Categorías: Opinión

El debate reflexivo en reconsiderar la viabilidad del Servicio Militar Obligatorio (I)

Tras la Segunda Guerra Mundial (1-IX-1939/2-IX-1945) y conforme el amago bélico parecía ahuyentarse del Viejo Continente, comparecía un nuevo prototipo de Fuerzas Armadas estrictamente profesionales, simplificadas en volumen y mejor dispuestas. Y equidistante, tres décadas después de concluir la Guerra Fría (12-III-1947/3-XII-1989), este molde ha ido oscilando. En otras palabras: las realidades ofensivas de la Guerra Rusia-Ucrania e Israel-Gaza, se desencadenan en un marco de total polarización internacional que presiona a las administraciones a decidirse por algún bando. De este modo, salta a la palestra la probabilidad y digamos que la eventualidad, de que los estados europeos restablezcan el Servicio Militar Obligatorio (SMO).

Con este telón de fondo durante la lucha ideológica entre el capitalismo en Occidente y el comunismo en Oriente (Guerra Fría) y hasta la década de los noventa, concurría el SMO en casi todas las naciones europeas. Incluso al esfumarse la alarma de una acometida entre ambos bloques (capitalista y comunista), diversos países conservaron el período activo de reclutamiento. La sucesión de un Ejército de masas por uno profesional, comprimió su envergadura y el presupuesto consignado, dejando a Occidente con insignificantes Tropas en caso de un posible conflicto armado.

Recuérdese al respecto, que en el Reino de España el gobierno conservador de José María Aznar López (1953-72 años), daría carpetazo a más de dos siglos de conscripción con un Real Decreto de fecha 9/III/2001. Lo cierto es que con los conflictos bélicos de magnitud global, no son pocos los miembros de la Unión Europea (UE) que llegan a deliberar la hechura del Servicio Militar.

Y es que lo que en principio daba la sensación de ser una guerra local, en este momento es un conflicto de incalculables proporciones con efectos colaterales interrelacionados en la defensa de territorios occidentales y en los que no cabe ser neutrales. Dado que los presupuestos europeos no otorgan sufragar ejércitos profesionales al estilo antiguo, la incorporación a filas se depura como un hipotético recurso para el inconveniente de lo que los expertos califican ‘incapacidad defensiva’.

Occidente parece haber asociado a su inercia cotidiana las imágenes del despiadado cerco al que la Rusia de Vladímir Putin (1952-72 años) percute contra Ucrania desde hace más de tres años (24/II/2022). Lo mismo ocurre desde el 7/X/2023, con las escenas audiovisuales inhumanas de la guerra entre Israel y los milicianos palestinos de las organizaciones terroristas de Hamás y la Yihad Islámica. Curiosamente, antes de llegar a la Casa Blanca el eslogan a bombo y platillo del presidente estadounidense Donald Trump (1946-79 años), aseguraba que acabaría inmediatamente con ambas hostilidades, pero la paz no parece estar próxima. Así, que Europa ha de trazar su propia protección como un esfuerzo compartido entre los Estados miembros.

Dicho esto, a caballo de un rearme a marcha forzada que sin más se trata de que nadie, ya sea mirando desde el Este, o el Oeste, o tal vez, desde el Sur, no pueda exponer como le sucede al presidente ucraniano Volodímir Zelenski (1977-48 años), nosotros tampoco disponemos de cartas bajo la manga con las que preservar nuestros intereses.

Con lo cual, se retorna a la réplica sobre la vuelta del SMO. Un argumento que para que impulse un mínimo de claridad, no debería pasar por alto a que nos referimos con el debatido punto y final allá en las postrimerías de 2001. Aunque ha transcurrido un cuarto de siglo desde la última convocatoria en España, no ha de soslayarse que con anterioridad a que ésta se atajase, el SMO era objetado por una juventud que en número ascendente, eludía el deber por la senda de la prórroga repetida; más la objeción de conciencia y en algunas ocasiones, sin pretextos, la insumisión.

“Cada uno de los posicionamientos aquí expuestos de dar auras al Servicio Militar Obligatorio, destellan un cóctel genuino de geopolítica junto a las necesidades de defensa y tradición”

En un sistema democrático es significativo medir el respaldo general al Servicio Militar. Pero igualmente, lo es retratar los pros y los contras de su presunta reimplantación. Décadas más tarde de su terminación peñascosa, continúan postergados por solventar la contribución de la mujer, el menester de establecer una prestación sustitutoria que disponga de cabida real y no facilite beneficios a los objetores y la traza de un marco jurídico que depure la insumisión.

A día de hoy, se concibe el SMO como la plasmación de un empeño colectivo de defender España, o como una manera de reducir el gasto de seguridad. O quizás, como un instrumento para generar las reservas que demandaría un Ejército profesional para superponer las bajas derivadas de una guerra dilatada. Sin dar de lado que existen quiénes opinan, que éste quedaría en la balanza como una fórmula de valores para la juventud. En cambio, otros argumentan que no tendría obstáculo en determinar la labor que juega el reclutamiento forzoso.

Mirando al Estado de Israel, en nuestros días es el país que prosigue con un molde de Servicio Militar similar a la concepción de una nación en armas, implantado a finales del siglo XVIII por Francia. Su arquetipo no puede entenderse como universal, pero sí que emplaza a la mayor parte de la ciudadanía. El período en filas se concreta en torno a tres años para los hombres y dos para las mujeres. Unos y otras, transitan a la reserva al cerrar su compromiso y si la nación los requiere, pueden ser otra vez citados hasta cumplir los cuarenta años.

Con ese tiempo prolongado de servicio, los referentes de instrucción de los reclutas y reservistas israelíes no se diferencian demasiado de los que logran los profesionales de cualquier nación occidental. A la par, el estímulo de la Tropa, en este momento debilitado por la extensión de la guerra de Gaza, solía hallarse fuera de todo titubeo. No obstante, el importe social y económico de un servicio interminable como el aludido, solo parece probado para un pueblo que está y se considera sitiado de adversarios como Israel.

Si el ejemplo israelí es una salvedad, son numerosos los territorios del planeta que en definitiva acuden al Servicio Militar para proveerse de una milicia acreditada y a precio aminorado. Precisamente, este era el encaje de España con vista a la profesionalización de su Ejército. Si bien, potencias como la República Popular China y la Federación de Rusia aglutinan unidades mixtas, similares a la nuestra de la última etapa del siglo pasado.

Al mismo tiempo, lo hacen otros pretendientes al preconcebido estatus de potencia regional en algunas de las demarcaciones más controvertidas, como es el caso de la República Argelina Democrática o la República Islámica de Irán.

Pero las reticencias del patrón son incuestionables cuando ha de hacerse frente a un Ejército profesional. Basta caer en la cuenta de la Guerra de Irak (20-III-2003/15-XII-2011) o más manifiesta aún, por desenvolverse con medios descompensados como la Guerra de las Malvinas (2-IV-1982/14-VI-1982). Mientras la aviación argentina percutió con destreza sobre las Fuerzas Británicas, los reclutas activados en las islas, a pesar de su incontrastable estímulo, no estuvieron a la altura para hacer corresponder su predominio numérico o superioridad en cifras.

La cuestión de Rusia igualmente es paradigmática, porque antes de la invasión de Ucrania, Putin disponía de unas Fuerzas Armadas enteramente de molde mixto (profesional y reemplazo). Pero la Directiva de ‘operación especial’ de no emplear personal de reclutamientos sobre el terreno, una variante profundizada ampliamente de lo desprendido en la Guerra de Vietnam (1-XI-1955/30-IV-1975), donde el rehúso a las bajas de los combatientes forzados a luchar se convirtió en el eslabón frágil del empuje agresivo estadounidense, le exigió a reestablecer sus unidades prestamente antes de la invasión de Ucrania. Amén, que esta no sería la única deducción de la frustración, pero el apremio de comenzar poco más o menos, de cero, la instrucción colectiva ayuda a desentrañar lo sucedido en el curso de los primeros meses del conflicto.

Otro matiz que hilvana un ejército profesional con reservas para un acometimiento de elevado rigor, es lo que resulta en Estados del Norte y Este de Europa, donde si acaso se sigue más de cerca lo que sobreviene en Ucrania y se limitan las tendencias imprescindibles para instaurar y conservar un ejército de dimensiones experimentadas, el Servicio Militar posee otro cometido primordial: asentar las reservas oportunas para contrarrestar una guerra demorada en el tiempo y de carácter defensiva.

En sus comienzos la duración del servicio emplazado para conseguir este propósito es menor al que solicitan a los ciudadanos de Israel. Pese a todo, no habría de descender mucho más de un año, si evidentemente se espera aparejar reservas que sean enganchadas en un espacio convenientemente transitorio.

La compensación de estas reservas, especialmente cuando no se apresta de suficientes voluntarios para llenar los vacíos ocasionados en las unidades profesionales, se hizo ostensible en el momento que el Ejército de Rusia convocó a filas en el año 2022 a 300.000 reservistas. A pesar de que se encontraban desguarnecidos del adiestramiento que se estima ineludible, estas Tropas suplementarias lograron asegurar las líneas soviéticas apuradas del primer año de guerra y en un período comparativamente exiguo, procurar la estabilidad en el frente que soportó contra todo pronóstico el contrataque ucraniano de 2023.

Llegados a este punto, Europa podría independizarse de Estados Unidos, pero ha de hacer sombra a sus enfoques soberanistas. Para beneficiarse de una Europa militar de la que no todos comparten por igual, debe imponerse a sus reticencias. Posiblemente, Trump puede erigirse en promotor de la integración europea. La política proveniente de ‘Make America Great Again’ estaría induciendo a una de ‘Make Europe Great Again’. Aunque atención con el ‘Again’, en aviso a su ayer vehemente y opresor, ya que actualmente se incrusta al margen de la UE sufragando sus campos de deportación de migrantes y abarcando los refugiados rechazados.

Trump procederá perspicazmente para sortear la irrupción de esa Europa independiente o autónoma en razón de la seguridad y defensa, fundamentalmente en lo que atañe a la industria militar. Porque en el fondo ambiciona que los europeos desembolsen más en defensa, lo que desde su punto de vista comporta más adquisiciones a Estados Unidos. Mientras tanto, lo que se atisba en el paisaje más próximo es una Europa de la industria militar, no una Europa propiamente militar de la defensa. Aunque sin la primera, la segunda resultaría inalcanzable. Y a ciencia cierta, los europeos han convivido a bajo coste y en el acomodamiento de externalizar parte de su seguridad y defensa a Estados Unidos.

Por otro lado, Rusia posee un PIB parecido al de la República Italiana o probablemente, al de la República Federal de Alemania. Pero en los últimos trechos, sobre todo con la guerra de Ucrania, ha incrementado su presupuesto en defensa hasta el 6,7%. Algo así como la tercera parte de la suma de Europa. Esto lo ha ampliado un 50% desde 2014. Pero cuando se computa en paridad de poder de adquisición, Rusia aventaja con creces al conjunto de Europa en coste militar.

Asimismo, es apresurado referirse a despliegue europeo de fuerzas de paz, antes de saber qué tipo puntualizamos, aunque interese sugerirlo moderadamente. Al igual que acontece con las armas nucleares. A excepción de Alemania, la expansión de la disuasión nuclear francesa a Europa no es admisible, si la UE no se encuentra dotada de la capacidad militar convencional suficiente.

Conjuntamente, la República Francesa parece estar falta de armas nucleares tácticas para conservar el dominio de una escalada bélica casual. La UE es más en sí, espacio geomorfológico que potencia. Su supremacía radica en su mercado, comercio, industria y capacidad regulatoria. Al igual que sus estructuras no están enfocadas para la guerra, acción que precisa de la inteligencia del sistema político. De hecho, en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Estados Unidos ejerce o ejercía esa labor.

No cabe duda, que son inexcusables tanto las inversiones nacionales y europeas públicas como privadas. La industria armamentística abarca derivadas tecnológicas notables. No se trata de cotas de liquidación, sino de imponerse a la segmentación de los ejércitos europeos emanados del soberanismo industrial reinante.

La sujeción europea en equipo e instrumental bélico americano es imponente. La mitad de las aeronaves diseñadas para la guerra de las que disponen los europeos son de creación estadounidense, así como dos tercios de las adquisiciones de armamento de los estados de la Alianza Atlántica. Indiscutiblemente, con la servidumbre supeditada en subsistencias y municiones, además de guerra electrónica, inteligencia, comunicaciones, etc. En resumen, son ligaduras que salvo con motivo de crisis comprometidas, Europa no puede prescindir con una simple tachadura. Obviamente, conceden a Estados Unidos un derecho de veto sobre el automatismo de esas armas.

De ahí, que la OTAN haya postulado a intensificar su capacidad militar, lo que promovió a diversos gobiernos a tantear la reinstauración del reclutamiento, como una maniobra para afianzar la seguridad nacional, en un entorno en el que la perspectiva geopolítica está punteada por el aumento en los presupuestos de defensa y el impulso de las Fuerzas Armadas.

Simultáneamente, salvo que sucediese un contexto ofensivo y de economía de guerra, los europeos alargarían el gasto militar, no solo porque están faltos de la base industrial adecuada, lo que favorecería a la industria americana, sino porque escasearían los activos humanos para manipular los nuevos equipos.

Desmenuzando sucintamente el escenario que se cierne donde habría que acoplar la viabilidad de la puesta en escena del SMO, existen administraciones en la Unión que objetan esta militarización potencial, como ocurre con Hungría y más solapadamente, la República Eslovaca. Igualmente hay otras que lo conciben para salvaguardar su neutralidad como las Repúblicas de Austria, Malta e Irlanda.

En base a lo anterior, el procedimiento donde los ciudadanos de una nación eran obligados a servir en las Fuerzas Armadas, generalmente por un período explícito, se convirtió en un hábito habitual para moldear los Ejércitos.

Antes de la Revolución Francesa (5-V-1789/9-XI-1799) no militaba una modalidad homogénea para constituir unidades que asiduamente luchaban en Europa, pero la Edad Moderna arraigó un diseño de recluta y con él la formación y retribución afines del que funcionaba en el mercado laboral.

Por aquel entonces, la carrera de las armas estaba llamada a ser una ocupación que para cautivar a los aspirantes, pugnaba con la artesanía, la agricultura o la construcción u otros puestos en los que un joven se ganaba el pan. Al menos, en lo que incumbe a las fuerzas terrestres, porque en las navales, de pésimo miramiento social, el engranaje dominante recayó en el mozo forzoso, a base de piquetes que despachaban sin contemplaciones a cualquiera que pareciese inactivo.

“Quedando en pausa la primera parte de esta disertación, la columna vertebral inmemorial del Estado parece arremolinarse a otras bocanadas, menos idílica, pero más funcionalmente como brazo armado en el modus operandi de la acción exterior”

De cualquier manera, durante el siglo XVIII se distinguía una predisposición hacia el deber de prestarse por sí mismo al Rey con las armas, aunque irremisiblemente quedaba viciada por las muchas exenciones, sobornadas o de oficio, pero ello no se fraguó hasta que la Revolución Francesa coronó el principio del ‘pueblo en armas’ por la libertad, la igualdad y la fraternidad, o con resultados comparables en otros alcances como ‘el ejército columna vertebral de la nación’, trayendo consigo que el Estado descargó el goteo inextinguible de individuos en las Fuerzas Armadas, al igual que se sistematizó la recluta, circunscribiéndose las exenciones.

Y por último, los contingentes se ideologizaron en la representación de que su lealtad al Rey sufrió un cambio profundo por la fidelidad a la patria y sus valores. A su vez, esto intrincó la incorporación de extranjeros como moneda reiterada de aquellos tiempos. Llámense los Tercios Extranjeros, que sirvieron a los Austrias en las diversas guerras desencadenadas.

La frívola deferencia social de la marinería y su asignación indiferente a las embarcaciones, donde meramente se combinaban con otras procedencias sin componer unidades consonantes como en el Ejército, no ha dejado personas ilustres para la posteridad, por lo que pudiéramos deliberar el episodio de la nacionalidad en el producto de las tripulaciones.

El SMO por su tipificación con el Estado en lugar de con el Soberano, entrevió una traba a la recluta, aunque algo permaneció en diversas naciones europeas como Reino Unido o Francia. A menudo, el designio fundacional fue el de operar como Fuerzas Coloniales. Toda vez, que los que han perdurado a dicho período, han quedado colmados como un tributo a las viejas tradiciones.

A la sazón, en una Europa apaciguada consigo misma gracias a la consternación emanada por las desdichas de la primera mitad del siglo XX (1901-1950) y disipada desde el colofón de la Guerra Fría, el grosor de sus Fuerzas Armadas ha disminuido progresivamente, lo que ineludiblemente ha acarreado su profesionalización de modo no tan distinto al que regía en el siglo XVIII. Expuesto de otra manera: como un mecanismo más del mercado del trabajo. Así y no íntegramente, Países Bajos deshizo el SMO en 1991, a la que le acompañó un año más tarde el Reino de Bélgica, seguida de Francia en 1996, España en 2001, Italia en 2000 o Alemania en 2011.

Sin embargo y a criterio de algunos investigadores, la mutación no ha sido fácil. Aunque el término de la Guerra Fría es el principal causante, esta oscilación se inició con el desdén popular definido en la cada vez más reincidente objeción de conciencia de los ochenta, cuando se oteaba la marcha atrás del peligro de guerra. Lo que espoleó a muchos gobiernos a abrir la puerta a la conscripción restando su duración y concediendo que se realizara próximo al lugar de residencia. Otros ingredientes como los excedentes de cupo y un instrumental más sofisticado, cuyo uso demandaba más experimentación que el que admitía el tiempo proporcionado, cada vez más minúsculo.

Luego entonces, la clarividencia de que los vecinos de Europa Occidental ya no son una amenaza mutua, presunción que abrió la caja de Pandora en la segunda mitad del siglo XX, sería creíblemente el multiplicador determinante.

Por ende, los límites fronterizos tormentosos de susceptibilidad y discordia, abrieron brecha a la creciente integración política, no quitando ojo a la gravitación de los intereses políticos y económicos, más la compatibilidad de los valores profesados y el convencimiento de que las coyunturas culturales, disfrazadas por la complejidad de idiomas, son superiores de lo que se venían valorando. Todo ello envuelve el paradigma de que la salvaguardia de los intereses nacionales, no ya contra los territorios europeos más próximos, sino que se materializa muchísimo mejor externamente de la circunscripción nacional y sus alrededores, lo que encierra el requerimiento de cooperar en las operaciones expedicionarias en las esferas de la OTAN y la UE.

Por cierto, poco dispuestas por su enorme complejidad para los miembros de las Fuerzas Armadas no profesionales. Téngase en cuenta, que la defensa de la tierra patria era en su momento un componente esencial en el misticismo del SMO.

Finalmente y dejando en pausa la primera parte de esta disertación, como se propondría metafóricamente, la columna vertebral inmemorial del Estado, hoy parece arremolinarse a otras bocanadas. Incuestionablemente, menos idílica, pero más funcionalmente como brazo armado en el modus operandi de la acción exterior.

A la postre, los desafíos geopolíticos y la urgencia de vigorizar la articulación transatlántica, como ensanchar la consistencia interna en la Unión y obtener los niveles de inversión en defensa indispensables para una disuasión eficaz, no quedan al margen del peso de vivificar la responsabilidad ciudadana con su seguridad. Pero también, del trance existencial de que la fuerza sea comprendida como un medio legítimo para extraer metas políticas. Lo cual, intensifica la eminencia de amenaza global. Y en el tintero, el replanteamiento de la vuelta al SMO.

En consecuencia, quedando en paréntesis la primera parte de esta disertación, la realidad o apreciación de inseguridad persistente en el continente europeo, arrastra a algunos países a revisar puntualmente una justificación del Servicio Militar, en los que algunas naciones lo nutren para aferrar una fuerza de reserva perfectamente curtida. Para otros, este escenario se encuentra en plena ebullición con innumerables controversias. Incluso se confirma los que a pesar de tumbar el SMO en su día, ahora han trazado sistemas legales y estructurales que conforman el acoplamiento expeditivo del alistamiento en caso de emergencia.

Cada uno de estos posicionamientos destellan un cóctel genuino de geopolítica junto a las necesidades de defensa y tradición.

Con lo cual, quedando a criterio y expensas del lector, el SMO podría convertirse en el efecto mariposa del vasto desarrollo de la industria de defensa y por qué no, del beneplácito por parte de Europa, de que debemos ser más autónomos en cuanto a nuestros intereses y la defensa de la seguridad, para no caer en manos y a merced de las ínfulas dirimidas por Estados Unidos.

Compartir

Artículos recientes

La presidenta de Cepyme advierte que la jornada de 35 horas provocará el cierre de microempresas

La presidenta de la Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa (Cepyme), Ángela de…

3 horas hace

Melilla estrena verano en abril con las playas llenas

Melilla ha vivido este viernes, 17 de abril, un auténtico adelanto del verano. De esos…

3 horas hace

Cepyme alerta del "aislamiento comercial" de Melilla y urge a reabrir la aduana

La Ciudad Autónoma ha recibido en el mediodía de este viernes 17 de abril a…

4 horas hace

La XII Carrera Africana de La Legión refuerza su carácter deportivo y solidario

La Ciudad Autónoma de Melilla acogerá este sábado 18 de abril de 2026 la duodécima…

5 horas hace

El MCD Salle se toman esta cita en modo play off

El Melilla Ciudad del Deporte La Salle se desplaza este sábado hasta tierras castellano-leonesas para…

5 horas hace

Los juveniles nacionales juegan importantes partidos

Importante jornada para los equipos de la Peña Real Madrid y del Rusadir dentro del…

5 horas hace