Pasaban pocos minutos de la una de la tarde cuando, entre aplausos y móviles grabando, Alberto Núñez Feijóo y Juan José Imbroda cruzaron juntos la puerta del salón principal del Hotel Melilla Puerto. Todo el público se puso en pie. No era un acto cualquiera: horas antes se había reunido en la ciudad el Comité de Dirección Nacional del Partido Popular, y la presencia de la cúpula nacional arropando al presidente de la Ciudad Autónoma lanzaba un mensaje inequívoco hacia dentro y hacia fuera del partido.
En las primeras filas frente a Imbroda y a Alberto Núñez Feijóo se sentaban la secretaria general del PP y portavoz en el Congreso, Cuca Gamarra; la vicesecretaria de Sanidad y Política Social, Carmen Fúnez; el vicesecretario de Política Autonómica y Municipal, Elías Bendodo; el vicesecretario de Institucional y eurodiputado, Esteban González Pons; el vicesecretario de Economía, Juan Bravo; y la vicesecretaria de Sanidad y Educación, Ester Muñoz, entre otros dirigentes. La fotografía de familia no dejaba lugar a dudas: Melilla, al menos por un día, estaba en el centro de la agenda popular.
Pero más allá de las intervenciones desde el atril, el clima del acto se medía en la puerta de entrada, en los corrillos antes y después de los discursos, en lo que comentaban los militantes que llenaban la sala. Sus opiniones dibujan un cuadro nítido: un respaldo amplio a Feijóo y a Imbroda, pero también una lista de peticiones muy concretas sobre lo que esperan del PP para Melilla.
Un liderazgo que ilusiona
Entre quienes acudieron al hotel había, sobre todo, ganas de escuchar y de creer. Esther Azancot, militante veterana, lo resumía antes de que empezara el acto: espera que Feijóo “devuelva a la ciudadanía de Melilla la ilusión que necesita” y que, más allá de las críticas al Gobierno central, detalle “cuáles son sus proyectos” para la ciudad. “Sé que los tiene –afirma–. Sé que Melilla está dentro de todas sus prioridades y lo demuestra que hoy esté aquí toda la cúpula nacional del PP”.
En su visión, la visita tiene una lectura inequívoca: “Melilla es una prioridad para el Partido Popular a nivel nacional”. Y se declara convencida de que, si finalmente llega a la presidencia del Gobierno, “en Melilla dará un cambio impresionante”.
Ese entusiasmo se repite en otros asistentes. José Antonio no duda en darle nota al líder nacional: “De 10, lo veo de 10”, asegura, convencido de que “lo que opina la gente está totalmente equivocado” y que Feijóo está siendo juzgado con más dureza de la que merece. Para él, representa la opción de orden frente al actual clima político.
Hay, sin embargo, voces que introducen matices sin dejar de apoyar. Un militante que prefiere mantenerse en un discreto segundo plano considera que Feijóo es “un buen líder”, pero le gustaría verle con “un poquitín de más empuje”. “Algo entre su situación actual y la de Ayuso”, comenta, aludiendo a la presidenta madrileña como ejemplo de fuerza política. Aun así, recalca que es “el único que tenemos” y valora su papel como dirigente moderado, capaz de “unir a todos los sectores del PP”.
Para María de los Ángeles, en cambio, no hay dudas: “Es un hombre que vale, que vale para eso”, dice, convencida de que Feijóo es el perfil adecuado para encabezar el partido. María Jesús coincide en el fondo: “A mí me gusta”, admite, aunque confiesa que en algunos momentos le gustaría que fuera “más fuerte”. La idea de que el líder nacional debe combinar moderación con más contundencia aparece así como un hilo fino pero presente en la base militante.
Imbroda, motor del cambio en la ciudad
Si en el plano nacional hay matices, en el local el respaldo es prácticamente unánime. El Gobierno de Imbroda aparece en los discursos de la militancia como sinónimo de trabajo, estabilidad y cercanía.
Esther Azancot lo define con una imagen muy gráfica: “El gobierno de Imbroda va como una moto”. Para ella, el Ejecutivo de la Ciudad Autónoma “va trabajando, haciendo muchos proyectos, consiguiendo muchas cosas y luchando mucho”, pese a que “no se encontró con la infraestructura necesaria”. Ese esfuerzo, sostiene, se traduce ya en resultados visibles.
José Antonio va más allá y no necesita matices: “Perfecto. Lo veo perfecto”, responde cuando se le pregunta cómo valora al presidente melillense. María de los Ángeles habla de él en términos de ejemplaridad: “Eso ya es fantástico”, dice sobre su gestión. Destaca especialmente su forma de tratar a la ciudadanía: “Atiende muy bien al pueblo al que le hemos votado y al que no, a todo el mundo”. Lo define como “una persona muy humana”, una cualidad que, en política local, suelen valorar especialmente los vecinos.
María Jesús también aprueba sin reservas: “Muy bien. Por supuesto”, responde al valorar al Gobierno de Imbroda. Solo el militante que no reside habitualmente en Melilla evita pronunciarse en detalle. Admite que le han comentado que “hay un montón de problemas que no terminan de solucionarse”, pero prefiere no entrar a fondo y se limita a expresar su deseo de que “se solucionen pronto”.
Lo que piden: visibilidad, empleo y orden en las ayudas
Si algo tienen claro los militantes que acudieron al acto es que Melilla no puede quedar al margen de la agenda nacional. La palabra “visibilidad” se repite en las conversaciones. “Espero de todo, de todo bueno para Melilla. A ver si nos hace visibles”, sostiene María Jesús, que reconoce que en los últimos meses sí se ha notado una mayor atención: “No es la primera vez que viene; hace unos meses vino también”.
Junto a esa visibilidad política, aparecen las preocupaciones materiales. José Antonio pone sobre la mesa dos asuntos que considera básicos: la regulación de la migración “de una manera positiva para todos los melillenses” y el empleo. “El tema de trabajo es fundamental”, insiste, ligándolo a la necesidad de que la ciudad recupere dinamismo económico.
Donde se muestra especialmente crítico es en el terreno de las ayudas públicas. Considera prioritario “controlar las ayudas sociales”, porque percibe “un despilfarro muy grande” y la sensación de que “no se ayuda a los que realmente lo necesitan”. El militante que opta por el anonimato coincide en las líneas maestras: inmigración, ayudas sociales y políticas de vivienda le parecen “los principales problemas que hay en Melilla y en España” y los puntos sobre los que espera respuestas concretas.
En el trasfondo de muchas opiniones late también la preocupación por la sanidad y la educación: la situación del hospital, las listas de espera, la falta de profesionales, el abandono escolar o la necesidad de reforzar la oferta universitaria aparecen de forma recurrente en las conversaciones, aunque no siempre se formulen de manera tan estructurada como en los discursos oficiales.
Un partido movilizado
Al terminar el acto, mientras algunos se acercan a hacerse fotos y otros comentan los titulares del discurso, queda la sensación de un PP movilizado en torno a dos figuras: la de Feijóo como presidente nacional y la de Imbroda como garante de estabilidad local. La presencia del Comité de Dirección Nacional en Melilla ha servido para reforzar ese vínculo y para mandar el mensaje de que la ciudad no está, al menos para los populares, en la periferia del mapa político.
La militancia melillense respalda, arropa y aplaude, pero también toma nota. Pide visibilidad, empleo, control en las ayudas sociales, respuestas en inmigración y soluciones en sanidad y educación. En definitiva, reclama que el discurso se traduzca en hechos. Y deja claro que quiere formar parte de la España que Feijóo dice querer construir.








