La salida del CEIP Pintor Eduardo Morillas se convirtió en una sucesión de sonrisas, abrazos y relatos emocionados al término de la visita de los Reyes. Mientras don Felipe y doña Letizia abandonaban las instalaciones, las familias se acercaban a recoger a sus hijos, pendientes de las primeras impresiones de unos escolares que acababan de vivir una tarde diferente e histórica. Los nervios de la espera habían dado paso a la alegría de quienes habían conseguido estrechar la mano de Sus Majestades, abrazar a la Reina o verlos de cerca en las aulas. Fuera, entre padres, abuelos y vecinos, la expectación acompañaba los últimos momentos de una jornada que había tenido a los niños como protagonistas dentro del colegio y a los melillenses como testigos de la cercanía mostrada por los Reyes a su llegada.
"Ha sido superdivertido y me han dado la mano los dos. Aunque estaba un poco nervioso", relataba Damir al salir del centro. El pequeño resumía inicialmente la experiencia con un expresivo "muy guay", antes de reconocer que el encuentro le había provocado cierta inquietud. La emoción, sin embargo, había terminado imponiéndose y don Felipe y doña Letizia se convertía ya en uno de sus recuerdos. Raisa, otra de las alumnas, destacaba la cantidad de gente que había y el calor que había hecho durante la visita, aunque aseguraba que no había estado nerviosa. Abdullah también abandonaba el colegio satisfecho: "Han ido los Reyes. Me lo he pasado bien. Me han dado la mano, me han saludado", contaba con la espontaneidad propia de la edad.
La aglomeración de algunos momentos también había dejado anécdotas entre los escolares. "Estaba toda la gente apelotonada para ver a los Reyes. Hay gente que se ha caído, yo también me he caído", relataba un grupo de niños, que recordaba entre risas el movimiento de quienes intentaban acercarse. La jornada había dejado espacio para las firmas y los saludos. Uno de los pequeños explicaba que el presidente de la Ciudad, Juan José Imbroda, le había firmado, que don Felipe le había tocado la mano y que había abrazado a doña Letizia. Incluso había conseguido alguna firma de sus profesores. Para otros alumnos, el recuerdo estaba en el paso de los Reyes por algunas clases, una oportunidad de verlos de cerca y abrazar a algunos, aunque no todos habían tenido la misma suerte. "Nervios y mucha intriga de cómo iba a ser", resumía una pequeña al recordar los momentos previos.
La emoción compartida con las familias
A las puertas del colegio, los padres escuchaban atentos las primeras impresiones de sus hijos. Muchos habían organizado la tarde para que los pequeños pudieran participar en una visita que no forma parte de la rutina escolar. Ali, uno de los padres que esperaba a su hija, explicaba que los escolares habían tenido que acudir al centro a las 15:30. La espera había merecido la pena, tanto para la pequeña como para su padre. "Porque ella quería venir y yo también quería que viniera. No es de todos los días y es bonito", afirmaba. La familia, que vive cerca de la base Alfonso XIII, había llegado media hora antes para observar el movimiento de personas y el dispositivo policial. "Hay que estar aquí en Melilla y hay que apoyarlo, hay que venir a verlo", señalaba.
Para su hija Yesenia, sin embargo, la visita dejó también la sensación de haberse perdido una parte de la experiencia. Este curso había pasado a primero de la ESO después de estudiar en el Eduardo Morillas y tuvo que seguir el encuentro desde fuera. "Lo he visto en la tele y también lo he visto esta mañana en la Plaza de España. Lo guay hubiera sido verlo dentro del cole", reconocía. Su hermana pequeña, Leina, sí pudo participar y acudió decidida a ver a Sus Majestades. Según contaba a su salida, no estaba nerviosa y permaneció sentada durante el tiempo que los Reyes estuvieron en el patio.
Abi, otra de las madres presentes, explicaba que había llevado a sus hijos para que conocieran a los Reyes en persona. Mientras aguardaba su salida, había compartido la espera con otros padres, también pendientes de escuchar cómo había transcurrido el encuentro y vivir la llegada de Sus Majestades. La experiencia, aseguraba, había sido muy bonita, tanto por la oportunidad que habían tenido los niños como por el trato recibido durante los saludos. "Ellos nos saludaron, estuvieron con cada uno y la verdad que muy atentos", relataba, destacando la cercanía que había marcado la llegada de los monarcas antes de dirigirse al interior del centro.
Para algunos padres, la visita tenía también un significado institucional e histórico. Un padre defendía la importancia de que los niños aprendieran qué representa la figura del Rey en España y describía la jornada como "un momento histórico". Su hija había podido saludar a Sus Majestades tanto por la mañana, en la Plaza de España, como por la tarde, en el colegio, y hacerse fotografías con ellos. El hombre recordaba también la visita de Juan Carlos I y la reina Sofía y consideraba importante acompañar a los Reyes durante su estancia en la ciudad. "Hay que arroparlos, somos españoles", afirmaba.
La visita también despertó el interés de familias sin vinculación directa con el colegio. Noa, una pequeña que acudió acompañada por su madre, decidió acercarse hasta las inmediaciones pese a que no era alumna del Eduardo Morillas. La niña se mostraba contenta por haber podido participar del ambiente y ver a los Reyes. También Ainhoa Garrido esperaba a que saliera su hermana, estudiante del centro, y explicaba que los profesores habían organizado la asistencia de los escolares por la tarde. La ilusión de la pequeña y de sus compañeros había sido uno de los motores de una jornada que rompió con la normalidad de las clases.
Educación pública
Entre los familiares que acompañaban la salida se encontraba María Jesús, mujer del director del centro, que había seguido la visita desde la mañana junto a su hija, Marina García, y otros miembros de la familia. Después de ver a los Reyes en la Plaza de España, se había desplazado hasta el colegio para continuar disfrutando de una jornada que calificaba de extraordinaria. "Desde esta mañana hemos estado viéndolos en la Plaza de España y nos hemos quedado hasta bien tarde. Luego hemos venido para acá y disfrutando muchísimo", explicaba.
Su satisfacción estaba ligada también al significado de que el CEIP Pintor Eduardo Morillas hubiera sido el centro elegido para recibir a don Felipe y doña Letizia. María Jesús destacaba el trabajo diario de una comunidad educativa que, a su juicio, merecía este reconocimiento. "Hay un equipo maravilloso, no solo el equipo directivo, los docentes en general, y luego el alumnado también es una maravilla", afirmaba. Su hija, Marina García, compartía el orgullo por el colegio y por lo que representa.
El director del centro, Jorge García, expresaba también su satisfacción al término del encuentro. "Pues es un orgullo, la verdad. Y todo un placer poder representar a la educación pública y al sector educativo en general de la ciudad", señalaba. Para García, la elección de un colegio público suponía un reconocimiento al trabajo de sus profesionales y a las circunstancias en las que desarrollan su labor. "Que se haya elegido un centro público es para todos los docentes un espaldarazo para una ciudad en la que sabéis las condiciones también en las que trabajamos muchas veces", afirmaba.
El director quiso dedicar, además, unas palabras a Ceuta, presente en su recuerdo durante una jornada especialmente señalada para Melilla. "Un saludo para nuestros compatriotas ceutíes, a los cuales hoy también llevamos en el corazón", manifestaba, poniendo de relieve el significado que atribuía a la visita para el conjunto de la comunidad educativa y de las dos ciudades autónomas.
La presidenta del AMPA
Laura Gallego, presidenta del AMPA, también tuvo la oportunidad de vivir el encuentro desde dentro. A la salida, reconocía sentirse especialmente orgullosa por la coincidencia entre su reciente llegada al cargo y la visita de los Reyes. Su condición de mujer de militar y la vinculación de su familia con la Monarquía añadían un componente personal a la experiencia. "Para mí un orgullazo, sobre todo que soy presidenta de hace muy poco tiempo y que justo haya coincidido la visita de los Reyes de España al centro", afirmaba.
Gallego había intentado trasladar a Sus Majestades el cariño de las familias del colegio, aunque reconocía que el encuentro había sido breve. Se marchaba, no obstante, con una impresión positiva, especialmente por la atención que los Reyes habían dedicado a los niños. "Ha sido muy breve, pero a mí me ha encantado", señalaba. Y añadía: "Encima eran muy joviales, le han dedicado todo el tiempo del mundo a los niños, a los padres nada -entre risas-, pero eso me encanta. O sea que son muy cercanos".
Vecindario
Fuera del colegio, los vecinos también habían vivido la visita con expectación. Una melillense que acudió acompañada de sus nietas, su nuera y otros familiares relataba la satisfacción de haber podido ver a los Reyes de cerca. Vivía en las inmediaciones y había aprovechado la ocasión para acercarse con los suyos. "Yo soy de Melilla. Tengo nietos, tengo hijos, tengo nieta. La experiencia ha sido maravillosa. He venido para verlos. Yo vivo ahí, cerquita", contaba. Su valoración era rotunda: "Son maravillosos. La Reina y el Rey son maravillosos".
Al final de la tarde, el movimiento fue disminuyendo a las puertas del Eduardo Morillas. Los padres emprendían el regreso a casa con sus hijos, mientras los pequeños seguían comentando quién había estrechado la mano del Rey, quién había abrazado a la Reina o cómo habían vivido los momentos de mayor aglomeración. Para el colegio, la visita había supuesto una oportunidad de mostrar el trabajo de la educación pública; para las familias y los vecinos, una ocasión de compartir la emoción de un acontecimiento excepcional. Pero fueron los escolares quienes pusieron el broche más espontáneo a la jornada: entre risas, nervios y relatos que se repetían de camino a casa, se llevaron consigo el recuerdo de una tarde en la que los Reyes dejaron de ser una imagen lejana para convertirse en protagonistas de su propia historia.








