Sociedad

Gerardo Muñoz, escritor:“Ya he perdido a muchos seres queridos y prefiero irme yo antes”

El autor bromea con que dejó de cocinar porque empezó a engordar a un ritmo preocupante

Gerardo Muñoz Lorente (26 de junio de 1955) Este escritor es el autor de ‘El Desastre de Annual. Los españoles que lucharon en África’. Es uno de los libros que ha editado el servicio de publicaciones del Archivo de Melilla para este año. Explica que está casado y tiene dos hijos y dos nietos. En cuanto a su filosofía de vida, asegura que es “disfrutar de los buenos momentos”.

–¿Cómo se describiría a nivel personal?

–Familiar, cariñoso, trabajador, autodidacta, nunca me aburro, aunque en ocasiones puedo parecer aburrido a los demás.

–¿Qué prenda de ropa no falta en su armario?

–Ninguna preferencia.

–¿Le gusta llevar alguna joya? ¿Tiene algún significado especial?

–No llevo joyas. El único objeto en mi atuendo cotidiano con significado especial para mí es un reloj que mi esposa me compró en Melilla cuando celebramos nuestra Boda de Plata.

–Expresión melillense que más use o que le llame la atención.

–Una expresión que aprendí siendo muy niño es la de gualo majanduchi.

–Un rincón de Melilla del que nunca se aburre de visitar.

–El Pueblo. Especialmente, la ensenada de los Galápagos.

–Su libro favorito. ¿Cuándo leyó el último?

–El último que he leído es ‘Olvidó amanecer’, de Purificación Eisman.

–¿Películas o series? ¿Alguna favorita?

–En cuanto a las películas, mi favorita es ‘Cinema Paradiso’. Y de serie, ‘The Wire’.

–Mi tiempo libre lo dedico a...

–Estar con la familia y amigos; leer y escuchar música clásica.

–Un recuerdo de la infancia.

–Bañarme en la Mar Chica.

–Un juguete.

–Un aro, una especie de bastidor para bordar, que usaba de niño como volante cuando subía a la Coa. Me sentaba junto al conductor y simulaba conducir el autobús. Todavía recuerdo las sonrisas con las que me miraban.

–Su fiesta favorita.

–Desde hace años, mi cumpleaños, porque nos reunimos toda la familia en un hotel para pasar un fin de semana juntos.

–¿Cocina? ¿Se le da bien?

–Hace años me dio por cocinar. No se me daba mal, pero lo dejé porque empecé a engordar a un ritmo preocupante.

–No puede resistirse a un plato de...

–¡Uf! No puedo elegir uno, lo siento. Son tantos…

–¿Qué tarea del hogar no soporta?

– No sé coser. Todas las demás tareas domésticas las hago sin problema. Me encanta tender la ropa limpia.

–¿Personaje histórico que le llame la atención?

–Muchos. Como novelista e investigador histórico, he sentido predilección por diferentes personajes, según la ocasión. Dos ejemplos: cuando novelé el asedio que sufrió Melilla entre diciembre de 1774 y marzo de 1775 (El rosario de Mahoma), me fascinó la figura del brigadier Sherlock; mientras escribía ‘El Desastre de Annual. Los españoles que lucharon en África’, habría dado casi cualquier cosa por entrevistar al general Silvestre o a Abd-el-Krim.

–Si pudiera viajar al pasado, ¿a qué época le gustaría ir?

–Me ocurre lo mismo que con los personajes. Depende del trabajo que esté haciendo en cada momento. Ahora mismo, por ejemplo, me gustaría retroceder un siglo y vivir en la España de la dictadura de Primo de Rivera.

–¿Viajaría al futuro?

–Por supuesto.

–¿Es supersticioso?

–No.

–¿Se arrepiente de algo?

–De muchas cosas. A lo largo de mi vida he cometido muchos errores. Los asumo; pero, si tuviera oportunidad, algunos los subsanaría.

–¿Cuál es su principal miedo?

–Perder a un ser querido. Ya he perdido a muchos y no me gustaría repetirlo. Prefiero irme yo antes.

–Algo que deteste de usted mismo.

–Aunque he aprendido a corregirlo con el paso de los años, tengo un pronto que a veces me ocasiona algún que otro disgusto.

–Un lugar de ensueño para ir de vacaciones.

–Hay muchos lugares maravillosos en España donde pasar las vacaciones.

–Si le tocara la lotería…

–Imposible. Nunca juego.

–Un chiste.

–Hablando de prontos:

-El juez le pregunta al acusado: “¿Es cierto que estando en su puesto de trabajo blasfemó reiteradamente?”.

- “No es verdad, señor juez”, contesta el acusado. “Sólo le dije a mi compañero: Por favor, Manolo, ten más cuidado porque se te ha caído el plomo hirviendo en mi espalda, y es una sensación muy desagradable”.

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