Comerciantes melillenses buscan alternativas en la península y Marruecos

Después de la inseguridad jurídica que existe en torno al funcionamiento de la aduana comercial, ahora cerrada de nuevo

Melilla asiste a una fuga silenciosa pero constante de comerciantes que, ante la parálisis de la aduana comercial con Marruecos, se ven forzados a reubicar sus negocios en otras ciudades como Málaga, Almería o incluso Tánger. La decisión del Gobierno marroquí de mantener cerrada la aduana de forma indefinida ha tenido efectos devastadores para el tejido empresarial local, que denuncia abandono por parte de las autoridades españolas y alerta del deterioro económico que sufre la ciudad.

El cierre de la aduana, que Marruecos mantiene desde 2018, se ha convertido en una barrera insalvable para el comercio local. Aunque se llegó a anunciar una reapertura progresiva en el marco de una supuesta “nueva etapa” diplomática entre ambos países, esta nunca se materializó. En su lugar, las restricciones se han endurecido, eliminando cualquier posibilidad de tránsito de mercancías por la frontera de Beni Enzar, lo que ha asfixiado a los empresarios que dependían del flujo comercial con el país vecino.

Según recoge El Español, muchos empresarios melillenses han optado por trasladar sus negocios fuera de la ciudad ante la imposibilidad de mantener la actividad comercial. Es el caso de una empresaria del centro de Melilla que, tras años de espera infructuosa, ha decidido instalarse en Málaga, donde asegura poder trabajar "sin trabas ni incertidumbre". No es la única: Almería y Tánger también se perfilan como destinos alternativos para quienes buscan mantener con vida sus empresas.

El impacto de este éxodo comercial va más allá del cierre de tiendas. Comerciantes, proveedores y empleados se ven arrastrados por una situación que, a juicio de muchos, refleja una desatención prolongada de las necesidades económicas de la ciudad autónoma. “Nos están empujando a irnos. Aquí ya no se puede trabajar”, señala otro de los testimonios recogidos por El Español.

A esta situación se suma la incertidumbre generada por la falta de comunicación clara entre las autoridades españolas y marroquíes. Mientras el Gobierno central ha tratado de presentar una normalización de relaciones con Rabat, lo cierto es que la aduana comercial de Melilla sigue cerrada "hasta nueva orden", como publicó El Faro de Melilla. Esta ambigüedad se traduce en un bloqueo económico sin precedentes para el sector.

El tejido comercial de Melilla, históricamente vinculado al tránsito fronterizo y a la economía informal con Marruecos, lleva años reclamando soluciones estructurales. Sin embargo, las políticas adoptadas hasta ahora no han logrado compensar el impacto del cierre. Las ayudas públicas han sido, según denuncian los afectados, insuficientes y mal distribuidas, y los planes de reconversión económica no han dado los resultados prometidos.

El aislamiento económico ha generado también una caída del consumo local. Muchos ciudadanos han perdido su poder adquisitivo y la falta de oportunidades laborales ha disparado el desempleo, especialmente entre los más jóvenes. Esta situación está generando un clima de frustración e incertidumbre que, según advierten los comerciantes, puede volverse irreversible si no se toman medidas urgentes.

A medida que más comerciantes abandonan la ciudad, también se debilita su capacidad de recuperación. El cierre de establecimientos y la pérdida de empleo derivada de esta crisis agravan el problema del desempleo juvenil y fomentan el desarraigo entre quienes durante décadas han apostado por Melilla como lugar para emprender y crecer.

Desde los sectores afectados se exige una intervención decidida por parte del Gobierno español. Reclaman medidas urgentes para reactivar la economía local, una política exterior más firme frente a Marruecos, y la creación de un corredor comercial que permita recuperar el tránsito de mercancías y paliar la fuga empresarial.

Mientras tanto, Melilla asiste a un desmantelamiento progresivo de su economía, con persianas que se bajan sin fecha de reapertura y negocios que hacen las maletas en busca de un futuro que, de momento, parece no pasar por esta orilla del Estrecho.

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