La Consejería de Medio Ambiente y Naturaleza del Gobierno de la Ciudad Autónoma recuerda a los usuarios de las playas el daño ambiental que provoca arrojar colillas a la arena o al mar y hace un llamamiento a la responsabilidad ciudadana para mantener limpio y protegido el litoral.
Bajo el lema "La playa no es un cenicero", la iniciativa hace visible un problema que va más allá de la suciedad. Este área del Gobierno local recuerda que los filtros de los cigarrillos están fabricados habitualmente con acetato de celulosa, un material plástico de lenta degradación que puede fragmentarse y generar microplásticos.
Asimismo, las colillas usadas retienen nicotina y otras sustancias tóxicas que pueden liberarse al entorno, por lo que cuando quedan enterradas o abandonadas en la arena, la humedad y la lluvia favorecen el paso de estos contaminantes al suelo y al agua. Además, en el medio marino, sus residuos y fragmentos pueden ser ingeridos por la fauna y causar efectos perjudiciales en los organismos acuáticos.
Su deterioro puede prolongarse durante años, dependiendo de las condiciones ambientales. La fragmentación del filtro no equivale a su desaparición: puede dar lugar a partículas plásticas que permanecen en el ecosistema.
Por todo ello, la Consejería recuerda que enterrar una colilla en la arena no elimina el residuo e insta a los usuarios a utilizar ceniceros portátiles, apagar completamente las colillas y depositarlas en los recipientes adecuados, evitando que lleguen a la arena o al mar.
Asimismo, valora el trabajo de los operarios de limpieza de Valoriza y solicita la colaboración de la ciudadanía para reducir estos residuos desde su origen.
"Mantener las playas limpias contribuye a conservar la calidad ambiental del litoral y a disfrutar de unos espacios más cuidados".








