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Lo que dimos por sentado

Por Antonio Ramírez
04/05/2025 10:42 CEST
Lo que dimos por sentado
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En un momento, dicen los expertos que cinco segundos, uno de los pilares en lo que se asienta la rutina, la existencia en sí tal como la vivimos, se derrumbó. La fortaleza del progreso, que va ya de lo digital a la inteligencia artificial creó, parece ser, su propia debilidad. Pensamos, puede que con razón, que las nuevas tecnologías de esta era de avance plus, además de extender sin prácticamente frontera y ni límite de beneficiarios, protegían por su modernidad la luz y la comunicación en su generalidad y sin descanso. Y un día llegó la “oscuridad” como hace bastante más de un siglo no llegaba.

Dimos por sentado que eso no podía pasar, pero pasó, nuestro error fue en la confianza. Puede que diéramos por hecho que la experiencia nos fortalecería para ser mejores, elevar el nivel, para estar protegidos por quienes deben, pero el silencio, que alimenta el fuego de la sospecha igualmente, sobre la causa del apagón no alimenta fortaleza alguna. Si acaso, la creencia en que el retardo en hacer conocer la misma es, más que nada, una estrategia para macerar la realidad y que esta sea digerible, o su intento.

Dimos por hecho, y no nos equivocamos, que lo ocurrido no daría tregua alguna al enfrentamiento político, sino que avivaría las ascuas de la confrontación y serviría como repetidor de reproches y acusaciones. Dada nuestra manera de vivir y más allá de las incertidumbres que las guerras del momento (incluida la comercial) y la ceguera radical, esta nueva adversidad puntual pero brutal, nos hizo creer y ser conscientes, por el momento, en y de nuestra vulnerabilidad.

Dimos por hecho que nuestras costumbres más las añadidas de nuevo cuño y fruto del progreso, habían recibido una lección a base de dura estopa, pero lo cierto es que nos hace dudar si no se nos volverá a aplicar. Muy nítido tendrá que explicarse la razón de lo acontecido cuando se tenga sabido y/o convenga para que la confianza vuelva a tomar partido. Una confianza que tornará para entender que toda crisis, toda gran perturbación es también una oportunidad de mejorar, un aliento al progreso.

No hubo error al dar por sentado que, al igual que durante la larga pandemia o la terrible gota fría (DANA) de hace 6 meses, y aún desde las lógicas distancias, especialmente Guardia Civil, Policía u otros cuerpos de seguridad estuviesen a la altura de lo que se les requería y algo más incluso. Ahí siempre anida la esperanza que no falla. Cuando se suceden acontecimientos incomprensibles a la lógica del tiempo que vivimos, la solidaridad siempre es el gran asidero.

Gran parte de la rutina quedó boca abajo por ese llamado “cero energético” para iniciados dejando a la vista en tal opacidad una situación tan inédita como confusa para bienes materiales y relaciones humanas. Un caos que, aunque determinado como excepcional y de duración relativamente efímera, puso de manifiesto como la modernidad no está exenta de debilidad. Hay quien afirma filosóficamente que se debe intentar entender la “oscuridad” para poder apreciar la luz. De pronto, la ausencia repentina de esta segunda no hizo recordar de su carácter esencial.

Cuando amaine en lo posible el cruce de achaques políticos, derivaciones de responsabilidad a segundos o terceros o teorías conspirativas varias, ojalá haya espacio para de manera sencilla e inteligible a la gente se le explique el porqué de un día de abril al final del primer cuarto del siglo XXl en el que hubo que desempolvar las velas, comprar pilas o poner de nuevo en el olimpo a esa caja mágica que siempre ha sido, es y será la Radio.

Tags: adversidadDANA

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