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Hirsuto

Un tiempo hirsuto, ralo y duro. Ralo, porque aunque las partes sean diferentes, están demasiado separadas e hirsuto, ya que además de distanciadas andan toscamente endurecidas. Hirsuto, porque si hay alguna definición preclara del momento actual, la escritora Irene Vallejo la aporta: "La romantización del poder despótico y el aura autoritaria no es un fósil del pasado. Algunos políticos con éxito y celebridades empresariales se comportan en público como crecidos abusones escolares" No hace falta cruzar el Atlántico, aunque allí figure el paradigma, ni avanzar millas en otras direcciones de la rosa de los vientos, en la lejanía.

Puede que poco sea ahora más utópico que el diálogo, convertido de manera totalitaria en imposición. Las palabras del trueque, del que sea, van precedidas de la amenaza, cuando no el desprecio añadido. A veces, solo el desprecio y el cumplimiento de la fuerza del poder tan frecuentemente bruto, sin tan siquiera coacción. ¿Cuando pudo quebrarse sin atisbo de vuelta al noble, que puede ser duro, intercambio de posiciones por la interlocución? Es más que posible que la respuesta pueda hallarse en que la supervivencia politica, y por ello el poder o su ansia, no sería posible sin la radicalización de las ideas, el extremo de la ideología, el esplendor de los malos modos también.

Malos o peores modos, según quien actue, y que suele buscar la algarabía y el aplauso de fieles seguidores acríticos, cuando no deudores, su respeto, cuando no miedo, además de la de tribulación los adversarios al intentar sumirlos en el caos.

Hirsuto, el tiempo, donde el menoscabo de servicios públicos esenciales (pero no solo), como la sanidad o la educación, da lugar a situaciones de singular y preocupante desproteccion por sus posibles efectos. La grave falta de tutela correcta a 2000 mujeres en el control del cáncer de mama, es un ejemplo de cómo la Administración, que como es lógico puede equivocarse, nunca debe debilitarse por intereses particulares. Intereses de quienes, al igual que otros de igual ideología, utilizan las instituciones, símbolos y reconocimientos en beneficio propio, nada que ver con el bien común.

Llama la atención, pero ya no sorprende, como, en clara actitud y aptitud de humillación y desdén, el histrionismo poderoso (el mismo que como estandarte define a la prensa como muy desleal y que informar no es un derecho sino un privilegio), desde paradójicamente la cuna democrática, EEUU, se intentó ajar a España por aquello del gasto en Defensa. ¿Dónde quedó vaciado el término "partido de estado" para algunas formaciones patrias, especialmente una, cuando mostró silencio por ello o regocijo indisimulado?.

Hirsutos los tiempos, faltos de empatía, en los que lo humanitario queda a remolque, cuando no pierde el enganche, del exterminio y el negocio. Ni la infancia se libra, por el contrario, es la que más sufre. Triste.

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