Categorías: Editorial

Comportamientos que deben ser desterrados de nuestra sociedad

Personas aún no identificadas alertaron a los bomberos de un fuego en la Cañada que era una excusa para apedrearlos

No es la primera vez, y desgraciadamente no será la última, que servicios de emergencias son apedreados de la Cañada de Hidum. Da igual que sean policías locales, nacionales o bomberos: los vándalos que protagonizan esas acciones no distinguen entre uniformes.

El caso más reciente es el que sucedió este pasado martes cuando los bomberos fueron recibidos a pedradas después de haber sido alertados por la existencia de un fuego en el edificio donde se ubica la ludoteca del barrio. La llamada, evidentemente, advertía de algo inexistente, era falsa, pero de lo que se trataba era de que llegaran hasta allí los funcionarios del servicio para ser agredidos. Los dos vehículos desplazados hasta la barriada son testigos de la barbarie y presentan impactos importantes en su carrocería, lo cual demuestra lo violento del ataque.

El caso es que ya el lunes había habido un intento por llevar a cabo el apedreamiento, si bien en esa ocasión la policía pudo evitar la encerrona que, no obstante, se produjo 24 horas después. Y la pregunta es: ¿acaso los vecinos no saben perfectamente quiénes son los autores de semejante atentado? La respuesta con toda seguridad será afirmativa, pero ninguno de ellos está por la labor de colaborar con las fuerzas de seguridad para denunciarlos, ya sea porque les apoyan o porque temen sus represalias.

De hecho, hace meses transcendió que fue un vecino de la Cañada el que identificó ante la policía nacional a unos menores que apedrearon un autobús de la COA cuando llegaba al barrio. Fue una demostración de civismo por parte de este melillense, posiblemente harto de tanto desatino por parte de unos niñatos que lo único que conseguían era que la COA anulara la línea y quedaran decenas de personas, muchas de ellas ya mayores, sin poder desplazarse en el transporte público.

A la vista de las circunstancias y después de que se conozcan estos atentados, lo que hay que pedir es que se identifiquen cuanto antes a los violentos y se les sancione de manera ejemplar en los juzgados; en el caso de que sean menores, que sus padres paguen el cien por cien de las reparaciones de los vehículos dañados y las multas a que haya lugar.

La Cañada de Hidum no puede seguir tolerando semejantes comportamientos porque los cuerpos y fuerzas de seguridad, como los bomberos, están para velar por su seguridad. Si no pueden actuar en el barrio, sus vecinos quedan desprotegidos ante las incidencias que pudieran ocurrir, desde un incendio a un rescate en cualquier circunstancia.

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