El verano cambia las rutinas. Hay más tiempo libre, más horas fuera de casa y también más momentos con el móvil en la mano. Las redes sociales se convierten para muchos en una herramienta para compartir las vacaciones, seguir la actualidad o simplemente pasar el rato. Pero también reabren un debate que cada año vuelve. ¿Se usan demasiado? ¿Los padres controlan lo que hacen sus hijos en internet? ¿Sirven para informarse o solo para entretenerse?
En España el uso de las redes sociales no deja de crecer. Más de la mitad de los usuarios entra varias veces al día y plataformas como Instagram y TikTok siguen ganando terreno. WhatsApp continúa siendo la aplicación más utilizada para comunicarse.
Durante las vacaciones esa sensación de estar siempre conectado parece multiplicarse. Hay quien publica cada playa que visita, cada comida y cada puesta de sol. Otros prefieren mirar lo que hacen los demás. El conocido "scroll" infinito se convierte en una forma de matar el tiempo durante los viajes, en la piscina, mientras se espera en una terraza o en el sofá de tu casa.
Sin embargo, los expertos recuerdan que el verano también invita a bajar la guardia. Compartir fotografías en tiempo real puede revelar que una vivienda está vacía o mostrar información personal que después resulta difícil borrar. La Agencia Española de Protección de Datos recomienda pensar dos veces antes de publicar y revisar siempre la privacidad de las cuentas.
El papel de las familias
Uno de los grandes desafíos sigue estando en casa. Muchos padres reconocen que establecen horarios o normas para el uso del móvil, pero no siempre es fácil hacerlas cumplir.
Un estudio sobre menores en España señala que la mayoría de las familias fija reglas para utilizar las redes sociales. Aun así, la comunicación sobre los problemas que pueden surgir en internet sigue siendo limitada. Los investigadores insisten en que hablar con naturalidad de lo que ocurre en las plataformas resulta tan importante como instalar controles parentales.
El equilibrio tampoco es sencillo. Los adolescentes reclaman privacidad, mientras que los padres buscan protegerlos. La realidad es que internet ofrece enormes oportunidades para aprender y relacionarse, pero también expone a riesgos como el ciberacoso, los perfiles falsos o el contacto con desconocidos.
Los datos reflejan esa preocupación. Uno de cada diez menores reconoce haber sufrido ciberacoso y la presencia en redes sociales comienza cada vez a edades más tempranas.
Por eso muchos especialistas recomiendan que el control no se limite a revisar el teléfono de vez en cuando. Lo importante es acompañar. Preguntar qué aplicaciones utilizan, con quién hablan, qué contenidos consumen y enseñarles a identificar situaciones de riesgo.
Informarse o entretenerse
Las redes sociales hace tiempo que dejaron de ser únicamente un espacio para compartir fotografías. Hoy muchos usuarios reciben las noticias directamente en Instagram, Facebook, X o TikTok.
También ocurre en Melilla. Numerosos vecinos siguen a medios de comunicación locales, instituciones, asociaciones y perfiles públicos para conocer qué ocurre en la ciudad. Una incidencia de tráfico, una convocatoria cultural o una decisión política suele aparecer primero en el teléfono antes incluso de escucharse en la radio o verse en televisión.
Eso sí, el entretenimiento sigue ocupando buena parte del tiempo. Vídeos cortos, humor, recetas, deporte o contenido sobre viajes dominan las pantallas durante el verano. El problema aparece cuando resulta difícil distinguir entre información contrastada y simples rumores.
Las noticias falsas continúan circulando con rapidez y, en muchas ocasiones, se comparten sin comprobar su origen. De ahí que periodistas y expertos en comunicación insistan en consultar fuentes fiables antes de dar credibilidad a cualquier publicación.
No todos utilizan las redes del mismo modo. Hay quienes comentan, publican y participan cada día. Otros prefieren observar sin escribir una sola palabra.
Ese comportamiento también ha cambiado con los años. Cada vez son más los usuarios que consumen contenido sin apenas interactuar. Ven vídeos, leen publicaciones y pasan a la siguiente. Una forma de uso silenciosa que, sin embargo, mantiene las plataformas igual de activas.
En el caso de los menores, algunos estudios advierten de que casi tres de cada diez reconocen sentirse enganchados a las redes sociales. Muchos saben que pasan demasiado tiempo conectados, aunque no siempre consideran que sea un problema.
Un equilibrio necesario
Las redes sociales forman ya parte de la vida cotidiana. También del verano. Permiten mantener el contacto con familiares, descubrir lugares, conocer lo que ocurre en Melilla casi al instante o encontrar información útil para el día a día.
Pero el reto sigue siendo el mismo. Utilizarlas con sentido común. Ni demonizarlas ni convertirlas en el centro de todo.
Porque detrás de cada pantalla hay personas. Y porque, por mucho que avance la tecnología, nada sustituye una conversación cara a cara, un paseo sin mirar el móvil o una tarde de vacaciones vivida sin pensar en la próxima publicación. Esa sigue siendo, probablemente, la mejor desconexión del verano.








