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El trabajo incesante de reconstruir la memoria judía de Melilla y expresarla al mundo

La labor de Mem Guímel combina años de investigación documental, recuperación patrimonial y testimonios familiares para rescatar la historia de la comunidad judía melillense

Por Alejandra Gutiérrez
12/10/2026 14:05 CEST
El trabajo incesante de reconstruir la memoria judía de Melilla y expresarla al mundo

Foto de familia en el Museo Sefardí de Toledo donde se impartió la conferencia. -Cedida por Guahnich-

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Toledo, una ciudad estrechamente ligada a la memoria histórica del judaísmo peninsular, fue el escenario elegido para acercar una parte menos conocida de la historia sefardí española: la de Melilla como espacio de continuidad de la vida judía y lugar de encuentro entre la memoria de Sefarad y las comunidades que mantienen vivo ese legado. El pasado 29 de septiembre, el Museo Sefardí acogió la conferencia "Melilla, el retorno de los judíos a Sefarad", impartida por Mordejay Guahnich, presidente de Mem Guímel, dentro del acuerdo de hermanamiento entre la Ciudad Autónoma de Melilla y el museo toledano.

La iniciativa se inscribe en una relación institucional que, según explica Guahnich, se construye desde hace varios años mediante contactos y proyectos compartidos. Mem Guímel mantiene vínculos con el Museo Sefardí de Toledo y con otras instituciones culturales, entre ellas la Casa de Sefarad y el Museo de Segovia. Una colaboración que comienza a materializarse en actuaciones concretas y que busca que el patrimonio no permanezca circunscrito a sus lugares de origen, sino que pueda viajar, establecer conexiones y despertar nuevas miradas sobre una historia compartida.

Uno de los ejemplos más significativos es el intercambio temporal de piezas entre museos. En este contexto, el museo melillense cedió una ketubá, un contrato matrimonial judío, para su exposición en Toledo. Guahnich señala que la pieza está despertando interés entre los visitantes y recibiendo comentarios positivos. Su recorrido expositivo no termina en esta muestra: está previsto que forme parte de una exposición temporal posterior dedicada a la mujer y al matrimonio, dentro de un programa de intercambio de bienes museísticos. De esta manera, un documento vinculado a la tradición familiar judía de Melilla encuentra un nuevo espacio para contar su historia y contribuir a la difusión de una cultura que se expresa también a través de sus objetos, sus ceremonias y sus formas de vida.

La presentación de la pieza y la conferencia reunió a representantes del ámbito cultural e institucional, entre ellos la directora del Museo Sefardí, una representante de la Dirección General de Cultura del Ministerio y la consejera de Cultura de Melilla, Fadela Mohatar. Guahnich recuerda especialmente las palabras de Mohatar dedicadas a la convivencia y a la diversidad cultural de la ciudad autónoma. En su valoración, Toledo representa una referencia fundamental por su pasado, mientras que Melilla aporta la perspectiva de una comunidad judía que continúa formando parte de la realidad española contemporánea y despierta interés, así como sorpresa más allá de nuestra ciudad.

La elección del museo toledano aporta, así, un significado particular al encuentro. En una ciudad cuya herencia sefardí forma parte de su identidad patrimonial, la experiencia melillense permite ampliar la mirada más allá de los vestigios históricos y de las antiguas sinagogas. Una historia que no se limita a lo que permanece en los edificios o en los documentos, sino que también se reconoce en las comunidades, en las tradiciones transmitidas y en la continuidad de una presencia judía viva.

 

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Una historia que sorprende al público toledano

La recepción de la conferencia dejó, según relata Guahnich, una impresión de sorpresa entre los asistentes. Muchos desconocían la trayectoria de la comunidad judía de Melilla y su lugar en la historia sefardí española. El presidente de Mem Guímel observa que, cuando se habla del judaísmo en España, la atención suele concentrarse en comunidades numerosas, como las de Madrid y Barcelona, mientras que la realidad melillense queda con frecuencia fuera del relato. La cita en Toledo permitió dar visibilidad a esa historia y ampliar la mirada sobre el patrimonio judío español.

Para Guahnich, Melilla ocupa un lugar relevante en ese recorrido porque permite abordar las distintas formas en que sobrevivió la identidad judía tras la expulsión de 1492. Algunas familias abandonaron la península; otras se convirtieron al cristianismo y, según explica, hubo quienes mantuvieron sus creencias en secreto, refugiándose en pueblos y zonas apartadas. En estos casos, determinadas costumbres domésticas se convirtieron en una forma de transmisión silenciosa, capaz de atravesar generaciones pese a la desaparición de sus referencias religiosas originales.

El presidente de Mem Guímel recuerda el testimonio de una persona cuya familia conserva vestigios de esas prácticas. Entre ellas figuran el encendido de velas los sábados y el ayuno de Yom Kipur, aunque sus descendientes ya no profesen necesariamente el judaísmo. La familia mantiene también el recuerdo de antepasados que se refugiaron en zonas montañosas junto a otras familias para preservar sus creencias sin exponerse públicamente. Para Guahnich, relatos como este ayudan a comprender cómo una tradición puede perdurar a través de gestos cotidianos y recuerdos familiares, incluso cuando deja de reconocerse abiertamente.

La realidad de Melilla ofrece otra perspectiva: la de una comunidad cuya vida religiosa forma parte del presente. La lectura de la Torá, el sonido del shofar y las celebraciones de Purim y Janucá mantienen vivas unas prácticas que no pertenecen únicamente al pasado. En ese contexto, la sinagoga es mucho más que un elemento arquitectónico o patrimonial: constituye un espacio de oración, encuentro y transmisión de tradiciones. Guahnich destaca precisamente esa diferencia entre conservar los vestigios de una comunidad desaparecida y contar con una comunidad activa que sigue celebrando sus festividades.

Su concepción del legado sefardí, sin embargo, va más allá de la religión. Incluye la literatura, la poesía, la gastronomía, la repostería y las costumbres familiares, además de las formas de convivencia que se transmiten con el paso del tiempo. Parte de ese patrimonio permanece entre personas que no practican la religión o que han perdido algunas de sus referencias originales. La herencia sefardí se expresa así tanto en las creencias como en los hábitos, los recuerdos y los vínculos afectivos con los lugares de procedencia.

El vínculo con Sefarad y el regreso a las raíces

La relación con España sigue ocupando un lugar destacado entre los descendientes de familias sefardíes. Guahnich alude a una diáspora melillense asentada en distintos países y ciudades como Madrid, Barcelona y Málaga. Aunque las generaciones más jóvenes pueden estar alejadas de la experiencia directa de sus antepasados, muchas conservan el interés por conocer sus orígenes y reconstruir la historia familiar.

Ese interés explica parte del trabajo de Mem Guímel en la promoción del turismo de raíces. La asociación busca acercar a los descendientes a Melilla y darles a conocer una ciudad que forma parte de su historia, aunque no siempre conozcan en profundidad el recorrido de sus familias. Las visitas y las consultas que reciben permiten recuperar relatos que a menudo permanecen circunscritos al ámbito privado y conectarlos con la historia colectiva.

Guahnich también reivindica la contribución de las familias judías al desarrollo de Melilla. En la conversación menciona su presencia en actividades como el comercio, el mecenazgo y el deporte, así como su aportación a la arquitectura de la ciudad. Recuperar ese legado, sostiene, no significa contar la historia desde una perspectiva exclusivamente comunitaria, sino incorporar al relato general una parte de la sociedad melillense que merece mayor reconocimiento.

Veinte años de investigación y recuperación patrimonial

La actividad de Mem Guímel se apoya en dos décadas de investigación, documentación y divulgación. Detrás de las conferencias y exposiciones hay un trabajo menos visible que incluye consultar archivos, localizar documentos, recopilar testimonios y digitalizar materiales históricos. Guahnich destaca la cantidad de documentación que la asociación ha conseguido escanear y ordenar a lo largo de los años, una tarea que permite reconstruir trayectorias familiares y sacar a la luz episodios poco conocidos.

Ese fondo documental alimenta una actividad divulgativa que se desarrolla por distintas vías: presentaciones de libros, exposiciones temporales, conferencias y publicaciones digitales. La asociación mantiene, además, su página web y sus redes sociales, y elabora materiales como calendarios multiculturales y marcapáginas que se distribuyen a través de la Oficina de Turismo con el apoyo del Patronato. El objetivo es trasladar los resultados de la investigación a públicos diversos y facilitar que la historia judía de Melilla tenga presencia más allá de los círculos especializados.

La proyección exterior constituye otra línea de trabajo. Mem Guímel participa en encuentros nacionales e internacionales, entre ellos el Congreso Judío-Sefardí Mundial, al que acudió por primera vez el año pasado. Guahnich recuerda aquella experiencia como una oportunidad para presentar Melilla ante representantes de comunidades judías de distintos continentes. El contacto permitió constatar que todavía existe un amplio desconocimiento sobre la trayectoria de la comunidad judía melillense y sobre su continuidad en el presente.

A su juicio, la distancia geográfica contribuye a que Melilla y Ceuta queden relegadas en ocasiones en los debates sobre el patrimonio sefardí. Por eso considera importante acudir a congresos, establecer contactos y participar en iniciativas compartidas. La colaboración con el Museo Sefardí de Toledo forma parte de esa estrategia, junto con los vínculos que Mem Guímel mantiene con la Red de Juderías y otras entidades dedicadas a investigar y difundir la herencia sefardí.

Guahnich reconoce expresamente el respaldo de la Consejería de Cultura y del Patronato de Turismo de Melilla. Su apoyo resulta fundamental tanto para organizar actividades culturales como para promover las visitas vinculadas al patrimonio histórico. La investigación necesita tiempo y recursos, pero también instituciones y canales que permitan compartir sus resultados con la ciudadanía.

El 31 de marzo, una propuesta para reconocer la cultura sefardí

Entre las iniciativas que impulsa actualmente Mem Guímel figura la propuesta de reconocer el 31 de marzo como Día de la Cultura Judía Sefardí en España. Guahnich explica que la asociación mantiene contactos con distintas entidades y ayuntamientos para promover la celebración en el ámbito local y avanzar hacia un reconocimiento de alcance nacional.

La fecha se vincula al edicto de expulsión de los judíos de 1492. Según plantea Guahnich, la conmemoración puede servir para dar mayor visibilidad a una cultura estrechamente ligada a la historia española. La intención no es limitar el recuerdo a la expulsión, sino aprovechar la jornada para divulgar las aportaciones judías en los ámbitos cultural, social e histórico. La propuesta busca, en definitiva, que ese legado tenga un espacio propio en la memoria colectiva y sea conocido más allá de las comunidades directamente vinculadas a él.

Un cementerio virtual para documentar la memoria judía

La recuperación documental también se concreta en el proyecto del Cementerio Virtual Judío de España, cuya presentación está prevista para el 27 de octubre. Guahnich explica que la iniciativa acumula dos años y medio de trabajo y forma parte de un esfuerzo más amplio por investigar y preservar el patrimonio funerario judío.

En la conversación destaca la labor de María Elena Fernández, responsable del proyecto histórico de Mem Guímel, y señala que la asociación lleva años buscando información en archivos para localizar documentos y testimonios. Según detalla, ese trabajo de investigación se prolonga desde hace cinco años y constituye la base documental sobre la que se apoya la iniciativa.

La digitalización permite reunir materiales dispersos y facilitar su consulta, una posibilidad especialmente valiosa cuando se trata de reconstruir la historia de comunidades y familias a través de sus espacios funerarios. Para Mem Guímel, el proyecto abre una nueva vía para ordenar y difundir la información recuperada, además de dar continuidad a una labor de investigación que requiere paciencia y rigor. Guahnich confía en que Melilla alcance una posición destacada en este ámbito, aunque el propósito principal sigue siendo ampliar el conocimiento y la conservación de la historia judía.

En la visión del presidente de Mem Guímel, esa tarea tiene una dimensión que trasciende a la propia comunidad. La historia judía forma parte de la trayectoria de Melilla y ayuda a explicar su desarrollo y su diversidad cultural. Investigarla, documentarla y compartirla permite incorporar al relato de la ciudad voces y experiencias que durante mucho tiempo han recibido menos atención de la que merecen.

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