El Día de las Bibliotecas se celebrará el sábado 24 de octubre con una propuesta infantil abierta a toda la ciudadanía en el Parque Hernández. La iniciativa, denominada 'Biblioteca Viva', combinará un cuentacuentos interactivo con marionetas de clásicos como 'Caperucita Roja', 'Los tres cerditos' y 'Pinocho', y un taller de dibujo en el que los participantes podrán conseguir el Carné de Súper Lector.
La Biblioteca Pública de Melilla conmemorará el Día de las Bibliotecas con una actividad pensada para acercar la lectura a los más pequeños y compartir con las familias una jornada de cuentos, imaginación y participación. La cita tendrá lugar a partir de las 12:00 horas en la puerta principal de acceso al Parque Hernández desde la Plaza de España, junto a la cafetería, en un espacio abierto que permitirá ampliar la convocatoria y facilitar la asistencia sin necesidad de inscripción previa. Bajo el nombre de 'Biblioteca Viva', la propuesta trasladará temporalmente la actividad bibliotecaria al exterior para convertir los relatos tradicionales en una experiencia compartida en la que los niños no serán únicamente espectadores, sino también protagonistas.
La celebración se enmarca en una efeméride que se conmemora cada 24 de octubre desde 1997. La elección de esta fecha está vinculada a la destrucción de la Biblioteca Nacional de Sarajevo durante la guerra de Bosnia, en el contexto de los conflictos de los Balcanes. Aquel episodio simboliza la pérdida de un patrimonio cultural y documental de enorme valor y recuerda cómo las guerras pueden atacar no solo edificios, sino también la memoria colectiva, el conocimiento y el acceso a la cultura. La Asociación de Amigos del Libro Infantil y Juvenil impulsó la celebración del Día de las Bibliotecas para rendir homenaje a estos espacios y reivindicar su papel como lugares de conservación, difusión y transmisión del saber.
Cada año, un lema
Cada año, la conmemoración cuenta con un cartel y un lema que invitan a reflexionar sobre la función de las bibliotecas y los retos a los que se enfrentan. En 2026, la ilustradora Carmen Segovia firma el cartel bajo el lema "Sin profesionales no hay biblioteca", una declaración que pone el foco en las personas que hacen posible el funcionamiento de estos servicios públicos. Para Sonia Gil, directora de la Biblioteca Pública de Melilla, el mensaje sirve para reivindicar una profesión especializada que con frecuencia se percibe de forma simplificada, como si cualquier persona pudiera desempeñar sus funciones sin una preparación específica.
El trabajo bibliotecario, explica Gil, abarca mucho más que la atención directa a los lectores o la colocación de los libros en las estanterías. Los profesionales deben conocer las colecciones, orientar a quienes buscan una lectura concreta y ayudar a quienes llegan sin saber qué título elegir. Una recomendación de novela histórica, por ejemplo, requiere conocimientos que permitan identificar los intereses del usuario y ofrecerle propuestas adecuadas. A ello se suma toda la labor técnica y administrativa que precede a la llegada de una publicación a las manos del lector: el registro, el sellado, la incorporación de las medidas de seguridad, la catalogación, el alta en el sistema y la asignación de la signatura y del tejuelo. Es un proceso minucioso que garantiza que cada ejemplar pueda localizarse, organizarse y ponerse a disposición del público.
Esta especialización adquiere una importancia particular en espacios como la sala de investigación de la Biblioteca Pública de Melilla, donde se conservan libros que datan del siglo XVI. Se trata de materiales delicados que necesitan unas condiciones de consulta y manipulación específicas para evitar su deterioro. Los ejemplares permanecen protegidos en vitrinas cerradas con llave y deben solicitarse al personal responsable de la sala. Por ese motivo, el acceso requiere cita previa y la consulta se realiza siguiendo pautas de conservación, entre ellas utilizar lápiz en lugar de bolígrafo y extremar las precauciones durante la manipulación. Gil subraya que preservar estas obras es una responsabilidad esencial, ya que su fragilidad exige cuidados especiales para que puedan seguir formando parte del patrimonio documental y cultural.
Junto al lema de este año, la conmemoración mantiene desde 2019 otro mensaje que amplía la mirada sobre estos espacios: "Bibliotecas aptas para todos los públicos". La directora destaca que las bibliotecas no están destinadas exclusivamente a los niños, a quienes leen novelas o a las personas que acuden a estudiar. Sus servicios deben responder a necesidades diversas, desde las de quienes se acercan a leer la prensa o consultar revistas hasta las de los investigadores y las familias con menores que todavía no saben leer. En este último caso, los libros ilustrados permiten que los niños exploren las imágenes, construyan sus propias historias y compartan con sus padres una primera experiencia de acercamiento a la lectura.
La inclusión también forma parte de ese objetivo. La Biblioteca Pública de Melilla dispone de una colección de novelas en braille, recibida mediante una donación, así como de libros de lectura fácil dirigidos a distintos grupos de edad. A estos fondos se suman libros con texturas, pensados para quienes necesitan explorar los materiales mediante el tacto. La directora reconoce que siempre queda camino por recorrer, porque una colección bibliográfica nunca está terminada y debe renovarse continuamente, pero insiste en la importancia de procurar que todas las personas encuentren su lugar y dispongan de recursos adecuados a sus necesidades.
Actividades en el Parque Hernández
Con esta filosofía de apertura, la Biblioteca Pública ha elegido una actividad infantil que pueda disfrutar un público amplio y heterogéneo. Gil explica que algunas propuestas anteriores se desarrollaban mediante inscripción previa y con grupos reducidos, una fórmula que facilita el trabajo de las monitoras y permite controlar el ruido dentro de las instalaciones. Sin embargo, para esta edición se ha querido ofrecer una convocatoria abierta a todos los niños y sus familias, en consonancia con el propósito de que la biblioteca sea un espacio accesible para todos. Celebrarla en el Parque Hernández responde también a la necesidad de evitar molestias a quienes utilizan las salas interiores para estudiar o preparar oposiciones. La actividad estará debidamente señalizada para que los asistentes identifiquen su vinculación con la Biblioteca Pública y con el Día de las Bibliotecas.
La primera parte de 'Biblioteca Viva' será un teatro de marionetas interactivo en torno a tres cuentos clásicos: 'Caperucita Roja', 'Los tres cerditos' y 'Pinocho'. Las historias se presentarán en versiones breves, de aproximadamente diez minutos cada una, adaptadas al público infantil para mantener su atención y favorecer la participación. La duración prevista de las representaciones se sitúa entre diez y quince minutos por cuento, dentro de una propuesta que evitará los relatos excesivamente largos. Los niños podrán hablar con los personajes, responder a sus preguntas y tomar pequeñas decisiones sobre cómo continúa la historia. De esta manera, el cuentacuentos se convertirá en una experiencia dinámica en la que la narración se combinará con la imaginación y la intervención de los asistentes.
La elección de estos títulos responde, además, al interés por recuperar la presencia de los cuentos tradicionales en las experiencias lectoras de las nuevas generaciones. Gil observa que muchos niños se acercan actualmente a colecciones infantiles de publicación reciente, mientras que algunos relatos clásicos pueden quedar en un segundo plano. Por ello, la actividad busca despertar de nuevo la curiosidad por historias que forman parte de la tradición literaria infantil y que siguen ofreciendo oportunidades para imaginar, interpretar y compartir. La representación puede ser también el primer paso para que algún participante quiera acudir después a la biblioteca, buscar uno de esos títulos y llevárselo a casa para leerlo con su familia.
Tras el teatro de marionetas llegará la segunda parte de la jornada: un taller de dibujo libre inspirado en cualquiera de los cuentos representados. Los niños podrán plasmar en el papel los personajes, las escenas o las ideas que más les hayan llamado la atención, de acuerdo con su edad y su capacidad creativa. No se busca que todos realicen el mismo dibujo, sino que cada participante encuentre una forma propia de expresar lo que ha visto y escuchado. La combinación de narración, interacción y creación artística pretende reforzar la imaginación y vincular la lectura con una actividad práctica en la que los menores puedan implicarse activamente.
La organización ha preparado, además, un incentivo para animar a los participantes a completar las dos propuestas: el Carné de Súper Lector. Para conseguirlo, los niños deberán reunir dos sellos. El primero se entregará a quienes asistan al cuentacuentos de las 12:00 horas; el segundo se concederá al finalizar el taller, una vez realizado y entregado el dibujo inspirado en alguno de los relatos. Cuando hayan completado ambos pasos, recibirán su carné al instante. El sistema permitirá que los menores sigan el desarrollo de la actividad como un pequeño reto y se lleven a casa un reconocimiento por su participación, sin necesidad de realizar una inscripción previa.
Gil considera que este tipo de iniciativas puede contribuir a atraer a nuevos usuarios y despertar el interés por los servicios bibliotecarios entre quienes todavía no conocen las instalaciones o no participan habitualmente en sus actividades. Aunque muchos de los niños que acuden a los talleres ya están familiarizados con la Biblioteca, una convocatoria abierta ofrece la posibilidad de llegar a otras familias y despertar nuevas inquietudes lectoras. El carné, explica, añade un componente ilusionante a la experiencia y permite asociar el acercamiento a los libros con una actividad divertida y participativa.








