Esta mañana, como tantas otras, no hubiera querido despertar del sueño porque dormido no siento el dolor que me produce el haber perdido a un ser querido como mi amada.
Dios nos dá la vida y la felicidad, pero no pensó en el dolor que nos causaría cuando se lleva con él a quien tanto quieres. Los tiempos de felicidad pasan volando, pero los del dolor cuánto cuesta que se vayan. Sólo han transcurrido seis meses hoy desde que mi amor se fué y, desde entonces, vivo sin vivir.
Un famoso cantante, de un tiempo no muy lejano, supo expresar en una de sus canciones el dolor que representa esa pérdida. Le decía a su amada que lo esperara en el Cielo, rogando por su adios, porque en su pecho le formaba nido la desesperación.
Y es que, para ese dolor que produce tanta amargura, nadie me enseñó a hacerle frente ni a evitar que me crea que el corazón se me rompe por tantas cosas que le dejé de decir o de hacer.
Tengo la esperanza en que compartiendo el sufrimiento con personas queridas y del entorno me ayuden a aminorarlo, no olvidando que el tiempo será el amigo que me devuelva la vida.
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