La población de Melilla crece en 297 personas y alcanza los 87.239 habitantes en junio de 2025

Hay mayoría de hombres, la edad media de la ciudad es de 35,5 años y el 34,6% de la población está en riesgo de pobreza o exclusión social

La ciudad autónoma de Melilla ha experimentado un leve pero significativo aumento de población en el último año. Según los datos publicados por el portal especializado Datosmacro.com, basados en estadísticas oficiales, el número total de habitantes registrados en junio de 2025 asciende a 87.239 personas, lo que supone un incremento de 297 respecto al año anterior.

Este crecimiento poblacional, aunque moderado, adquiere relevancia en un contexto nacional donde el envejecimiento demográfico, la disminución de la natalidad y el descenso del saldo migratorio han limitado el crecimiento de muchas regiones. Melilla, sin embargo, mantiene una tendencia estable y positiva, impulsada en parte por su estructura joven y una dinámica poblacional diferente a la media del país.

De los 87.239 residentes actuales, el 51,5% son hombres (44.953 personas) y el 48,5% son mujeres (42.286), una proporción que se ha mantenido constante en los últimos años. Este ligero predominio masculino contrasta con la mayoría del territorio español, donde la población femenina supera a la masculina, especialmente en los grupos de edad más avanzados.

Un dato que destaca especialmente es la edad media de los habitantes de Melilla, situada en 35,5 años, una cifra considerablemente inferior a la media nacional, que se sitúa alrededor de los 44 años. Esta diferencia indica una estructura demográfica joven, con una alta proporción de menores de 25 años y una pirámide poblacional con una base ancha. La juventud de la población melillense es una de las características que definen a la ciudad y, al mismo tiempo, plantea retos en cuanto a planificación educativa, laboral y de servicios sociales.

En lo que respecta a la mortalidad, 508 personas fallecieron en Melilla durante el año 2023, una cifra ligeramente inferior a la de 2022, cuando se contabilizaron 522 fallecimientos. Esto se traduce en una tasa de mortalidad de 5,8 fallecidos por cada 1.000 habitantes, significativamente por debajo de la media estatal, que ronda los 9,5. Esta menor tasa puede atribuirse en parte a la juventud de la población, ya que la incidencia de enfermedades crónicas y causas de muerte asociadas a la vejez es proporcionalmente menor.

No obstante, este panorama demográfico positivo contrasta con una realidad socioeconómica compleja. Melilla sigue presentando uno de los índices más altos de pobreza relativa del país. En concreto, el 34,6% de su población está en riesgo de pobreza o exclusión social, según los mismos informes. Este dato sitúa a la ciudad en una posición vulnerable, muy por encima de la media nacional, y señala la persistencia de desigualdades estructurales que afectan de forma especial a ciertos colectivos.

La pobreza en Melilla se concentra principalmente entre familias con hijos, jóvenes en situación de desempleo, personas migrantes y mujeres en situación de vulnerabilidad. Los expertos atribuyen esta situación a factores como el elevado paro juvenil, la precariedad de buena parte del empleo disponible y las limitadas oportunidades de desarrollo económico local. También influyen las particularidades geográficas, administrativas y sociales que presenta la ciudad como enclave fronterizo.

A pesar de estas dificultades, el crecimiento poblacional y la juventud de sus habitantes representan un potencial de desarrollo para el futuro de Melilla. La existencia de una base demográfica activa puede convertirse en una ventaja competitiva si se implementan políticas eficaces en ámbitos como la educación, la formación profesional, el acceso al empleo de calidad y la mejora de servicios públicos.

Los datos también invitan a reflexionar sobre la necesidad de reforzar las infraestructuras urbanas, los equipamientos escolares, las políticas de vivienda y la cobertura sanitaria, especialmente en los barrios más densamente poblados y con mayores índices de exclusión.

En resumen, Melilla crece, y lo hace con una población joven que puede ser motor de transformación. Sin embargo, para que ese crecimiento se traduzca en progreso real y sostenible, será necesario atender con urgencia los desafíos sociales y económicos que arrastra la ciudad. La evolución de estos indicadores en los próximos años dependerá, en gran medida, de la capacidad institucional para convertir los datos demográficos en políticas públicas efectivas.

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