Sorpresa, desconcierto pero sobre todo rechazo. Difícil de entender que cuando el Poder Ejecutivo y el Legislativo erran, la factura la pague el Judicial. Pero más difícil lo es que el hecho de equivocarse y enrocarse en el error de quien hizo bandera política uno de los males de la sociedad, como lo es la violencia de género, y traducido en hechos como la Ley del “solo sí es sí”, lleve a sus correligionarios a pedir apoyo explícito y rotundo más que pedirlo para aquellas víctimas que añaden sufrimiento y desconfianza a lo que ya sufrieron.
La política radical, esa que chilla tanto y desprecia a quien no comulga a pies juntillas y párpados bajados con sus postulados absolutos, es un problema para cualquier partido de gobierno que necesite de los extremos para sobrevivir.
Es esa política que hizo, aparentemente, proselitismo para favorecer a las personas más débiles o dañadas, pero acaban por ocasionarles más sufrimiento. En la búsqueda del voto o en el mantenimiento de él, cuando empieza a quemarse el sentido común, sus cenizas terminan por dejar el rastro del populismo.
Es abracadabrante el debate sobre los “efectos indeseados” como si fuera una prenda de vestir que puede producir molestias a pieles más sensibles. Es todo un desvarío que, primero, no se reconozca, por la autoría de la ley, el error y, a continuación, el propósito de enmienda, corregir la equivocación. Por medio, pedir disculpas y no empecinarse en el desatino soltando vilipendios al resto.
Es frecuente, lo sucedido y lo que sucede, en formaciones políticas y sus próceres que al acecho del poder no cejaron, hasta la saciedad, en exigir justicia social, pero una vez en el trono (más por demérito del contrario que por mérito propio) descuidan algunos servicios esenciales, esos que quiebran más a quienes menos tienen. Centran, por lo general, su esfuerzo en apretar las filas y proteger a los camaradas, derrapen o no, corporativismo de formación.
Mientras, los terribles acontecimientos vividos el 24J en la valla perimetral que separa Melilla (Europa) de Marruecos siguen dando el de sí de un debate político que, al menos, y por primera vez expresado, ha tenido el pronunciamiento del ministro del Interior español en el sentido que la orden de actuación de la Guardia Civil fue del máximo responsable, él. Como ha sido siempre, defender la integridad de España dentro de toda la humanidad, proporcionalidad y necesidad posibles. Demasiado vaivén de algunas formaciones políticas para rebajar al adversario en plena ceremonia de la confusión.
Y, sobre todo, a la par que esto ocurre, la cesta básica de la compra, continúa en escalada; los recursos imprescindibles para una vida medio digna, la luz, el combustible…a precio de boutique y como única culpable, la inflación, claro, no podía ser de otra manera, creerse siempre ser la solución, pero nunca el problema. Abracadabrante.
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