Queridísimos:
Vamos a ver si dentro de mi natural torpeza consigo explicarme, para que mis sufridos lectores y los desaplicados alumnos me entiendan.
Veréis; cuando encabezo el marbete de mi articulito de hoy no me refiero a lo que queda de mes, ni siquiera a lo que queda de año. De diciembre, cada vez queda menos para que acabe y de año para que decir....
Cuando digo lo que queda, me estoy refiriendo a aquel refinamiento a punto de ser perdido, de la ciudad amada.
A punto estamos de perder unas de las señas de identidad que configuraba la vértebra exacta de esta tierra noble, hospitalaria, mesurada y exquisita. Lo que queda, si no nos damos prisa y no hay una reacción pronta, se perderá. A pique de un repique estamos.
Que nadie se eche luego las manos a la cabeza si, entre todos no reaccionamos para evitar convertir el gran predio de la antigua Rusadir, en un lugar incómodo, zafio, desconsiderado y con poco respeto a las leyes.
Lo siento, pero esto hay que decirlo por mucho que moleste a los "guardadores de las esencias "de un trasnochado melillismo"; los mismos que te saludan por la espalda con palmaditas sin darte tiempo a devolverles la aparente cortesía y luego siguen, ringlera abajo, con más prosopopeya que el obispo de Fusala.
De esos especímenes conozco a varios, que se creen la encarnación viva del papa Luna y luego tienen menos fondo que una lata de anchoas.
Pero yo iba por lo que estamos a punto de perder. La cortesía brilla por su ausencia, los "buenos días" es expresión arcaica que casi nadie usa, el ademán crispado al hablar o al defender posiciones es el pan nuestro de cada día; la ordinariez en la conducción es un signo de los tiempos, por utilizar una expresión al gusto de la clerigalla....
Los espacios urbanos, otrora amenos y graciosos, se ven invadidos por turbas de niñatos locales y oriundos que destrozan casi todo, mientras añoramos la presencia de alguna fuerza de orden bien sea nacional o local o municipal y espesa.
Lo que queda.... Hay como una indolencia social, un desmadejamiento colectivo, que nos impide
Tristemente es un mal endémico en nuestra Patria. Ya lo dejaba entrever la semana pasada.
Nos da igual todo. Luego si se destrozan adrede retrovisores, cristales de coches y ¡hasta barcos atracados en Puerto Noray, cuyo ladrón huye y no es posible detenerlo después de causar innumerables destrozos en los que estaban atracados!, vendrán los llantos y los crujir de dientes, porque aquí lloramos a toro pasado, más que el profeta Jeremías, notable quejica veterotestamentario y por lo que he leído, persona de carácter agrio y amenazador.
La verdad es que aquí entre las tonteras del cambio climático, la celebración de tantísimos días, las pedaladas, las caminatas y tantas y tantas facecias, se nos están yendo las mejores y así claro, nos estamos quedando sin nada. Bueno si, nos estamos quedando con muy poca educación y con muchísima poca vergüenza.
Para colmo, nos han salido ahora una cofradía importante, cuyos compadres adolecen de tener la "piel fina".
No me refiero a que los susodichos padezcan de granos, pústulas, erupciones, eritemas, escaras y otras anormalidades que les afecten, ya a la piel ora a sus anejos. De ninguna manera.
Me estoy refiriendo a los que- sobre todo en las denominadas "redes sociales"- se ofenden por todo. Vivimos estos tiempos, colonizados por estas plagas y como digo las tales "redes sociales" tienen buena culpa de la aparición y dominio de los mentados.
Ofenderse por todo es la norma de los últimos tiempos. De hecho, está de moda.
Chistes, chascarrillos, dichos, maneras de hacer ironía, incluso artes escénicas, son cuestionados como graves ofensa.
Tengo visto que ofenderse por todo es la norma de los últimos tiempos. Me gusta ser justo en mis apreciaciones; creo que todos nos hemos sentido ofendidos en algún momento por alguien. Creo también que se puede reaccionar de diferentes maneras: no inmutarse, ponerse a la defensiva, contraatacar, dejarlo pasar, "hacerse la víctima, culpar al otro....
Es imposible navegar por el mar de los Sargazos que representa esta multitud de nuevos ejemplares de la zoología y botánica nacionales. No merecería la pena nombrarlos si no fuera porque enfangan el ya impracticable lodazal del debate nacional. Era lo que nos faltaba. Es como si la Real Sociedad y el Bilbao regaran sus campos de fútbol de forma permanente y no cuando ambos jugaran contra el Real Betis Balompié y otras escuadras de menor cuantía.
Mal añadido a estos tiempos en los que los novísimos están por cumplirse.
Es un fenómeno digno de estudio, pero yo carezco de conocimientos y tiempo para analizarlo en profundidad. Así que aquí lo dejo pespuntado para que mis inteligentes lectores emitan sus teorías y opiniones.
Por lo demás, la cosa está mal, tirando a peor.
Que no le falte agua al elefante.
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