El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presenta un montaje expositivo especial dedicado a la restauración e investigación técnica realizada sobre Venus y Cupido, de Peter Paul Rubens, una intervención que ha permitido recuperar la luminosidad y el equilibrio cromático de la obra, además de profundizar en el conocimiento de los materiales y procedimientos empleados por el maestro flamenco.
El proyecto, desarrollado por el Área de Restauración del museo durante un año y medio, combina el trabajo de conservación con un amplio estudio científico. Gracias a análisis de laboratorio, radiografías, reflectografía infrarroja y el examen de micromuestras, los especialistas han podido reconstruir el proceso creativo de Rubens y documentar aspectos inéditos de la ejecución de la pintura.
La restauración se ha centrado en eliminar el barniz oxidado que cubría el lienzo y que, con el paso del tiempo, había adquirido una intensa tonalidad amarillenta. Ese envejecimiento alteraba por completo la percepción de los colores originales, especialmente en las carnaciones de Venus y Cupido, ocultando matices, profundidad y la sensación de perspectiva concebidas por el artista.
Además de retirar ese recubrimiento envejecido, el equipo consolidó pequeñas zonas de la capa pictórica afectadas por craquelados y leves levantamientos de pintura, reforzando así la estabilidad de la obra para garantizar su conservación futura.
Los estudios han confirmado que el cuadro fue restaurado con anterioridad, aunque no existen documentos que permitan conocer cuándo se realizó esa intervención. También se ha constatado que el lienzo original, compuesto por una única pieza de tela, fue reentelado para reforzar daños estructurales y que sus bordes fueron recortados, una práctica habitual en restauraciones antiguas.
El análisis de los materiales ha permitido identificar la compleja técnica empleada por Rubens. Sobre un aparejo de carbonato cálcico aplicó una imprimación gris formada por albayalde, carbón vegetal y carbonato cálcico, antes de construir la composición mediante sucesivas capas de óleo con pigmentos como bermellón, minio, amarillo de plomo y estaño, azurita, tierras y negro de huesos. En las zonas rojas utilizó además laca de cochinilla, tanto mezclada con otros pigmentos como aplicada en delicadas veladuras.
Uno de los hallazgos más destacados ha sido la identificación de una base blanca aplicada bajo las figuras de Venus y Cupido. La radiografía revela que Rubens extendió esa imprimación con espátula antes de pintar las carnaciones, buscando potenciar la luminosidad de los cuerpos frente al fondo oscuro, un recurso característico de su lenguaje pictórico.
Las imágenes obtenidas mediante reflectografía infrarroja muestran, por su parte, un dibujo subyacente muy preciso, especialmente en los rostros, el cabello y las joyas de Venus, lo que confirma que el pintor partía de una composición claramente definida. No obstante, el estudio también ha detectado pequeñas correcciones realizadas durante el proceso creativo, sobre todo en la posición de los pies y algunas extremidades de Cupido.
La investigación refuerza además la relación de esta obra con Tiziano. Los especialistas recuerdan que Rubens admiró profundamente al maestro veneciano y realizó varias copias de sus pinturas durante sus estancias en la corte española. Venus y Cupido pertenece precisamente a ese conjunto de versiones que el artista conservó en su taller.
La intervención ha alcanzado igualmente al marco, una pieza francesa de estilo Regencia realizada posteriormente a la pintura. Los restauradores eliminaron suciedad, depósitos de betún de Judea y consolidaron grietas y pérdidas volumétricas, respetando al mismo tiempo la pátina histórica que caracteriza al dorado. La reintegración se efectuó con materiales reversibles para garantizar futuras intervenciones sin alterar la pieza original.
Con este montaje especial, el Museo Thyssen acerca al visitante el trabajo que habitualmente permanece oculto tras las salas de exposición. La muestra permite comprender cómo las técnicas científicas aplicadas a la conservación no solo garantizan la preservación de las obras, sino que también amplían el conocimiento sobre la forma de trabajar de los grandes maestros de la historia del arte y devuelven al público una visión mucho más cercana a la concebida originalmente por Rubens.








