El Kursaal afina los últimos detalles de la obra sobre los Tercios de Flandes antes de su estreno

El ensayo general celebrado este viernes reunió en el Teatro Kursaal a la compañía IV Recinto, el Ballet Colores, las voces de María Mendoza y Sebastián Alarcón y los 28 músicos de la Unidad de Música de la Comandancia General de Melilla, bajo la dirección de Paco Casaña

Antes de que el público ocupe sus butacas y el telón se eleve definitivamente este sábado 28 de febrero a las 20.30 horas en el Teatro Kursaal para disfrutar de la obra musical 'De Pavía a Breda', el escenario ya late con vida propia. Cantantes, actores, actrices, bailarinas y los 28 músicos de la Unidad de Música de la Comandancia General de Melilla ultiman el último día de ensayo general de la obra musical sobre los Tercios de Flandes, dirigida por Paco Casaña. Sobre las tablas confluyen la compañía de teatro IV Recinto, el Ballet Colores y las voces de María Mendoza y Sebastián Alarcón en una propuesta con entrada libre hasta completar aforo.

Entrar en un ensayo es asomarse al lugar donde todo empieza a encajar. Nada es aún definitivo, pero todo debe estar medido. El atuendo, la escenografía, el audio, la iluminación. Cada elemento se prueba bajo un ambiente distendido que, sin embargo, no resta concentración. Micrófonos que se ajustan uno a uno, filas de posición que se corrigen, movimientos que se repiten hasta encontrar el punto exacto.

El vestuario ya no es un simple complemento: forma parte esencial del ensayo. Cada intérprete viste atuendo de época. Corazas y equipos pesados, algunos procedentes de los fondos propios de la agrupación y otros cedidos por una asociación de Valencia especializada en la recreación de los Tercios de Flandes, aportan peso real y presencia histórica. No es lo mismo declamar con ropa de ensayo que hacerlo con una capa que debe ajustarse o con un sombrero que condiciona el gesto.

En pequeños grupos comienzan los ejercicios de interpretación. La compañía IV Recinto repasa el guion, marca posiciones y corrige desplazamientos. Los nombres propios se disipan y dejan paso a los personajes: capitanes, curas, literatos, militares, pueblo llano. La identidad se transforma en algo más que vestimenta. El personaje se asume en la postura, en la voz, en la mirada, en el movimiento.

Mientras tanto, el foso va llenándose. Las sillas se mueven, los instrumentos de metal, madera y percusión buscan su lugar exacto. Los músicos afinan, prueban compases, miden potencia. Tocar "piano", entrar a tiempo, escucharse unos a otros. Desde abajo, aunque no siempre visibles para el espectador, serán los encargados de inundar la sala con la música en directo que sostendrá la narración.

Las voces de María Mendoza y Sebastián Alarcón prueban matices y entradas. Ajustan la proyección para que cada palabra se entienda con claridad y cada nota encuentre su espacio en la acústica del Kursaal. La música no acompaña únicamente: dialoga con la escena y con la voz en off que guía el relato histórico.

Sobre el escenario, las mesas y sillas del decorado ocupan su posición definitiva. No vale cualquier lugar. Todo debe responder a un orden preciso: qué elemento sale, cuándo sale, por dónde entra un actor o actriz, en qué momento se levantan e intervienen, en qué momento baja o sube el telón. Las lonas dividen el espacio y permiten ocultar la sorpresa. Suben y bajan marcando transiciones que deben sincronizarse con la música, la voz en off o la intervención en directo.

“Vamos a empezar ya, cada uno a su mesa”. La indicación resuena en la sala. Baja el primer telón. Se guarda silencio. El ensayo general no es una simple prueba; es la antesala real de la representación. Aquí ya no hay margen para improvisaciones que no se ajusten al sentido final de la obra musical.

El Ballet Colores ensaya sus desplazamientos. Los pasos coreográficos se adaptan al espacio real que este sábado recibirá al público. Giros medidos, trayectorias ajustadas, coordinación con los músicos que sostienen el ritmo desde el propio escenario con guitarra, pandero y viento, describiendo la música popular del Siglo de Oro. La danza se integra en la narración, aportando movimiento a los episodios que recrean las campañas militares de los Tercios con diálogos interpretados que afinan los detalles de batallas y conquistas.

La voz en off ocupa su espacio para describir hazañas, situar el contexto y contar los hechos vinculados a los Tercios de Flandes y sus campañas militares. La obra recorre ese periodo histórico que aglutinó distintos estratos sociales en torno a la milicia y que también marcó la trayectoria de figuras literarias como Calderón de la Barca o Garcilaso de la Vega, quien desarrolló parte de su carrera vinculado a los Tercios.

Tres espacios dialogan constantemente: el escenario, el foso y la cabina técnica. Sonido e iluminación deben entenderse a la perfección. Una señal da paso a la siguiente. Una entrada mal medida puede alterar el ritmo completo. Técnicos, músicos y actores deben compartir un lenguaje común sobre el escenario.

Conversaciones breves, gesticulaciones que se corrigen, pasos que se repiten. Música e instrumentos populares acompañan escenas que alternan lo militar con lo cotidiano, lo solemne con lo popular. Cada gesto añadido o movimiento por las tablas perfila el carácter de los personajes y ayuda a comprender los acontecimientos históricos que se relatan.

Desde el escenario se percibe la amplitud de la obra. Observar desde allí permite comprender la complejidad de este engranaje. Observar desde la posición del que interpreta o actúa mirando al público, con los focos iluminando, los altavoces permitiendo la resonancia del sonido  Un sonido influido por la voz que relata o la voz que canta, pero que uno escucha con intensidad allí subido. Una capa que hay que ajustar, un tono que se desvía ligeramente, una luz que entra antes de tiempo. Todo se revisa. Todo se pule.

El ensayo avanza con entradas de actores y voces que se superponen. Coros, canciones populares, intervenciones solistas. El movimiento debe adaptarse al espacio definitivo, al lugar exacto que ocupará cada intérprete cuando la sala esté llena. El escenario se viste con elementos de escenografía que permiten situar no sólo el momento, sino el lugar donde se desarrolla la narración, permitiendo traspasar la barrera del tiempo.

No hay aplausos aún. Solo concentración. Solo trabajo. El ensayo general es el momento en que la historia deja de ser texto para convertirse en acción. Donde los Tercios de Flandes dejan de ser un capítulo y pasan a encarnarse en voces, música e interpretación.

Este sábado, a las 20.30 horas, con entrada libre hasta completar aforo, el público verá el resultado final. Cuando el telón vuelva a levantarse, todo deberá fluir como si fuera la primera vez, pero con la perfección de la cohesión y el diálogo entre decenas de personas que ocupan tablas y foso. Detrás de esa aparente naturalidad que el público podrá disfrutar, habrá horas de ajustes, silencios, señales y complicidades tejidas en el Teatro Kursaal bajo la dirección de Paco Casaña.

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