Opinión

El cuaderno del jardín

LA HABILIDAD con la Pepa Caro nos envuelve en sus relatos constituye, a mi juicio, una amable invitación para vivamos estos espacios próximos en los que convivimos con los demás seres de la naturaleza. Ella nos explica de manera bella y, al mismo tiempo, profunda, cómo, por ejemplo, los árboles no son criaturas opuestas a nosotros sino unos compañeros y amigos que, además de salvarnos del aburrimiento, nos transmiten unas estimulantes invitaciones para que convivamos gratamente con ellos.

En mi opinión, si leemos sin “prejuicios ideológicos” El cuaderno del jardín”, descubrimos que tú y yo somos parte de esa naturaleza que a veces despreciamos y maltratamos. No tenemos en cuenta que, por ejemplo, nuestras actividades más humanas como, por ejemplo, las sensaciones, el pensamiento y las emociones se manifiestan y se elaboran gracias al cuerpo y que, por lo tanto, nosotros somos cuerpos que pensamos y sentimos, y que nuestras relaciones con las demás personas y con los demás seres de la naturaleza están tejidas con sensaciones y con emociones. Desgraciadamente los prejuicios han separado las tareas del filósofo y del ingeniero, las del carpintero y el profesor, y las del labrador y el poeta. Esa “vieja tradición” tiene su origen en la persistente separación del cuerpo y el espíritu, y en el distanciamiento progresivo de la naturaleza y el hombre.

La obra de Pepa Caro nos estimula y nos orienta para que nos acerquemos a este campo, a este mar y a este cielo a través del pensamiento, del arte y de la poesía con el propósito de, además de lograr los alimentos para nutrir nuestros cuerpos, humanicemos la naturaleza» concibiéndola y tratándola, no como un espacio extraño, oscuro o incognoscible, sino como un territorio próximo, cognoscible y amable.

Esta obra nos demuestra cómo la distancia entre la naturaleza y nosotros se acorta a medida en que descubrimos sus secretos y se nos aparece como «más nuestra, más próxima y más amiga»: sí, cuando pasamos de la dominación a la amistad. Pepa Caro, en su obra El cuaderno del jardín nos explica con claridad y con belleza cómo la naturaleza es nuestro ámbito familiar humanizado y domesticado. ¿Por qué? Porque todos, nosotros y ella, formamos parte de lo natural y porque cualquier trabajo humano es también la expresión de la energía de la misma naturaleza. El punto de partida es que nosotros, tú y yo, somos la variante más rica de las fuerzas naturales. Por eso, en mi opinión, su elogio de los árboles, por ejemplo, es el reconocimiento de que ella y nosotros somos también parte de la naturaleza.

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