Categorías: Opinión

¿España fuera de la OTAN?

Esto para Melilla es la peor de las noticias posibles. Sin estar explícitamente dentro de la OTAN, nuestra situación es estable, pero si explícitamente nuestro país llegara a estar fuera del Tratado, entonces estaríamos a merced de la voluntad y los conflictos internos de Marruecos

Este viernes nos desayunamos con la amenaza velada del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que, con la prensa como testigo, comentó que “quizás haya que echar a España de la OTAN”, en respuesta a la reticencia de Pedro Sánchez a aumentar el gasto en defensa hasta el 5%.

La noticia, como era de esperar, abrió todos los informativos en nuestro país, con la coletilla tranquilizadora de que la Organización del Tratado del Atlántico Norte no contempla la posibilidad de expulsar a un socio que no quiere cooperar como los demás.

Pero que no exista el mecanismo no significa que no se pueda habilitar. En España siempre se ha dicho que la Constitución es intocable, pero Zapatero consiguió modificar el artículo 135 en la Navidad de 2011, en tiempo récord y con el apoyo de PSOE, PP y UPN para introducir el principio de estabilidad presupuestaria, obligando al Estado y a las comunidades autónomas a respetar el tope europeo al déficit.

Lo peor del comentario de Trump no es, en mi opinión, la amenaza velada del presidente de los Estados Unidos, que ya son palabras mayores. Para mí, lo más preocupante es la media sonrisa socarrona que no pudo contener Mark Rutte, secretario general de la OTAN. No pudo ocultar el gustito que le daba escuchar a Trump hablar de la expulsión de España de la Alianza. Esa incapacidad para ocultar su satisfacción no es casual en una persona criada y educada en la cultura nórdica, que antes de estar donde está, estuvo compartiendo con Sánchez en el Consejo Europeo durante su tercer mandato como primer ministro de Países Bajos, entre 2017 y 2021.

Yo he leído la media sonrisa de Rutte como una advertencia nórdica a España, recordando que las leyes, los tratados y los acuerdos están para ser cumplidos y también para ser modificados. Cuando se creó la OTAN nadie previó que una situación como la actual podía darse. Todos tenían claro que había que aportar granitos de arena para dotar de recursos una defensa común, cuya solidez sirve de elemento de disuasión ante amenazas externas.

Yo me imagino la OTAN como un grupo de WhatsApp. Si todos están de acuerdo, excepto uno, o echan a ese uno o se marchan los otros y crean un grupo paralelo al que ese uno no está invitado.

En tres años, Pedro Sánchez ha pasado de ser aplaudido como anfitrión de la Cumbre de la OTAN en Madrid, en 2022, a quedarse apartado del resto en la foto de la Cumbre de La Haya de 2025. El vídeo de cómo se fueron colocando uno a uno los representantes de los Estados miembros no da lugar a equívocos.

El presidente español ocupó el lugar que le habían reservado en protocolo, señalado con una luz Led en el suelo. La primera fila asimétrica, en la que sólo sobresale Sánchez, a la izquierda, demuestra la intencionalidad del resto de países de señalar a España, de apartarla del resto, por más que la OTAN dijera que había ubicado a los asistentes por orden alfabético y expertos en Protocolo aseguraran, en los llamados diarios de verificación, que fue una situación fortuita. Ninguno de los dos puede obviar la obviedad de que mientras más alejado estás de las personas que ocupan el centro de una foto, menos importante eres.

En cualquier caso, fortuito o no, la foto refleja la situación actual de la OTAN donde hay un bloque unido, compacto, que apoya y se compromete a subir el gasto en defensa hasta el 5% y luego está España, que aprobó la declaración de La Haya, que exige alcanzar ese 5% después de que Rutte, el de la sonrisa de la Mona Lisa, le asegurara flexibilidad.

Llegados a este punto, la pregunta del millón es ¿tenemos que preocuparnos? Sí, en estos momentos, sí. Las fuerzas de izquierda son cada vez más testimoniales en las organizaciones internacionales y es evidente que Sánchez debe y puede esperar más abrazos y empatía en la Internacional Socialista que en las reuniones de la OTAN. Pero si encima, usted es el pobre del grupo, el que no puede abrazar el 5% porque pondría en riesgo servicios públicos esenciales que, desde la pandemia, son aún más precarios, usted no sólo juega con desventaja sino que, además, se arriesga a quedarse fuera de ese grupo.

Esto para Melilla es la peor de las noticias posibles. Sin estar explícitamente dentro de la OTAN, nuestra situación es estable, pero si explícitamente España llegara a estar fuera del Tratado, entonces estaríamos a merced de la voluntad y los conflictos internos de Marruecos. Seríamos un peón en un tablero de ajedrez, como lo son hoy 400.000 cubanos con una figura migratoria (I-220A) que los deja en un limbo legal en Estados Unidos. No están ilegales, pero tampoco tienen opción de acogerse a la Ley de Ajuste Cubano, que les permite aplicar a la residencia (green card) al año y un día desde su llegada a Estados Unidos. La inmensa mayoría no tienen ‘record’ criminal ni multas de tráfico pendientes de pago, pero están siendo detenidos y deportados a Cuba sin contemplaciones, pese a que esa inmensa mayoría llegó a ese país huyendo de la represión desatada por el castrismo tras las protestas del 11 de julio de 2021. Lo vendieron todo en Cuba y se marcharon a Estados Unidos a reunirse con familiares, que son votantes confesos de Trump. Ahora no queda otra que rezar y disfrutar lo votado. Así que, cuidado con las bromas de Trump. Como se dice en Miami, Trump no juega.

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