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El debate reflexivo en reconsiderar la viabilidad del Servicio Militar Obligatorio” (y II)

En los últimos años el paisaje geopolítico europeo se ha visto envuelto en múltiples vaivenes de importante calado, pero no solo se esgrimen como justificación para el trazado de las élites de comenzar un rearme continental, sino potencialmente para que varios estados tanteen el posible restablecimiento del Servicio Militar Obligatorio (SMO). De hecho, no son pocos los que han resuelto reavivar o redefinirlo, acomodándolo a los requerimientos y valores que se desprenden del siglo en curso.

Este patrón no solo explora replicar a las exigencias de la defensa nacional en un entorno de desconfianza generalizada, sino también, en disponer una configuración sostenible y continuada que por sus beneficios, repercuta en los momentos presentes.

Ahora bien, es necesario indicar que el tránsito de estas muestras teóricas no están libres de inconvenientes significativos. Entre ellos, predominan la inversión económica ineludible para su ejecución, las obstinaciones sociales procedentes de la impresión histórica del Servicio Militar como una carga y la obstrucción de atraer la fascinación de los jóvenes, quienes podrían verse apremiados a dar carpetazo o si acaso, relegar su formación académica o laboral.

Es sabido que en los últimos tiempos el arquetipo tradicional de SMO asentado en la admisión extendida de los ciudadanos, se ha sustituido en numerosos estados, entre ellos, el Reino de España, por Fuerzas Armadas profesionales. Esta variación replica no solo a la mutación de los conflictos armados y el progreso tecnológico, sino asimismo a la ambición de contar con activos implicados y expertos.

Al mismo tiempo, la escasa aprobación social del SMO y el alcance paulatino de las libertades individuales, han espoleado esta predisposición. No obstante, el incremento de la fluctuación internacional ha reportado a reinsertar métodos acondicionados al Servicio Militar. Estos procesos que seguidamente desgranaré, ofrecen a todas luces que es viable efectuar una modalidad de incorporación eficaz y factible con las acepciones democráticas.

Las circunstancias palpitantes demandan que se sondeen otros procedimientos para robustecer la capacidad de defensa, sobrepasando las dificultades del sistema profesional y de reserva en vigor. Por lo tanto, no me refiero a retornar al SMO inmemorial, sino de plantear un molde moderno, configurable y aplicable a los menesteres complejos del momento. Para ello, es primordial no perder de vista y examinar las experiencias de otros estados europeos que ante retos afines, han llevado a escena fórmulas de reclutamiento selectivo y arbitrario.

Por citar un ejemplo que confiera algo de luz a lo que pretendo fundamentar, el modelo del Reino de Suecia nos proporciona respuestas apreciables para armonizar la formación de una reserva extensa y apta con la consideración a los valores democráticos y la integración social de los jóvenes. Sin lugar a dudas, el objetivo general reside en implantar una reserva ciudadana desahogada, perfectamente desarrollada y aprovechable, que vigorice las capacidades y favorezca la cohesión social. En otras palabras: consolida apropiadamente la receta de la obligatoriedad con la flexibilidad, pero sobre todo, la atemperación a los valores democráticos.

Dicho esto, continuando la estela del pasaje que precede a este texto, la creciente desmilitarización de la sociedad acentuada por la profesionalización de los Ejércitos y el desvanecimiento del SMO, se convirtió en una inclinación apuntalada hasta la invasión rusa (24/II/2022). Este panorama ha inducido a un declive asiduo de los integrantes militares en el Viejo Continente.

En este aspecto, un Informe de la Organización Europea de Asociaciones y Sindicatos Militares (EUROMIL) que profundizó en la marcha de los Ejércitos en quince naciones europeas entre los años 2010 y 2020, respectivamente, determinó que dos tercios de los territorios aglutinaban una suma inferior de soldados que una década atrás. Véanse los casos de la República Federal de Alemania y el Reino de Bélgica, restando entre un 25% y 26,5% de sus componentes.

Ante esta contracción específica, el Servicio Militar surge como la única alternativa no solo para ampliar las cifras antes aludidas, sino igualmente para tonificar las filas de la reserva. Si acaso, la política de rearme europeo está falta de credibilidad si no consigue reforzar su capacidad numeral y logística. Obviamente, si Europa consigna una cantidad de millones de euros indeterminada al rearme, debe haber quien esgrima esas armas y advierta la insistente necesidad de reposición y mantenimiento. Toda vez, que los Ejércitos profesionalizados, por sí mismos, no bastan, pues han de contar con un contingente de reserva. Con todo, las trabas de las Fuerzas Armadas europeas no se circunscriben meramente a los dígitos, del mismo modo influye la mentalidad.

“Hoy por hoy, la incorporación a filas ya forma parte de un anverso y reverso retrospectivo en el tiempo, pero no se elude que tal vez, pueda reabrirse”

A este tenor, voces con peso afirman que ya no transitan como en tiempos pasados Ejércitos resonantes, apasionados, experimentados y conocedores en defender con exclusividad su territorio. En la misma línea, especialistas militares coinciden en reseñar que el empeño europeo no solo reside en las armas, sino en la escasez de Tropas y sociedades decididas a empuñarlas.

Tan solo hay que tomar al pie de la letra las palabras sugeridas por el Secretario General del Tratado del Atlántico Norte, Mark Rutte (1967-58 años) ante expertos en seguridad. Decía literalmente: “Es hora de adoptar una mentalidad de guerra”. Cuando el conjunto poblacional no está por la labor de asirse a las armas, ni posee una razón de ser bélica, es inapelable, cueste lo que cueste, aleccionarla. Y qué mejor instrumento para ello que el discurso de la intimidación junto al pánico y la inseguridad.

Digo esto, porque en los últimos meses diversos estados europeos han emitido encomiendas aleccionadoras, suponiendo estaciones de metro y garajes transformados en búnkeres, distribuyendo folletos de supervivencia, sistematizando ensayos de evacuación masiva o abordando kits de emergencia ante permisibles acometidas. Así se instalan descriptivas que adiestran a la urbe para convivir sobresaltada y bajo la envoltura de lecciones prácticas. La pesadilla sumida en el terror como inflamable para urgir el brío guerrero, argumentar el rearme y completar de voluntarios los Ejércitos.

Desde estos trechos es donde el Servicio Militar adquiere un protagonismo relevante en la militarización, no solo habilitando a una parte significativa de la población como Ejército de reserva, sino inspirando una cultura guerrera entre la juventud, fundamentada en la obediencia, la disciplina y la sabida salvaguardia de la patria.

Hay que refrescar la memoria a quienes desde hipotéticas premisas progresistas, respaldan el rearme e incluso aventuran un impuesto europeo para sufragarlo, que no es viable un rearme, valga la redundancia, sin la militarización. Una política que circula al mero ascenso del gasto militar y conjetura un salto del paradigma en Europa, aproximándose arriesgadamente a una situación de guerra.

Llegados a este punto, hoy por hoy, la República de Finlandia es por antonomasia, el espejo de defensa al que observa con lupa Europa como el referente más afianzado. Es más, la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen (1958-66 años), ha instado en diversas ocasiones a los estados de la UE que adopten su modelo.

El caso es que con unos límites fronterizos de 1.300 kilómetros colindantes con la siempre omnipresente y toda poderosa, Federación de Rusia, Finlandia no ha ignorado para nada los capítulos de períodos puntuales de su historia que le hicieron tocar fondo. Después de ver dilapidado parte de su territorio en dos guerras contra la antigua Unión Soviética, este país no ha cedido en su tesón de amasar su defensa, aun cuando Europa aflojaba las suyas tras la caída del Muro de Berlín (9/XI/1989).

Me explico: Finlandia ha sostenido un gasto contenido, pero decidido en defensa, lo que le ha proporcionado militarizar a más ciudadanos que Estados Unidos. Y como datos de interés, el 82% de los finlandeses se encuentran convencidos de contribuir en la protección del país, mientras que el 5% de sus habitantes están dispuestos a presentarse si ello fuese obligatorio, de cara al 0,6% en Estados Unidos.

De este modo, los hombres de dieciocho años han de completar el SMO entre 5,5 y 12 meses de servicio en una rama del Ejército o en la Guardia de Fronteras, mientras que el servicio es voluntario para las mujeres de entre 18 y 29 años. Tras su adiestramiento continúan en la reserva hasta los cincuenta años. De esta forma, en el año 2022 concretaban alrededor del 19% del personal militar a tiempo completo.

Sin inmiscuir, que el gobierno finlandés posee operaciones en empresas de defensa, lo que le otorga asignar la elaboración de materiales de defensa. Además, la seguridad alimentaria y médica está asegurada por ley, con abastos de medicamentos, combustible y cereales para la subsistencia de seis meses.

Y por si fuera poco a lo anterior, el estado ha invertido durante cuarenta y cinco años en la edificación de refugios de abrigo, con una amplitud por encima del 30% de la población. Y como curiosidad, a cada ciudadano se le adjudica un refugio y éstos están al tanto de los itinerarios de evacuación. Poniendo por cuestión una posible incursión, los puentes estratégicos están consagrados a ser destruidos para detener al adversario.

Pero, cabría preguntarse, ¿qué estados europeos continúan sosteniendo este mecanismo de reclutamiento, conocido coloquialmente como ‘la mili’ que en España se extinguió en el año 2001? Seguidamente y sin ánimo de extralimitarme en la exposición de sus singularidades, me referiré a la República de Austria, República de Chipre, Dinamarca, República de Estonia, República Helénica, República de Letonia, República de Lituania, Reino de Noruega, Reino de Suecia, Confederación Suiza, República de Turquía y, por último, la República de Croacia.

Primero, Austria, es uno de los estados europeos en los que el Servicio Militar prosigue figurando como obligatorio para los hombres entre la franja de edad de los dieciocho y cincuenta años por una extensión de al menos seis meses. Amén, que si deciden realizar servicios comunitarios alternativos, el tiempo se amplía a tres meses más. Por último, las mujeres lo pueden cumplir de manera voluntaria.

Segundo, Chipre, con una permanencia de un año y dos meses, el SMO está establecido igualmente para los hombres entre los dieciocho y cincuenta años, aunque desde los diecisiete lo pueden hacer como voluntarios.

Tercero, Dinamarca, con la novedad que emplaza indistintamente a las mujeres, el SMO pasa a ser de cuatro a once meses. A ello hay que añadir, que ha optado por elevar la inversión en Defensa durante el próximo lustro.

Cuarto, Estonia, perpetúa el SMO para los hombres entre los dieciocho y veintisiete años. Así, el intervalo corresponde de ocho a once meses, derivando de variables como los estudios superiores. Por ende, las mujeres eligen su voluntariedad y desde 2018 sirven en cualquier rama militar. Y como precedente a tener en cuenta, en 2020, éstas totalizaban cerca del 10% de la fuerza militar profesional a tiempo completo.

Quinto, la República Helénica, donde el Servicio Militar vincula a los hombres de diecinueve años en perfecto estado de salud, aunque disponen de la gentileza de un aplazamiento por estudios en la Universidad y reaparecer una vez acabados. El tiempo es alrededor de un año y el plazo para su acogimiento hasta los treinta y cinco años. En 2020, las mujeres integraban poco más o menos, el 16% del cuadro militar en Grecia a tiempo completo.

Sexto, Letonia suprimió el SMO en 2007, pero el conflicto bélico de Ucrania ha precipitado todo tipo de sobresaltos en la sociedad. En 2023, el Parlamento letón decretó un plan para recobrar el SMO para hombres de entre dieciocho y veintisiete años desde 2024. Mientras las mujeres pueden requerirlo voluntariamente.

Otro matiz que no ha de soslayarse de Letonia, el Servicio Militar se introduce durante un período de doce meses en las Fuerzas Terrestres o de manera alternativa, en estructuras de cuestiones internas, bienestar o salud.


Séptimo, Lituania repuso el SMO tras erigirlo en un método profesional en 2008. Precisamente, los hombres de entre diecinueve y veintiséis años tienen el deber de transitar nueves meses. El enganche se formaliza mediante un sistema de lotería automatizado. En 2020, las mujeres configuraban el 12% del personal militar a tiempo completo.

Octavo, en Noruega la duración del Servicio Militar se alterna estribando de si se trata de la actividad militar, o si se prefiere ultimar servicios comunitarios alternativos. Sucintamente, concierne a seis o nueve meses, en tanto que las mujeres únicamente lo llevan a término de modo voluntario. También, según la Carta Magna de Noruega que en el año 2009 englobó en su incorporación militar a las mujeres, los ciudadanos mayores de diecinueve y hasta los cuarenta y cuatro años incluidos, se encuentran comprometidos a cumplir con el Servicio Militar por un período mínimo de doce meses.

Noveno, Suecia más tarde de anular el SMO en el año 2010 y al objeto de subsanar la escasez de soldados hasta cubrir dos mil puestos, lo reimplantó en 2017. La suma de su curso atañe a once meses y envuelve tanto a hombres como a mujeres. Desde 2023, éstas últimas cristalizaban más del 20% de la plantilla militar.

Décimo, en Suiza el conjunto de los hombres han de desempeñar al menos, doscientos cuarenta y cincos días en las Fuerzas Armadas y su edad se encuentra entre los dieciocho y los treinta años. En su conjunto, los mozos cosechan dieciocho semanas de adiestramiento, a los que le acompaña seis retiros discontinuos de diecinueve días para ejercicios durante diez años. A la par, los objetores de conciencia en lugar del Servicio Militar optan a trescientos noventa días de servicio comunitario. En 2023, las mujeres eran el 1% del Ejército suizo activo.

Undécimo, en Turquía en 2019 la aprobación de una Ley comprimió a la mitad el espacio del SMO y se convirtió en remunerado. Desde ese momento, surcó de doce a seis meses para la Escala de Tropa y Suboficiales. Aun así, el proceso de servicio para los Oficiales de reserva entre los graduados universitarios se mantuvo en doce meses. Y en atención a la nueva Legislación, los ciudadanos turcos por encima de los veinte años han de supeditarse a una etapa de adiestramiento de un mes, pero igualmente están en condiciones de beneficiarse de una exención de los cinco meses restantes de su servicio obligatorio sufragando una cuota.

Y duodécimo, Croacia repuso dos meses el SMO para los ciudadanos con la entrada del año 2025, después de eliminarlo en 2008. Se presume que cada año unos 4.000 individuos efectuarán el Servicio Militar entre los dieciocho y treinta años. El guion trazado es implementar cinco convocatorias periódicas de 800 aspirantes. En el transcurso de los dos meses de enseñanza, obtienen las destrezas y aptitudes que un soldado ha de adquirir, lo que entraña entre algunos, la utilización de armas, táctica o primeros auxilios. No ha de excluirse que el Proyecto de Ley distingue dos probables servicios superpuestos para los objetores de conciencia. Éstos pueden inclinarse por una instrucción de protección civil de tres meses de duración, o ser destinados para trabajar durante cuatro meses en instituciones. Y con relación a las mujeres, disponen de la posibilidad de afiliarse libremente, pero la formación no es imperativa.

A tenor de lo desgranado en estas líneas, Europa se topa ante un reto superlativo. Quién sabe, existencial, porque si no consigue prosperar como potencia en lo militar, reculará en sus fortalezas. Ya no existe statu quo, ni marcha atrás. Para ello, ha de rehacer y adecuar sus organismos.

Europa y una aldea global en el que otros han ganado indudable peso, si aspira a ganar relieve, no solo en la temática de seguridad y defensa, ha de vencer contra sí misma la cruzada política y exprimir la divagación en la que estamos sumidos.

En esta tesitura y ante el marco geopolítico donde el vuelco en la política exterior de Estados Unidos bajo la consigna de Donald Trump (1946-79 años) y la inquietud ascendente por la salvaguardia nacional, han reportado a respaldar una discusión que invertiría extremadamente el patrón militar germano, desempaquetando la polémica sobre el SMO, al apoyar la necesidad de tratar otro modo de reproducirlo, ante la carencia de voluntarios en las Fuerzas Armadas.

Esta proposición de la que se es consciente que no es admisible una ejecución rápida, se encuadra en la realidad de la guerra en Ucrania y la dejación de Estados Unidos de sus responsabilidades con la OTAN y sus aliados europeos, atenuando el eje transatlántico, hasta sugerirse reimplantar el SMO una década más tarde de su eliminación.

Estos ingredientes desempolvan la servidumbre de remozar las capacidades defensivas de Alemania, incluso acudiendo a herramientas legales como el Servicio Militar. Pero más bien, no proyecta rehabilitar el modelo pasado, sino perfilar según y cómo, distinto y amoldado al entorno de hoy. De hecho, el Ministro Federal de Defensa, Boris Pistorius (1960-65 años), presentó un proyecto para alistar 15.000 jóvenes al año con carácter obligatorio si el Bundestag (Parlamento Federal) lo admite. Para ello, se descifra para 2027 accionar el Servicio Militar resultando las prioridades de defensa.

En este momento, la Ley Fundamental alemana autoriza la reintroducción del SMO mediante una mayoría simple en el Parlamento. Aunque una remodelación que adentre a las mujeres induciría una corrección constitucional más intrincada.

“Mientras el debate sobre la idoneidad o no de recuperar el Servicio Militar recorre los puntos cardinales de Europa, en la balanza se equilibran las fuerzas concéntricas de la amenaza bélica”

En definitiva, los países de Europa se han visto abrumados a considerar su estrategia de Defensa al compás del vuelco que infligía Trump con su aproximación a Rusia y la primicia de una conversación para lograr la paz en Ucrania, del que quedó fallida, junto a su discurso de pretensiones para que el continente europeo se haga cargo por sí mismo de atender sus fronteras.

El entredicho de los líderes europeos sobre los designios fundados de Moscú, que cree una provocación real sobre sus regiones, pero igualmente híbrida por las potenciales arremetidas cibernéticas, ponen en aviso a los Jefes de Estado de Europa, que sitúan la cuestión de la Defensa y la Seguridad en el foco de sus preocupaciones. Y merodeando entre ambas de modo compulsivo, podría hallarse en cualquier agenda política extrema o marginal, el restablecimiento del SMO.

Consecuentemente, mientras el debate sobre la idoneidad o no de recuperar el SMO recorre los puntos cardinales de Europa, en la balanza se equilibran las fuerzas concéntricas de la amenaza bélica y la historia reciente sigue pesando en demasía. Y es que en nuestros días, Europa rastrea los inconvenientes para fraguar una autonomía militar acreditada, porque aprisionada entre la dependencia inmutable de Estados Unidos y los cismas internos al orden del día, la UE ha de encarar un futuro incierto en el que la independencia defensiva sigue siendo el caballo de batalla embadurnada en una aspiración lejana.

En cierto modo, los pilares sobre los que se sostenía la geopolítica desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial, parecen tambalearse. Primero, Estados Unidos ha desatendido los acuerdos multilaterales y organizaciones internacionales, objetando la responsabilidad con la Alianza Atlántica. Y segundo, se han quebrado los engarces con Europa, endureciendo la ayuda a Ucrania y culpándole de promover la guerra con Rusia. Y como no podía ser de otra manera, ante la contingencia de un descenso contundente del apoyo de Estados Unidos en materia de defensa y los años superados en la guerra de Ucrania y bajo el efecto Trump, Europa se pone en guardia y diversos estados no fluctúan a la hora de apremiar el SMO. En tanto, algunos debaten el ser o no ser del regreso de la conscripción para robustecer sus defensas ante Rusia, hay otros donde la incorporación a filas ya forma parte de un anverso y reverso retrospectivo en el tiempo, pero no eluden que tal vez, pueda reabrirse.

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