Editorial

Atascos en el centro de Melilla

Hay que promover hábitos saludables, pero hay que hacerlo no solo desde la escuela, sino además desde las instituciones públicas.

Este jueves, en torno a las nueve de la mañana, el centro de Melilla estaba totalmente colapsado. La cola de coches se extendía desde las inmediaciones del cementerio de la Purísima hasta pasado el Parque Hernández.

La culpa, obviamente, no es el del mercadillo que se monta martes y jueves en calle García Margallo sino de quienes utilizan el vehículo propio para hacer gestiones que pueden hacerse a pie en una ciudad pequeña como la nuestra.

Y decimos que no es del mercadillo porque en muchas capitales de provincia hay mercadillos en el centro de la ciudad una vez por semana y no se monta el colapso que vivimos ayer en Melilla debido también a las obras que se están acometiendo en el centro y los desvíos y cambios de sentido de calles que desembocan en la principal arteria de la ciudad.

En Melilla tenemos que trabajar más la concienciación de los ciudadanos en la necesidad de mover más las piernas y coger menos el coche o, en su defecto, utilizar más el transporte público.

De nada sirve que le enseñen a los niños en el colegio la importancia de cuidar el medio ambiente si cuando llega el fin de semana las familias no los bajan de los coches e incluso los pasean en los famosos 'rules' que son contaminantes e incomprensibles.

Melilla es una ciudad pequeña que debería estar llena de carriles bici y calles peatonales. Sin embargo, está llena de colas para salir o entrar por la frontera; cerca de los colegios en horario de entrada y salida de clases; en las inmediaciones del centro de la ciudad en horas punta; en los alrededores de Los Pinos...

¿Y por qué pasa esto? Porque hemos invertido poco o nada en concienciar a los ciudadanos en la necesidad de hacer de ésta, una ciudad vivible, asequible, manejable y amiga de los viandantes.

Hay que promover hábitos saludables, pero hay que hacerlo no solo desde la escuela, sino además desde las instituciones públicas. Hace unos años los motoristas no usaban casco y era normal. Hoy es impensable. Se hizo una campaña incisiva y además las multas ayudaron a reconducir la situación.

Se puede conseguir reducir el consumo de combustible y las colas de tráfico, luchando, además, contra el sedentarismo. Pero hay que idear campañas certeras. Hay que conseguir llegar a la gente.

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