Practicar deporte durante el embarazo sigue generando dudas entre muchas mujeres. ¿Es seguro hacer ejercicio? ¿Qué actividades conviene evitar? ¿Puede afectar al desarrollo del bebé? Según la evidencia científica actual, mantenerse activa durante la gestación es recomendable en la mayoría de los casos, siempre que no existan contraindicaciones médicas y se sigan las indicaciones de los profesionales sanitarios.
Julio Maset, director médico de Cinfa, explica que hace años no había suficiente información científica sobre los efectos del ejercicio durante el embarazo. Sin embargo, los estudios han permitido comprobar que la actividad física moderada puede aportar numerosos beneficios tanto para la madre como para el bebé.
Entre ellos, se encuentra una menor probabilidad de sufrir complicaciones como la diabetes gestacional, los problemas hipertensivos o una ganancia excesiva de peso durante el embarazo. También puede ayudar a prevenir el dolor lumbar, la incontinencia urinaria y la depresión posparto. Además, el ejercicio se relaciona con una mayor probabilidad de parto vaginal.
Pero no todas las mujeres pueden practicar deporte de la misma manera. Antes de empezar, es importante que un profesional sanitario valore la situación de cada embarazada y determine qué actividades son adecuadas, con qué intensidad y durante cuánto tiempo.
Adaptar el ejercicio
La condición física previa es uno de los factores que deben tenerse en cuenta. Una mujer que llevaba una vida sedentaria antes del embarazo puede comenzar a realizar ejercicio, pero debe hacerlo de forma progresiva y sin someterse a esfuerzos intensos.
En cambio, quienes practicaban deporte de manera habitual pueden mantener una rutina moderada, siempre que su estado de salud lo permita. En ambos casos, es aconsejable adaptar los entrenamientos a los cambios que experimenta el cuerpo durante la gestación y contar con el asesoramiento de profesionales cualificados.
El doctor Maset recomienda que las mujeres sin contraindicaciones médicas se mantengan físicamente activas. Como referencia general, 150 minutos semanales de actividad física moderada, repartidos a lo largo de varios días, permiten obtener beneficios para la salud y reducir el riesgo de determinadas complicaciones.
La rutina puede combinar ejercicios para mejorar la resistencia aeróbica, fortalecer los músculos, trabajar el equilibrio y la coordinación y mantener la flexibilidad. También es importante prestar atención al suelo pélvico, que desempeña un papel fundamental durante el embarazo y el parto.
Eso sí, hacer ejercicio no significa llevar el cuerpo al límite. El objetivo es conservar una buena condición física, no alcanzar el máximo rendimiento. Por eso, los programas específicos para embarazadas o la supervisión de un entrenador cualificado pueden ayudar a realizar los movimientos correctamente y ajustar el esfuerzo a las necesidades de cada mujer.
Deportes a evitar
Aunque el ejercicio moderado suele ser beneficioso, existen actividades que pueden entrañar riesgos durante la gestación. Los deportes con posibilidad de caídas, golpes o traumatismos en el abdomen deben quedar fuera de la rutina. Entre ellos figuran la equitación, el esquí alpino, el fútbol, el baloncesto y los deportes de contacto. También conviene evitar los movimientos bruscos y las posiciones muy forzadas.
Hay otras precauciones que no deben pasarse por alto. Después del primer trimestre, es recomendable no permanecer mucho tiempo tumbada boca arriba durante el ejercicio, especialmente si esa posición provoca mareos, náuseas o taquicardia. Tampoco es aconsejable pasar periodos prolongados de pie sin moverse.
Los ejercicios hipopresivos y aquellos que implican la maniobra de Valsalva, es decir, realizar un esfuerzo respiratorio sin expulsar el aire, también deben evitarse durante el embarazo. A esto se suma la recomendación de no practicar buceo ni deportes en altitud, debido a los posibles riesgos para el feto.
El calor es otro factor que conviene controlar. Hacer ejercicio en ambientes muy calurosos o húmedos puede elevar demasiado la temperatura corporal. Por ello, es preferible evitar las horas de mayor exposición solar, buscar lugares frescos y beber agua antes, durante y después de la actividad.
Valoración médica
No todas las gestaciones evolucionan igual. Por eso, determinadas situaciones requieren una valoración específica antes de practicar deporte. Entre las contraindicaciones señaladas por Cinfa figuran la placenta previa después de la semana 20, la amenaza de parto prematuro y la preeclampsia. En los embarazos múltiples también puede ser necesario limitar o adaptar la actividad física.
Otros antecedentes, como las pérdidas recurrentes de embarazos, la hipertensión gestacional controlada o determinadas enfermedades cardiovasculares y respiratorias, requieren que el ginecólogo o la matrona estudien cada caso y aconsejen la opción más adecuada.
Con una rutina moderada y el seguimiento médico correspondiente, el ejercicio puede convertirse en un aliado para cuidar la salud durante la gestación.








