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Inma Ortells convierte la memoria en un viaje literario por la Melilla del siglo XX

La escritora melillense profundiza en la historia, la memoria y la dimensión humana de la Melilla del primer tercio del siglo XX en una novela construida a través de años de documentación, archivos y recreación narrativa

por Alejandra Gutiérrez
13/05/2026 11:32 CEST
Inma Ortells convierte la memoria en un viaje literario por la Melilla del siglo XX

Inmaculada Ortells, maestra y escritora melillense participando en la Feria del Libro en Málaga con su libro 'Balneario Oriental'. -Cedida por la autora-


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La escritora y maestra melillense Inma Ortells nunca imaginó que acabaría encontrando en la literatura una forma de reconstruir la memoria de la ciudad y, al mismo tiempo, de dialogar con sus propias emociones. Durante años, su escritura estuvo vinculada exclusivamente al ámbito académico y didáctico, dentro del entorno educativo. Sin embargo, hace algo más de una década comenzó a sentir una necesidad distinta: la de contar historias capaces de rescatar fragmentos olvidados del pasado melillense y trasladarlos al lector desde una mirada humana, narrativa y cercana.

Ese camino literario, que recientemente la ha llevado a participar en la Feria del Libro de Málaga junto a otros escritores melillenses en días dispersos, comenzó casi de forma inesperada. Fue en 2014 cuando decidió presentarse a un certamen de cuentos interculturales organizado por la Consejería de Cultura. Aquel impulso dio forma a La esencia de los cuatro frascos, un relato infantil centrado en la convivencia y la diversidad cultural de Melilla.

Aunque la obra no llegó a publicarse, el reconocimiento obtenido con el primer premio terminó convirtiéndose en un punto de inflexión personal. Ortells descubrió entonces que la escritura podía convertirse en otra forma de transmitir conocimiento y de acercarse a la ciudad desde la emoción y la memoria.

Desde ese momento, Melilla pasó a ocupar el centro de todas sus historias. La autora comenzó a mirar el pasado de la ciudad con una curiosidad creciente, atraída por aquellos escenarios, personajes y episodios históricos que permanecían ocultos entre archivos, crónicas antiguas y recuerdos familiares. Esa inquietud cristalizó años después en Sara y la caracola fenicia, una novela juvenil donde mezcló fantasía e historia para acercar a los lectores al legado fenicio de Rusadir.

La obra seguía el viaje en el tiempo de una joven hasta la antigua acrópolis fenicia, donde descubría las costumbres y la vida cotidiana de aquel asentamiento. Para construir esa atmósfera, Ortells inició un importante trabajo de documentación histórica apoyado en investigaciones sobre el pasado fenicio de la ciudad y en el propio museo arqueológico de Melilla, que terminó convirtiéndose en una de las principales fuentes de inspiración del relato.

Sin embargo, el verdadero salto literario llegó con Balneario Oriental (1905-1931), una novela histórica mucho más ambiciosa y personal que marca además un cambio de tono y de público. La obra fue concebida inicialmente para lectores adultos, construyendo una narración coral donde conviven múltiples personajes, escenarios y episodios históricos.

 

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La semilla de esta historia nació desde un lugar íntimamente ligado a su propia biografía. Todo comenzó cuando decidió investigar el pasado de la antigua Casa de Baños diseñada por Enrique Nieto, un edificio que además conserva una fuerte carga emocional para ella, ya que fue allí donde nació. A partir de ese descubrimiento empezó a reconstruirse el universo de Balneario Oriental, una obra que termina convirtiéndose en un recorrido por la Melilla del primer tercio del siglo XX.

Ortells describe el proceso creativo de la novela como un largo ejercicio de documentación, observación e imaginación. Durante años consultó archivos, leyó crónicas periodísticas de la época, revisó libros históricos y acudió al Archivo de Melilla para comprender cómo era realmente aquella ciudad marcada por los cambios sociales, el Protectorado español en Marruecos y las tensiones derivadas de los conflictos militares del momento.

En ese contexto histórico, el Balneario Oriental adquiere un significado especial dentro de la narración. Inaugurado en 1914, el espacio aparece vinculado a una etapa en la que las doctrinas higienistas comenzaban a ganar peso tanto en el ámbito político como social. La preocupación por la higiene corporal, el saneamiento urbano y las condiciones de salubridad empezaba entonces a formar parte de la vida cotidiana de una sociedad que convivía con epidemias, enfermedades infecciosas y problemas derivados de la falta de infraestructuras sanitarias.

Las antiguas casas de baño urbanas surgieron precisamente como respuesta a esa necesidad. Más allá de su función como espacios de ocio, comenzaron a entenderse también como lugares relacionados con la salud pública, el aseo corporal y la prevención de enfermedades. En una época en la que muchas viviendas carecían de baño propio, estos establecimientos permitían acceder a duchas, baños medicinales y tratamientos que empezaban a asociarse con el bienestar físico y la higiene personal.

La propia contraportada del libro refleja esa realidad histórica a través de un antiguo anuncio publicado en Telegrama del Rif, donde se promocionaban los baños medicinales del Balneario Oriental y sus servicios. Ortells quiso además diseñar personalmente la portada de la novela, utilizando una fotografía histórica del edificio, realizada en 1918, para reforzar ese vínculo entre memoria, ciudad y relato.

A partir de ahí, Balneario Oriental se expande mucho más allá del propio edificio. La novela reconstruye tres décadas de la historia melillense y se adentra en algunos de los episodios más complejos del momento, como el Desastre de Annual, al que la autora dedica varios capítulos desde una perspectiva centrada en las personas y no únicamente en los movimientos militares.

Ortells admite que aquel proceso de documentación fue uno de los más difíciles de toda la obra. Las crónicas contradictorias, los testimonios fragmentados y el desconocimiento previo sobre aquel episodio la obligaron a investigar durante años para poder trasladar al lector la incertidumbre y el miedo que se vivieron entonces en Melilla.

Lejos de construir una novela puramente histórica, la autora quiso centrarse en cómo aquellos acontecimientos alteraban la vida cotidiana de las familias y las personas. En sus páginas aparecen barrios que se vacían, familias refugiándose en Melilla la Vieja y personas durmiendo cerca del puerto ante el temor de un posible avance militar. Las crónicas de la periodista Teresa de Escoriaza terminaron siendo una referencia fundamental para construir ese enfoque humano y emocional de la guerra.

La novela avanza además a través de una amplia galería de personajes, algunos ficticios y otros reales, que interactúan constantemente dentro de una narración marcada por el dinamismo de los escenarios y el movimiento continuo entre distintos espacios geográficos. Melilla ocupa el núcleo principal de la historia, pero el relato se expande hacia lugares como Nador, Tetuán, Alhucemas o Cartagena, construyendo así una dimensión que trasciende lo puramente local para conectar con el contexto nacional e incluso internacional de las primeras décadas del siglo XX. Ortells introduce en esa estructura narrativa acontecimientos históricos como el Protectorado español en Marruecos o la gripe española, ampliando el alcance de una obra que no se limita únicamente a reconstruir la ciudad, sino también el clima social, político y humano de toda una época.

Dentro de ese mosaico narrativo, la autora concede además un protagonismo especial a las mujeres. Ortells quiso rescatar figuras femeninas reales que, en un tiempo lleno de limitaciones y convencionalismos, lograron abrirse camino en ámbitos tradicionalmente reservados a los hombres. Maestras, médicas, periodistas, escritoras o políticas aparecen integradas de forma natural dentro de la trama como símbolo de una generación que desafió las normas de su tiempo y cuya memoria considera necesario recuperar. Entre ellas destacan nombres como Carmen Conde o Clara Campoamor, figuras que atraviesan la novela junto a otros personajes históricos y ficticios, aportando nuevas perspectivas a un relato donde la mirada femenina adquiere un peso esencial dentro de la reconstrucción histórica y emocional de la obra.

Ahora, tras la publicación de Balneario Oriental y la respuesta de los lectores, Ortells asegura encontrarse en un momento de pausa y reflexión. La reciente participación en la Feria del Libro de Málaga, su primera experiencia en un evento de estas características, le ha permitido además compartir espacio con otros autores y comprobar el interés que despiertan las historias vinculadas a la ciudad fuera de Melilla, así como poner en valor  el talento de los escritores melillenses.

Aunque reconoce que necesita descansar después de un proyecto tan extenso y absorbente, admite también que muchos lectores le han trasladado la sensación de que la historia no termina de cerrarse por completo. Una idea que deja abierta la posibilidad de regresar en el futuro a ese universo narrativo construido alrededor de aquella Melilla que Inma Ortells ha convertido en escenario literario y espacio de memoria colectiva.

Tags: Balneario OrientalInmaculada Ortells

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