada cuadro pasara por su propia mirada, detenerse en lo que le provocaba y quedarse con aquella impresión que permanecía después de contemplarlo. De esa primera percepción nacían los versos, en un proceso en el que se cruzaban lo que la obra despertaba en él y aquello que intuía que Toñi había querido reflejar. Esa mezcla de miradas, entre lo que el cuadro sugiere y lo que permanece en quien lo contempla, es la que ha tratado de trasladar a los poemas que acompañan la exposición.

La colaboración entre ambos tiene además un precedente. En 2019 ya habían trabajado juntos en una exposición celebrada en Alhucemas, Marruecos, en el Centro Español. Aquella experiencia le gustó especialmente porque descubrió que un cuadro podía llevar a otras formas de observarlo, a otras imágenes e incluso a pequeños vídeos realizados por ellos. La pintura dejaba de ser una expresión personal para convertirse en un punto de partida para crear en colectivo. Ahora, en Los Sentidos, ese diálogo vuelve a producirse desde una relación todavía más cercana y con un proyecto compuesto finalmente por 25 obras y 25 poemas.

Manuel reconoce que hay un territorio al que regresa con especial frecuencia: el amor. Es el sentimiento que más cerca está de su poesía. No tanto la poesía social o la poesía doméstica, sino una escritura centrada en los sentimientos y en las diferentes maneras que tiene el amor de manifestarse. Puede ser el amor de pareja, pero también el amor filial o familiar. "El amor lo mueve todo", afirma. Y no habla únicamente de un sentimiento romántico, sino de "querer sin esperar nada a cambio".

Esa concepción del amor está también relacionada con su manera de entender la creación. Para Manuel, hacer algo con amor, con un sentimiento positivo y alegre, transforma incluso el proceso de hacerlo. El momento de imaginar qué se puede plasmar, de buscar cómo hacerlo y de darle forma puede resultar más placentero que contemplar después el resultado terminado. Lo importante está también en ese recorrido. Y quizá por eso le interesa una poesía que pueda ser releída tiempo después y que devuelva a quien la escribió —o a quien la lee— a un sentimiento bonito, a una época, a una emoción que parecía guardada.

La nostalgia y la tristeza, precisamente, han formado parte de su aprendizaje como escritor. Reconoce que resulta más fácil producir verso cuando las cosas no van bien, cuando aparece un momento de nostalgia o cuando uno no se encuentra en un estado óptimo de alegría. Es entonces cuando, de alguna manera, "afloran los sentimientos más potentes". Pero llegó un momento en su trayectoria en que decidió que no quería quedarse ahí. "Desde el cuarto o el quinto libro dije que yo no quería hacer libros tristes", recuerda. Se convirtió casi en un objetivo para los siguientes trabajos. Los dos últimos, considera, han seguido ese camino hacia una escritura "un poquito más alegre, más feliz y más creativa".

También ha cambiado su manera de reconocerse en lo que escribe. El primer libro fue"un vuelco terapéutico": emociones "a mansalva", muy duras y muy potentes, que salían al papel de una manera más inmediata. Con el paso de los libros ha ido descubriendo hacia dónde quiere escribir y cómo quiere hacerlo. No considera que sus poemas sean ahora necesariamente más elaborados, porque cada uno tiene "su propio esqueleto, su propia estructura", pero sí siente que existe una mayor conciencia de la voz que quiere construir. Su propia voz.

La experiencia le ha permitido distinguir cuándo un verso lleva su sello. Al principio escribía, soltaba lo que tenía dentro y el texto quedaba quizá "menos depurado", "más en bruto". Ahora, cuando termina un poema, sabe mejor si se ve representado en él. "Esto es mío", piensa. Esa sensación no significa que la composición poética sea autobiográfica, sino que reconoce en ella una forma propia de expresar. El tiempo, dice, "te acuña" y te lleva hacia determinadas temáticas y determinadas formas de escribir. Poco a poco, la escritura se convierte en un producto personal, en algo que contiene una mirada que el autor reconoce como suya.

Incluso aparecen las pequeñas marcas de esa identidad. Cuando lee varios poemas seguidos, Manuel se descubre repitiendo determinadas metáforas o determinadas palabras. Son términos que significan mucho para él y que terminan formando parte de su manera de escribir. Son parte de su pluma, de su relación con la creación construida en base a palabras, ritmos, estructuras. Son esos detalles que se aprecian cuando el escritor aprende a mirarse también a sí mismo desde fuera.

Para Los Sentidos, esa mirada se ha encontrado con la de Toñi. Manuel ha querido mantener el carácter alegre de buena parte de los poemas, alejándose deliberadamente de una poesía dura o cargada de tristeza. Alrededor del noventa por ciento de los textos, explica, tienen ese carácter. La elección no es menor, porque también supone enfrentarse a una idea muy extendida de la poesía como territorio de nostalgia, crudeza o melancolía. Él ha querido buscar otra posibilidad: la poesía como lugar para la luz.

Uno de los textos que acompañan la exposición condensa precisamente esa mirada: "Porque los ojos, cuando callan, no olvidan. / Solo protegen, / como quien cubre una llama con las manos, / el pequeño fulgor de aquello que todavía nos ilumina por dentro". El cuadro provoca la mirada; la mirada guarda; y aquello que permanece dentro encuentra después una forma de salir en palabras. Entre la obra plástica y el poema se produce así una conversación que no pretende explicar una imagen, sino prolongarla.

Son 25 obras y 25 poemas. Toñi Ortega terminó acelerando los versos de su hermano para que escribiera para todas las piezas y Manuel lo cuenta con humor: "Me ha encantado que me haya apretado porque así me he puesto las pilas". Algunas obras antiguas de la artista se incorporaron finalmente a la exposición porque los hermanos consideraban que había piezas que merecían estar allí. Una de ellas, cuenta, fue precisamente la primera que se vendió. El proyecto terminó creciendo hasta reunir una correspondencia completa entre pintura y poesía.

Y ahí vuelven a encontrarse los tres hermanos, aunque cada uno siga hablando desde su propio lenguaje. En Los Sentidos, Manuel no intenta decir con palabras lo que Toñi ya ha dicho con pintura. Mira sus obras, deja que le evoquen algo y busca después el verso capaz de acompañar esa impresión. Como si entre los dos lenguajes quedara suspendido aquello que un cuadro puede despertar y que, a veces, solo necesita unas pocas palabras para seguir iluminando por dentro.

Tags: Los SentidosManuel Ortega

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