La doctora en Filología Carmen Marchante Moralejo ofrece esta semana una ponencia en el curso de la UNED de Melilla El inicio del fin de la guerra rifeña. Con el título La campaña de primavera de 1926 en el frente de Alhucemas, su exposición se centra en una de las fases menos conocidas y, sin embargo, más decisivas del conflicto: la operación militar combinada hispano-francesa que consolidó el control del Rif tras el célebre desembarco.
En una entrevista previa a su intervención, Marchante analiza las claves de aquella campaña y desmonta una de las ideas más extendidas en el imaginario colectivo: que el desembarco de Alhucemas supuso el final de la guerra. “Eso no es así. Se desembarca, pero luego el territorio hay que ocuparlo”, afirma.
Según explica, la campaña de mayo de 1926 marcó un punto de inflexión. A diferencia del desembarco, que fue una acción acordada previa entre los dos ejércitos, en esta fase se desplegó una operación combinada real, con columnas españolas y francesas avanzando desde frentes opuestos para encontrarse en el alto del río Nekor. El avance comenzó tras el fracaso de unos intentos de negociación promovidos por Abd el-Krim, rompiéndose las negociaciones. Esta estrategia permitió, en apenas tres días, romper el frente rifeño en la batalla de la Loma de los Morabos, aunque con un alto coste humano, miles de bajas en las filas españolas. La campaña demostró que el conflicto no había terminado en 1925, sino que persistía con intensidad en diversas zonas del Rif, y que la estabilización requería una estrategia más compleja, sostenida en la fuerza militar, pero también en la acción política.
Marchante subraya que la acción militar fue acompañada de decisiones políticas clave adoptadas por los propios mandos sobre el terreno. Lejos de una estrategia exclusivamente ofensiva, los informes militares muestran decisiones más complejas, como las del general Sebastián Pozas, jefe de una de las columnas que avanzaban desde Melilla. “La acción política no es el rehuir toda acción, sino auxiliar la acción militar y limitarla a lo puramente indispensable”, aclara. Así se logró, por ejemplo, la rendición de la cabila de Beni Urriaguel el 10 de junio sin derramamiento de sangre, esperando que la noticia de que se estaba usando la fuerza en el otro extremo llegase a la zona sin necesidad de entrar en combate directo, esperando la sumisión, "como efectivamente ocurrió". “Fue una estrategia inteligente y eficaz: usar la fuerza como elemento disuasorio, no como ofensivo”, explica.
Estas acciones no solo minimizaron las bajas de soldados de reemplazo españoles, sino que evitaron enfrentamientos innecesarios en un contexto ya muy desgastado, minimizando el impacto político del conflicto. “Estas cabilas estaban muy cansadas de la guerra porque suministraban los recursos humanos y estaban deseando llegar a una paz”, apunta la doctora, quien destaca el equilibrio que los mandos militares debían mantener sobre el terreno para evitar reacciones adversas entre las propias tribus.
Marchante defiende firmemente que la investigación histórica debe sustentarse en documentos originales y oficiales, frente a interpretaciones repetidas sin base documental. “En España tenemos archivos militares extraordinarios, aunque no estén todos digitalizados. Hay que ir a ellos para evitar repetir mitos o simplificaciones que no se ajustan a lo que realmente ocurrió”, defiende. En este sentido, hace un llamamiento a estudiantes e investigadores a consultar la documentación oficial disponible.
En su reflexión, Carmen Marchante también cuestiona cómo se ha transmitido esta etapa histórica a la sociedad española. La idea de que el desembarco puso fin a la guerra se ha consolidado durante décadas, tanto en el discurso oficial como en representaciones culturales. En su investigación, la doctora ha recogido testimonios de personas mayores a quienes preguntó qué significado tenía para ellos el desembarco de Alhucemas. Las respuestas, en muchos casos, eran más emocionales que técnicas, reflejo de una memoria histórica fragmentada: “fue tremendo”, “todas las guerras son malas” o “lo estudié en la escuela”. En contraste, algunos hombres asociaban el hecho con la recuperación del prestigio nacional con frases como ‘fue la recuperación del prestigio de España’. Estas percepciones populares, transmitidas entre generaciones, refuerzan el valor de revisar las fuentes primarias para contrarrestar los mitos que han calado con el paso del tiempo. “Los muy mayores todavía nos pueden aportar conocimiento y es una pena que se pierda”, expresó.
A través de este enfoque, Marchante pone el foco en el desfase entre memoria social y realidad documental, y propone enriquecer el debate público con investigaciones basadas en fuentes originales. “El peligro que hay es que se vayan repitiendo ideas que se han ido consolidando a través del tiempo, pero que realmente no responden a lo que realmente fue aquello”, advierte. Durante su intervención en las jornadas, Marchante tiene previsto mostrar fragmentos de una película de 1948 que contribuyó a fijar esa visión incompleta del conflicto. En su opinión, este tipo de representaciones han distorsionado el entendimiento histórico del proceso militar y político que se vivió tras el desembarco. Frente a esa narrativa cerrada, su investigación propone una mirada más amplia y matizada, basada en documentación original
Además del contenido histórico, la doctora quiso poner en valor la celebración de jornadas académicas como las organizadas por la UNED en Melilla. Considera que estos cursos no solo sirven para actualizar y debatir investigaciones especializadas, sino que permiten trasladar ese conocimiento a la ciudadanía: “La historia es de todos, y estas jornadas ayudan a abrir espacios de diálogo y a reconstruir una memoria más justa y completa de nuestro pasado”.
Marchante también quiso dedicar un emocionado recuerdo a Ángel Castro, figura clave en la vida cultural de Melilla y uno de los impulsores de la edición de su libro Correspondencia de Annual. Destacó su capacidad para convertir ideas en proyectos concretos, su compromiso con la ciudad y su empeño por visibilizar investigaciones relevantes. Junto a él, agradeció también la labor de Susana Sueiro, directora del curso, y del equipo organizador de la UNED por mantener vivas estas iniciativas que contribuyen a la formación, el pensamiento crítico y la conexión con la historia por parte de la ciudadanía.








