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Leire Bilbao gana el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2025 por su obra ‘Klera’

Su cuento ilustrado, Klera, combina palabra, imagen, danza y música para abordar la infancia atrapada en la guerra

Leire Bilbao (Ondarroa, 1978) ha sido reconocida con el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2025, otorgado por el Ministerio de Cultura y Deporte, por su obra Klera (Elkar), un álbum ilustrado que conmueve por su audacia formal y la profundidad de su contenido. Bilbao, que escribe en euskera y se traduce a sí misma, construye un relato en el que convergen distintos lenguajes artísticos —ilustración, imágenes grabadas, coreografías, música y texto— para contar la historia de una niña atrapada en medio de una guerra. Un relato breve, pero con múltiples “capas de lectura”, resalta Bilbao.

El proyecto nació a raíz de una llamada telefónica de Jon Maya, Premio Nacional de Danza en la modalidad de creación en 2017. “Ya habíamos trabajado juntos y me dijo una cosa muy interesante: que cuando bajaban del escenario después de bailar, sentían que todo se desvanecía. Él quería hacer un libro”. Meses después, Leire Bilbao le devolvió esa inquietud con una propuesta. Al principio dudó de que esta historia encontrara espacio editorial. Se lo dijo directamente a Jon Maya: “Quiero contar esto. ¿Te animas, te atreves? Porque yo sí me atrevo”, relata la autora. Una propuesta que reafirma su posición: la literatura no debe tener tabúes. Es el espacio donde debe sentirse libre, donde puede explorar y disfrutar. “Si no me arriesgo, ¿qué hago en la literatura?”, se pregunta Bilbao. “La literatura es el sitio donde me tengo que sentir libre e intentar disfrutar. Sentirme descalza en un prado de hierba y correr”, explica.

La imagen que detonó todo fue la de los niños cubiertos de polvo blanco, sentados entre edificios derruidos en sus aldeas, pueblos o ciudades. “Podría ser Gaza, podría ser Ucrania o cualquiera de las guerras que no conocemos porque no nos llegan”, explica la autora. A partir de ahí surgió la pregunta clave: “Todos nosotros, llegados a un momento en la vida, vamos a tener una conversación con la muerte”, dice Bilbao, “pero se supone que eso llegará cuando vayamos avanzando con la edad. Entonces, me pregunté: ¿qué conversación puede tener un niño o una niña atrapada en medio de la guerra, de la que no tiene ninguna culpa?”. Todo el libro gira en torno a esa pregunta, a esa imagen, a ese momento.

Klera intenta responder desde un relato breve, cargado de capas de entendimiento sin cerrar sentidos. La historia se puede leer de muchas maneras: a través del texto, de las ilustraciones o de los códigos QR que permiten acceder a piezas audiovisuales, coreografías y música. “Era complejo, y lo difícil era hacerlo sencillo”, resume Bilbao. El libro invita a adentrarse en una lectura paralela que no se agota en las palabras. Participan en él la compañía Kukai Dantza, las ilustraciones de June San Sebastián, imágenes grabadas por David Bernués y la música de Maite Larburu. Cada lenguaje aporta un matiz, una emoción, una vía de interpretación.

Leire Bilbao no cree en los mensajes explícitos y apuesta por la reflexión y la libre interpretación. “A mí no me gusta dar mensajes. Yo creo que el lector, tenga la edad que tenga, puede hacer su propia lectura”, sostiene Bilbao. Y añade: “Es un libro con un final abierto, pero está claro que lo que aquí se denuncia es que asesinan a los niños en la guerra”. Los niños, insiste la autora, “son muy inteligentes, ellos pueden utilizar este tipo de libros para hacerse preguntas o incluso opinar, cada uno desde su punto de partida y desde su situación”.

Klera no da respuestas, sino que plantea interrogantes. Invita a que cada lector, desde su edad y situación, piense, imagine, sienta. “Los libros sirven para hacer que el lector reflexione, que se vaya preguntando y que pueda ir entendiendo, a través de los libros, lo que pasa a nuestro alrededor. Yo, como lectora, cuando leo un libro, busco que me haga preguntas, y busco mirar dentro de mí y dialogar conmigo misma”. Klera, precisamente, quiere invitar al lector a entrar en su propia interpretación.

En este proceso, la elección del título fue muy significativa. Klera quiere decir “tiza” en euskera, aunque también se dice clariona. Es como una arcilla blanca, una piedra que simboliza ese polvo que cubre a los niños tras los bombardeos. “Cuando veía esas imágenes de los niños entre los escombros, con ese polvo blanquecino, me vino enseguida el título y dije: ‘Lo voy a titular Klera’”. En castellano lo tradujo como Tiza. Pero más allá de la palabra, hay un simbolismo profundo, pues la protagonista, en medio de la guerra que la encierra, recoge una piedra blanca —como una tiza— y empieza a dibujar: su barrio, su casa, su vida antes de la guerra. “Ella pregunta dónde se han ido los colores, por qué se han roto. Vivía en un mundo colorido, amable, y de repente todos los colores desaparecen”.

La protagonista es una niña sin nombre y sin edad concreta. Sabemos que tenía una familia, que jugaba con sus primos y primas, que ahora su madre ya no está —se supone que la han matado— y que vive con su abuela. Con pocas palabras, el lector entiende que su entorno ha sido destruido, que su familia ha desaparecido, “pero no se dice de forma directa. La idea era decir lo máximo con muy poquito, ser sugerente y permitir una lectura libre”, resalta Bilbao.

La parte visual del libro fue concebida desde el inicio. “La primera piedra surge del texto y en una página en blanco. La página en blanco todo lo soporta, pero yo creo que cuando creamos, ya estamos pensando en imágenes”. La idea nació de una imagen: la de la tiza, los colores rotos. También sabía que incluiría la danza de Kukai, por lo que se preguntaba cómo transmitir eso en movimiento. El proceso creativo fue largo y compartido. June San Sebastián hizo múltiples pruebas, ilustraciones que iban comentando entre todos. “La acompañamos siempre con total libertad, porque el mérito y la calidad de las ilustraciones son de ella al cien por cien. Es su mérito, su impronta, su firma y su estilo”.

Una vez terminado el libro, Bilbao se lo regaló a la profesora de su hijo pequeño, de nueve años. Lo llevó a clase, lo enseñó a mayores y pequeños, y lo trabajaron en la escuela. La experiencia fue reveladora. Para la profesora, era una forma muy efectiva de hablar a los niños de la guerra desde distintas disciplinas. “A algunos les gusta más leer, a otros les gusta más dibujar, a otros les gusta más moverse… y entonces me di cuenta de que el libro funcionaba”. Como autora, Leire Bilbao sabe que crear es también arriesgar: “A mí, la verdad, es que me gusta experimentar. Me gusta la sensación de funambulista, de ir entre la cuerda y no saber si voy a caer o no”.

Desde 2006, Bilbao publica de forma constante. Ha escrito poesía, narrativa, teatro y letras para música. “Vivo con mucha naturalidad lo de escribir poesía y literatura infantil o juvenil, porque me ha llevado a sitios que no me imaginaba”, relata, mientras recuerda, por ejemplo, la cantata infantil que escribió junto al compositor Jagoba Atiazaran para la Orquesta Sinfónica de Euskadi.

Bilbao entiende la literatura infantil como algo “de cero a 99 años”, que se pueda leer solo o acompañado y que sirva para disfrutar. “Las palabras son para eso: para jugar con ellas, juntarlas y crear nuevas metáforas. Con nuevas metáforas y juntando palabras distintas, puedes crear nuevas imágenes y, por ende, nuevos mundos, que es lo que queremos”. Este estilo narrativo, esa forma de relacionarse con la literatura, la ha llevado a escribir obras como Bichospoemas y otras bestias, Premio Euskadi de Literatura en 2017, así como Bestiapoemas y otros bichos, y también, Onomatopoemas y otros pequeños sonidos.

Siempre escribe en euskera y luego se traduce a sí misma, aunque “en mi caso —señala— siempre digo que no son meras traducciones, sino, a veces, adaptaciones, porque una palabra puede tener dos significados”. Para presentar el libro al certamen nacional, entregó una versión traducida y maquetada, pero todo el proceso creativo parte de su lengua materna. Aunque el reconocimiento lleva su nombre, Bilbao insiste en que Klera es una obra colectiva. “Esta alegría es compartida porque, aunque el premio me lo han dado a mí, es un libro colectivo. Creo que eso es bueno para el libro y para todos los autores que estamos implicados aquí”, resalta Bilbao. “La literatura no cuestiona, sino que dialoga con distintas disciplinas artísticas, y eso es lo bonito. No está solo en los libros: el poder de las palabras está detrás de muchos sitios”, concluye.

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