La participación de Esther Molina en el coloquio ‘Huella social del turismo de cruceros en destino’, organizado por El Faro de Melilla junto al Clúster de Emprendimiento Melilla, no ha sido una mera intervención más dentro del programa. Ha sido, en muchos sentidos, una clase magistral sobre cómo una ciudad portuaria puede mirarse al espejo, reconocerse y decidir qué papel quiere jugar en el mapa del turismo marítimo del siglo XXI. “Arrancar es difícil, pero cuando la rueda del crucero gira, ya no se detiene”, aseguraba la ponente.
Molina, directora gerente de Suncruise Andalucía y Mar de Alborán, llegó a Melilla con la autoridad que otorgan los años de experiencia y los resultados contrastados. No en vano, está considerada una de las figuras más influyentes en el diseño estratégico de los puertos andaluces vinculados al tráfico de cruceros. Su trayectoria ha estado marcada por la modernización de instalaciones portuarias, la captación de rutas internacionales y la creación de alianzas sólidas con navieras y operadores globales. Todo ello con la idea clara de que los cruceros no son solo barcos que llegan y se van, sino auténticas ciudades flotantes que dejan una huella económica, social y cultural en los destinos que visitan.
Desde el inicio del coloquio, Molina manifestó cuál era el propósito de su presencia en Melilla. “Desde Suncruise, junto con el puerto de Melilla, que es miembro de nuestra asociación, lo que pretendemos es dar a conocer y formar sobre lo que significa realmente el turismo de cruceros para una ciudad”, explicó. No se trataba únicamente de cifras o escalas, sino de analizar su impacto real. Empleo, economía local, sostenibilidad y, especialmente, huella social. “Queremos encontrar las claves para que Melilla se posicione adecuadamente y se promocione como destino ligado a este segmento turístico”, subrayó.
En ese análisis, la valoración de Melilla ha sido rotunda y optimista. Para Molina, la ciudad parte con una ventaja competitiva evidente. “El perfil del crucerista ha cambiado mucho en los últimos años, especialmente después de la pandemia. Hoy busca experiencias distintas, una inmersión en la cultura local, en los oficios, en lo auténtico”, señaló. Y ahí, Melilla juega en otra liga. “Es diversa, tiene cuatro culturas, es un destino que no existe en ningún otro lugar. Eso es lo que hay que mostrar a las navieras y a los diseñadores de itinerarios”.
A esa singularidad cultural se suman factores estratégicos que Molina no ha pasado por alto, como las ventajas fiscales. “Para una naviera es muy atractivo tocar puerto español, europeo y Schengen y más con ventajas fiscales que otros puertos no tienen. Eso también hay que saber contarlo”, afirmó recordando que las oportunidades no solo hay que tenerlas, sino saber venderlas.
Respecto al crecimiento del sector, la directora de Suncruise ha sido prudente, pero esperanzadora. “Los objetivos no los marca Suncruise, los marca el puerto. Nosotros coordinamos, ayudamos y conectamos”, explicó. Aun así, apuntó a una posible subida de entre un 5 y un 6% para el próximo año, un dato que calificó de “interesantísimo”. Y ha lanzado un mensaje tranquilizador. “El crucerista es fiel. Arrancar es difícil, pero cuando la rueda empieza a girar, gira sola”.
Uno de los temas centrales del coloquio ha sido la futura construcción de una terminal de cruceros en el puerto de Melilla. Para Molina, la apuesta es clara y necesaria. “Es una magnífica noticia. Las navieras son exigentes. Buscan terminales modernas, digitalizadas, cómodas, que impacten positivamente en la población y que interactúen con la ciudad”. El crucerista, recordó, busca comodidad desde el primer momento, y una infraestructura adecuada es clave para consolidar el destino.
Pero más allá de las infraestructuras, Molina ha insistido en que el verdadero reto está en el desarrollo de producto. “La clave es la colaboración entre administraciones y el trabajo con los operadores turísticos locales”, afirmó. En ese punto apeló a la generosidad y al aprendizaje compartido. “Nada se inventa, todo se puede copiar si funciona. Hay que crear productos inmersivos y experienciales”.
Esa visión se ha reforzado cuando la moderadora del acto, Carmela Ríos, le ha planteado ejemplos de ciudades como Málaga o Cádiz. Lejos de idealizar, Molina ha sido directa. “El secreto suele ser una crisis, porque de una crisis siempre sale una oportunidad”. Recordó cómo Málaga tuvo que reinventarse tras la segregación de Torremolinos, mirando al mar, construyendo un relato propio y apostando por la cultura, los museos y la tecnología. “Las ciudades azules tienen que mirar al mar”, sentenció.
Sobre Cádiz, destacó la integración puerto-ciudad y, sobre todo, la unión institucional. “Las empresas y las navieras valoran muchísimo ver a las administraciones juntas, diciendo claramente que quieren turismo y que creen en este modelo”, explicó, recordando misiones comerciales en las que ella misma participó en ciudades como Miami o Hamburgo.
El concepto de huella social lo ha explicado con ejemplos concretos. Desde la oportunidad que suponen los dos años previos de preparación antes de la llegada de un barco, hasta la revitalización de oficios tradicionales. “Un crucero es una ciudad flotante. Tiene hospital, farmacia, capilla, personal de todo tipo. La tripulación, que pasa seis meses embarcada, necesita consumo local cuando llega a puerto”, relató, ampliando la mirada más allá del pasajero.
También ha desmontado algunos mitos sobre la sostenibilidad. “El dato mata el relato”, afirmó. Recordó que ciudades como Málaga o Cádiz pasan más de 200 días al año sin cruceros, que no todos los pasajeros desembarcan y que existen herramientas digitales para gestionar flujos y evitar saturaciones. Además, destacó la capacidad del sector para desestacionalizar el turismo y generar empleo en meses tradicionalmente bajos.
Cuando se le preguntó cómo medir el éxito de Melilla en este modelo, su respuesta fue tajante. “Desde antes de ayer. Desde que Melilla decide apostar por este segmento, unirse y organizarse”. Para Molina, cada barco adicional ya es un éxito. “Paso a paso, sin prisa, pero con rumbo”.
Antes de cerrar, lanzó una última invitación a soñar. Habló de campañas conjuntas, de implicar al comercio local, de crear clubes de amigos del crucero, de degustaciones y productos propios. “Hay que crear, hay que inventar, hay que soñar”, concluyó.
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