Poco más de nueve meses han pasado desde el último accidente de trenes que conmocionó a toda España. El choque se produjo pasadas las 19:40 horas del 18 de enero a la altura de la estación de Adamuz (Córdoba), en la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla. El Iryo 6189 (Málaga-Madrid) descarriló e invadió la vía contigua por la que circulaba, en sentido contrario, el Alvia 2384 de Renfe (Madrid-Huelva).
Los datos más recientes contabilizan 46 víctimas mortales y 292 heridos. Ahora, el 28 de octubre es ya un día negro para nuestro país con un nuevo accidente a la altura de Urda (Toledo) que confirma al menos un centenar de heridos y 64 víctimas mortales. Según el 112, fue a las 08:54 horas del miércoles en el punto kilométrico 118 de la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla, que ha quedado suspendida hasta nuevo aviso.
Las primeras informaciones no revelan con exactitud la causa del accidente; habrá que esperar a la investigación para conocer más datos. En Urda, la colisión por alcance de un tren de Renfe con un Iryo provocó el descarrilamiento de dos vagones a un terraplén contiguo. 544 pasajeros viajaban en su interior: 397 en el AVE y 147 en el Iryo. La Junta de Castilla-La Mancha ha elevado la situación a Nivel 2 del Platecam; se ha movilizado a la UME y a otros equipos de emergencias para hacer frente a la catástrofe.
En Adamuz, las pesquisas señalaron que una rotura anterior en la soldadura de la vía del Iryo fue la principal responsable; se llevaron a laboratorio para analizar el fallo. Según el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, el tramo en cuestión fue revisado y renovado parcialmente en mayo de 2025. En el ámbito político, algunos partidos de Melilla, como sucedió en el resto de España, pidieron depurar responsabilidades. En el terreno de lo social, el dolor también fue compartido.
La realidad es que muchas personas han perdido la confianza en el transporte ferroviario aunque la inversión en la red ha crecido exponencialmente en los últimos años. Cuando hay pérdidas humanas, la perspectiva cambia. En enero, la ciudad autónoma en su conjunto mostró sus condolencias a las víctimas y afectados de Adamuz con un minuto de silencio a las puertas del Palacio de la Asamblea.
La iniciativa fue convocada por la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP); sonó el Himno Nacional en carrillón y el acto concluyó con un fuerte y emotivo aplauso de los asistentes. En todo el territorio nacional, también en Melilla, las banderas ondearon a media asta durante tres días. Los Reyes se trasladaron hasta la localidad cordobesa, y el Gobierno central decretó luto oficial en señal de respeto a los afectados y sus familias. La tragedia caló en España dejando una herida que, a día de hoy, no se ha cerrado.
Los melillenses sintieron muy de cerca el accidente de Adamuz. Un superviviente del accidente ferroviario guardaba una relación estrecha con la ciudad. Era el periodista Salvador Jiménez, quien fue director de Radio Nacional de España en Melilla. Oyentes, conocidos y compañeros quedaron impactados con su testimonio. Un suceso terrible del que, tal y como explicó, pensó que no saldría con vida. Es difícil recuperarse de algo así.
En la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, el entonces vicario episcopal Eduardo Resa presidió una misa funeral el 26 de enero. La Eucaristía giró en torno a tres ideas: la esperanza ante la muerte, la solidaridad con los afectados y la unidad de la comunidad en un momento de tanta dureza. En todos los actos, se destacó precisamente la ayuda prestada por los vecinos del municipio y otros pasajeros, y la labor de los servicios médicos y de emergencias.
Cabe recordar que, días después, un joven maquinista fallecía en un suceso con otro tren en Barcelona. Fue un arranque de año difícil de asimilar para los españoles. Adamuz es uno de los siniestros más graves ocurridos en Europa en lo que va de siglo, y fue el primero en trenes y vías de alta velocidad con víctimas mortales desde el inicio del servicio en España en 1992. Urda forma parte de la lista desgarradora, con todas las miradas puestas en saber su evolución.








