Es difícil encontrar las palabras cuando una incipiente primavera enfría los corazones. Más difícil se hace aún retomar el camino cuando tú ya nos abrazas desde lo lejos. Aprendemos continuamente a vivir, pero no aprendemos cómo vivir cuando, de pronto, nos faltan hombres buenos.
Ahora te marchaste buscando otro sitio y nosotros vivimos como un regalo todo ese tiempo que hemos tenido junto a ti, todas esas horas, esas clases, esas miradas, esa amistad incondicional, esas alegrías y también ahora esas penas, ese dolor compartido.
No es fácil y por eso queremos agradecer el afecto y el cariño que amigos y compañeros nos han hecho llegar. Nos hemos sentido abrazados en todo momento.
Fuiste, Ali, un buen hombre, un hombre bueno que solo has recibido bellas palabras de todos los que te quisieron. Y, aunque de Dios somos y a Él regresamos, tu despedida tan temprana, no se deja acomodar en esta ausencia inesperada.
“Acabar de llorar y hacer preguntas; ver el amor sin enigmas ni espejos; descansar de vivir en la ternura; tener la paz, la luz, la casa juntas y hallar, dejando los dolores lejos, la Noche –luz tras tanta noche oscura.”
Descansa en paz, nuestro querido Ali. Compañero, amigo, amigo del alma, compañero. Siempre estarás en nosotros.