Editorial

Comportamientos que deben erradicarse

Para acabar con los incívicos hay que empezar por las casas desde las familias porque la educación es la base de la convivencia

Nada más empezar el año, los melillenses nos hemos encontrado con tres comportamientos incívicos, de esos que deben ser erradicados cuanto antes de nuestra ciudad. Se trata del joven motorista haciendo el ‘caballito’ que se llevó por delante a un policía local, el incendio del suelo del parque infantil situado detrás de las viviendas Rusadir y el empotramiento de un coche contra una farola en el Paseo Marítimo. Los tres, sin duda, culpa de quienes se creen impunes, de esos que piensan que las leyes y las normas no van con ellos sino con los demás.

Y hablamos de esos tres casos concretos porque son los que se han hecho públicos en estos días, aunque seguro que hay bastantes más. Es una auténtica pena que una ciudad pequeña, que podría ser un remanso de paz, deba verse afectada por la acción de unos irresponsables que, a la vista de sus actuaciones, no saben vivir en sociedad.

Todo esto parte de un principio esencial: la falta de educación; sin ella es imposible que las personas sepan acatar las bases mismas de la convivencia. La educación y unos mínimos valores son esenciales para cualquier grupo humano. No se trata de saber matemáticas o historia, que también, sino de comportamiento y eso solo se imparte en el seno de la familia.

Es muy triste que los niños de las viviendas Rusadir se queden sin su lugar de juegos porque a unos individuos les dio por prender fuego al suelo del parque, sin contar lo que costará reponerlo y que saldrá de los bolsillos de todos. Es impresentable que alguien sin buen juicio tire al suelo a un policía local en el ejercicio de su labor porque está incumpliendo las normas y conduciendo solo sobre una rueda. Como es inadmisible que un coche se estampe contra una farola, como podía haber sido contra otro vehículo o peatones que cruzaran el paso.

Son situaciones que tenemos que desterrar de nuestra realidad melillense porque la ciudad no las merece. Poner sanciones está bien pero no soluciona el problema. Solo una buena educación adquirida en la casa de cada uno puede ser el motor que nos ayude a disfrutar de una Melilla mucho más amable.

Estamos empezando el año y ya contamos tres casos graves de incívicos que han hecho su santa voluntad por un arrebato estúpido que no lleva a ningún sitio, ¡qué no nos encontraremos a lo largo de 2023!

Ojalá todo el mundo tome nota y asuma sus responsabilidades en estos casos: la familia en las casas dando la educación que la sociedad merece y las autoridades en el espacio público sancionando y previniendo la acción de los indeseables.

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