La visita de los Reyes a Melilla también se vivió entre los pasillos, las habitaciones y los salones del Hotel Melilla Puerto. Detrás de su estancia hubo días de preparativos, cambios en el funcionamiento habitual y coordinación con los equipos de seguridad y protocolo. Todo para que la jornada transcurriera sin contratiempos. Y, a juzgar por el balance de su director, Andrés Montiel, el resultado fue muy positivo.
"Nuestro personal estuvo muy involucrado. La familia real, encantadora, y el equipo de Casa Real, inmejorable", resume. Montiel destaca la profesionalidad de todos los equipos con los que trabajaron, desde protocolo hasta seguridad y prensa. Una coordinación que, asegura, permitió que todo saliera a la perfección.
Pero organizar una estancia de estas características no es como recibir a cualquier otro huésped. La información fue llegando poco a poco y el hotel tuvo que prepararse antes de conocer todos los detalles. De hecho, reservaron varias suites por precaución para esas fechas, aunque todavía no tenían confirmación de que los Reyes necesitarían habitaciones en el establecimiento.
Finalmente, Casa Real se puso en contacto con Montiel para solicitar habitaciones de apoyo. La incertidumbre se mantuvo hasta los últimos días, especialmente sobre si el monarca comería en el hotel. Dos o tres días antes de la visita supieron que así sería. Después llegó el equipo de protocolo para concretar cómo querían organizarlo todo.
El menú corrió a cargo del propio establecimiento. Entre los platos se incluyeron briwats de pollo, una preparación habitual en la gastronomía melillense. "No sobró ninguna", cuenta.
Medidas especiales
La llegada de los Reyes también obligó a modificar algunas rutinas. Por motivos de seguridad, se instalaron un arco detector y un escáner. Tanto los clientes que acudían a realizar el registro de entrada o salida como los trabajadores debían pasar por estos controles.
Además, se cerró temporalmente el acceso que conecta la cafetería con el hotel para evitar interferencias durante el recorrido y los actos previstos. Hubo algunas protestas por las esperas, reconoce el director, aunque también entiende que la visita suponía una oportunidad poco habitual para quienes se encontraban allí.
"Tú tienes a los Reyes y te dicen que tienes que esperar diez minutos hasta que terminen. Bueno, tú te quedas allí mirándolos. Es un acontecimiento para cualquier persona", explica.
La jornada estuvo marcada por los horarios y las medidas de seguridad, pero también por los encuentros espontáneos. Los Reyes llegaron al hotel alrededor de la una y media después de una jornada en la que se habían detenido a saludar a numerosos melillenses.
Durante su estancia, los trabajadores pudieron comprobar esa cercanía de primera mano. Montiel señala que los monarcas saludaban a las personas con las que se cruzaban y que el ambiente entre el personal fue de ilusión.
El mensaje
Uno de los momentos destacados fue el besamanos organizado en el establecimiento. El acto se desarrolló por "filas y colores" y duró unos 45 minutos.
Después, el Rey pronunció unas palabras en el salón Melilla. Montiel recuerda un discurso de cerca de 15 minutos en el que Felipe VI mostró su apoyo a la ciudad y a sus habitantes. "Todo lo que decía era una verdad sobre otra", afirma.
El monarca transmitió que se había sentido arropado por el cariño de los melillenses y que se marchaba con ganas de volver. Un sentimiento que, según el director, también se percibió durante el aperitivo posterior, en el que los Reyes siguieron saludando a los asistentes.
La Reina, además, mantuvo una conversación con unas familias. Montiel no ofrece más detalles sobre ese encuentro, pero sí destaca que la vio muy implicada en lo que le estaban contando. "Muy cercana", resume.
La despedida tuvo también un momento especial para los trabajadores. Montiel había consultado con el jefe de protocolo la posibilidad de hacerse una fotografía con el Rey. La respuesta fue afirmativa, aunque debía esperar hasta el momento de la salida para no alterar la agenda.
Así que el personal se reunió en la puerta. Los reyes se acercaron y se hicieron la foto con ellos. Un recuerdo que puso el broche a una jornada intensa.
Alrededor de las nueve de la noche, cuando terminó el acto, varios miembros de los equipos volvieron a reunirse en el vestíbulo. Hubo felicitaciones mutuas por el trabajo realizado. El director insiste en que, aunque la experiencia fue extraordinaria, también supuso una responsabilidad y una carga de estrés para toda la plantilla.
El hotel ya había recibido a otras personalidades de gran relevancia. Sin embargo, para Montiel, esta visita tuvo un significado diferente. "Ha sido el jefe del Estado. Son palabras mayores", señala.
La valoración final no puede ser mejor. La organización, la coordinación y la respuesta del personal estuvieron a la altura de una visita histórica para el establecimiento. Y queda, sobre todo, el recuerdo de unos Reyes que, según su director, se mostraron cercanos durante toda la jornada.








