La polémica de la concertina es una fuente inagotable de demagogia. Estos días hay ‘barra libre’ de palabrería para cualquier político con ansias de ganarse el aplauso fácil de los ciudadanos. La Real Academia de la Lengua define esa palabra (demagogia) como “degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder”. Encaja a la perfección para describir la polémica de las “cuchillas” de la valla fronteriza de Melilla y es la más ajustada para calificar lo ocurrido ayer en la Asamblea. Los políticos locales tienen sus preferencias en relación con la demagogia. En el caso de los diputados de CpM, la muerte de Ouchda es un asunto que consideran que aún no han explotado suficientemente. Ayer volvieron a plantear el tema con motivo de la aprobación de la declaración institucional del Día Internacional contra la Violencia de Género, que se conmemora el lunes. Saben, como sabemos todos gracias a la rápida resolución policial del caso por parte de la Guardia Civil, que ese crimen no se ajusta a los parámetros que permitirían considerar a la fallecida como una víctima de la violencia machista, pero ahí siguen. Insisten ‘erre que erre’, sin plantear ni una sola medida que evite que otras mujeres en igual situación que Ouchda puedan sufrir el mismo fin. Sólo insisten en reprochar a la Viceconsejería de la Mujer una supuesta tardanza en manifestarse públicamente contra este crimen.
Aún dando la razón al diputado de CpM, Hasan Mohatar, su reproche al Gobierno local durante el debate de ayer no aporta nada al fondo de la cuestión. La aprobación de la declaración institucional contra la Violencia de Género podría haber sido un buen momento para que el principal partido de la oposición presentara una batería de propuestas para ayudar a las víctimas de esta lacra social y prevenir que este mal afecte a otras mujeres, sin olvidar, por supuesto, hacer una mención a la joven marroquí muerta a manos de un individuo ya detenido, con independencia de que ésta haya muerto por violencia de género, machista o contra la mujer; un matiz que ya poco importa.
No fue así y, como viene ocurriendo en el asunto de la concertina, hoy estamos como estábamos ayer. No hay nada nuevo detrás de la palabrería ni de la demagogia que sólo busca ganar el favor popular, sin resolver los asuntos que afectan a los ciudadanos o al país.
Si tuviéramos que computar y valorar el trabajo de nuestros políticos nacionales y locales en estos dos asuntos, tendríamos que concluir que unos y otros ayer tampoco se ganaron el sueldo.