Del laboratorio al píxel: 20 ediciones de ‘Mirando al Jazz’ capturando la esencia del escenario

La exposición se ha convertido en un proyecto transversal dentro de la Escuela de Arte, implicando no solo al alumnado de Fotografía, sino también a los departamentos de Diseño Gráfico, Diseño Web, Dibujo y Serigrafía

La UNED Melilla inauguró el pasado martes la vigésima edición de la exposición Mirando al Jazz, una cita ya consolidada dentro de las Jornadas sobre Jazz que se celebran hasta el próximo viernes 20 de febrero. La muestra, fruto de la colaboración entre la institución universitaria y la Escuela de Arte, vuelve a convertir la música en imagen y el escenario en aula, en un proyecto que cumple dos décadas de recorrido.

Detrás de cada fotografía expuesta hay un proceso que comienza mucho antes de que el público recorra la sala. El alumnado del departamento de Fotografía de la Escuela de Arte participa activamente durante los conciertos y ensayos del ciclo, cámara en mano, moviéndose con cautela entre músicos y espectadores. No se trata únicamente de capturar una actuación, sino de aprender a mirar, a decidir qué encuadre define mejor un gesto, cómo dialogan la luz y el movimiento sobre el escenario o de qué manera una imagen puede trascender lo meramente documental.

El jefe del departamento de Fotografía, Iván Villafaina, quien lleva 17 años al frente del proyecto recogiendo el legado de Juan Ramón Carneros, explica que esta dinámica forma parte de la programación académica y que, aunque la estructura se repite cada año, la experiencia es nueva para cada promoción. Durante la semana del jazz, los estudiantes trabajan en los conciertos, realizan fotografías en las primeras canciones —con el objetivo de respetar al público y a los músicos— y posteriormente afrontan un proceso de selección y edición que culminará en la exposición del año siguiente.

En ese recorrido se conjugan dos dimensiones. Por un lado, la documental, necesaria para dejar constancia de lo que sucede: el pianista concentrado sobre el teclado, el contrabajo marcando el pulso, la trompeta suspendida en el aire o la cantante frente al micrófono. Por otro, la vertiente más personal, aquella que invita al alumnado a reinterpretar lo que ve. Villafaina insiste en que, aun partiendo del mismo escenario y de los mismos músicos, el objetivo es que cada estudiante encuentre su propia mirada. La limpieza o complejidad del encuadre, la apuesta por la abstracción o el detalle, el juego con la luz o el movimiento son elementos que permiten distinguir una firma detrás de cada imagen.

La relación con los músicos también forma parte del aprendizaje. Los fotógrafos asisten a los ensayos, donde el ambiente es más distendido y pueden captar detalles con otra luz y otro ritmo. Durante los conciertos, la interacción se basa en el respeto. Los músicos, centrados en el público, desarrollan su actuación mientras el alumnado busca ese instante que conecte ambos mundos: el del escenario y el de la sala. Esa conexión, invisible pero perceptible, es la que muchas veces termina convertida en imagen.

Si algo refleja esta vigésima edición es la evolución que ha experimentado el proyecto desde sus inicios. Las primeras exposiciones fueron completamente analógicas. El revelado en laboratorio y el trabajo con carretes formaban parte del proceso habitual que hoy se mantiene en imágenes impresas que el departamento guarda como signo de la memoria y del trabajo de los alumnos y alumnas que han pasado por el ciclo de Fotografía. Con el paso de los años, y ante las dificultades logísticas y de suministro de material, la fotografía digital fue ganando terreno hasta convertirse en el formato predominante. Ese tránsito de lo analógico a lo digital no solo ha supuesto un cambio técnico, sino también una adaptación natural del departamento a los nuevos tiempos, sin renunciar al rigor en el proceso ni a la exigencia en el resultado final.

La exposición no es únicamente una selección de imágenes enmarcadas y colgadas en la pared. Es la culminación de un trabajo que exige planificación, coordinación y cumplimiento de plazos. Desde la toma de fotografías hasta la edición definitiva, todo responde a una maquinaria que debe funcionar con precisión para que el público encuentre una muestra cuidada y coherente reflejando los conciertos que se vivieron un año atrás. Para el alumnado, supone comprender que detrás de cada exposición hay un proceso profesional que va más allá del disparo de la cámara.

Con el paso de los años, Mirando al Jazz ha ampliado su alcance e implicado a otros departamentos de la Escuela de Arte. Lo que comenzó como una iniciativa centrada en Fotografía fue incorporando nuevas áreas de manera progresiva y orgánica, sostiene Villafaina. El cartel anunciador de la exposición, que en sus primeras ediciones realizaba el propio profesorado del departamento, pasó a convertirse en un ejercicio para el alumnado de Diseño Gráfico. La tradición visual del jazz, con su versátil cartelería histórica, ofrecía un terreno fértil para la experimentación gráfica.

Posteriormente, desde el ámbito diseño Web, surgió el desarrollo de la página web de las jornadas como proyecto formativo, estableciendo colaboraciones para su mantenimiento, año tras año, por parte del alumnado en prácticas. El departamento de Dibujo también encontró su espacio, trasladando a sus estudiantes a los conciertos para realizar bocetos y reinterpretaciones sobre el papel, con la viveza de los trazos obtenidos en el momento en el que el artista ilustra algo que sucede frente a él o ella. Más recientemente, la serigrafía se ha sumado al conjunto de la mano de sus profesores. Cada incorporación ha reforzado el carácter transversal de la iniciativa y ha consolidado un modelo de colaboración entre especialidades que puede visitarse en la muestra colectiva en la sala de exposiciones de la UNED, permitiendo confluir distintas miradas y técnicas.

Esta edición, además, está marcada por un componente emocional. La exposición incluye un homenaje a Ángel Castro, figura estrechamente vinculada a la extensión cultural de la UNED y al impulso de las Jornadas sobre Jazz. Su papel como catalizador de propuestas culturales y educativas fue determinante para sostener y consolidar la colaboración con la Escuela de Arte a lo largo de los años, sostiene Villafaina. La muestra incorpora este año un panel de serigrafías concebidas como reconocimiento a esa implicación constante; un conjunto de obras realizadas por los profesores Chema Segura y Quique Jiménez - del departamento de Dibujo-. Un gesto que además se ha plasmado sobre una obra concreta entregada al director de la UNED, Juan Luis Ramos, más allá de la presencia la sala, otorgando reconocimiento a quien fuera pieza clave en este recorrido.

Las Jornadas de Jazz, por su parte, continúan atrayendo a músicos de primer nivel y manteniendo una programación estable en el calendario cultural de la ciudad. Para Villafaina, la coincidencia con este ciclo supone aprovechar un momento en el que la música se convierte en eje cultural y trasladar esa energía al ámbito educativo, irradiando su contenido y construyendo propuestas culturales y didácticas con lenguajes propios. La exposición no solo documenta los conciertos, sino que los prolonga en el tiempo, fijando en imágenes lo que durante unos días ocurre sobre el escenario.

Veinte ediciones después, Mirando al Jazz es más que una actividad académica. Es un espacio donde el aprendizaje se conecta con la experiencia musical, donde distintas disciplinas confluyen alrededor de un mismo acontecimiento cultural y donde cada generación de estudiantes afronta, por primera vez, el reto de traducir la música en imagen.

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