GRA317. MELILLA, 25/01/2016.- Un equipo de bomberos supervisa los daños en la estructura de la emblemática Iglesia Castrense de Melilla, ubicada en la Plaza de las Culturas, causados por el terremoto de 6,3 grados en la escala de Richter registrado la pasada madrugada en el mar de Alborán, que ha dejado más de una veintena de heridos de carácter leve, 11 familias desalojadas y daños materiales en Melilla, además de haberse sentido en Andalucía. EFE/Francisco G. Guerrero
La magnitud de la sacudida, 6,3 grados en la escala Richter, provocó graves destrozos en distintas zonas de la ciudad y hacía cundir el pánico entre los vecinos. Muchos se subieron a sus vehículos en busca de zonas elevadas por temor a las réplicas que sin duda se producirían. Otros se limitaron a salir de sus hogares, con la intención de que un nuevo temblor no los cazara atrapados entre cuatro paredes.
Finalmente, no hubo que lamentar daños personales de consideración, pues ese balance se saldó con 26 heridos leves. Sin embargo, los desperfectos fueron cuantiosos en muchos edificios, tanto públicos como particulares. Esto último causó que decenas de familias tuvieran que ser evacuadas de sus viviendas ante el riesgo que corrían de permanecer en ellas.
Cuatro de estas unidades familiares todavía no han podido regresar a sus casas y El Faro cuenta hoy la historia de una de ellas. Pero, a lo largo de estos doce meses, este periódico ha dado voz a otras personas en sus mismas circunstancias, así como a las autoridades que tuvieron que hacer frente a la catástrofe y a los profesionales que trabajaron duro para que los inmuebles dañados no acabaran viniéndose abajo. Llegados a este punto, hay que hacer una mención especial al Cuerpo de Bomberos, cuyos efectivos acudieron allá donde se les requería mostrando su pericia saneando fachadas dañadas o apuntalando techos que amenazaban con derrumbarse.
Ha transcurrido un año desde la jornada que hizo temblar a Melilla. Todavía queda trabajo por hacer a la hora de ayudar a las familias que aún no han recibido compensaciones por los daños sufridos en sus hogares. También quedan algunos edificios cuya rehabilitación no ha sido completada. Pero, doce meses después, la imagen de la ciudad es claramente otra. Así lo demuestra la reforma de símbolos como el Palacio de la Asamblea, uno de los más edificios que más daños sufrieron. Ahora hay que seguir mirando hacia adelante y trabajar para que aquel 25 de enero de 2016 no sea más que un recuerdo
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