El Cementerio Municipal de la Purísima Concepción ha concentrado buena parte de los planes del puente de Todos los Santos; ha sido así para las familias que mantienen viva la tradición católica de visitar las sepulturas, arreglarlas y llevar flores nuevas en recuerdo de los difuntos. Las autoridades civiles y militares han recorrido las estancias del camposanto para hacer entrega, como cada año, de coronas de flores a personas que forman parte de las memorias de la ciudad.
Cabe destacar la presencia de miembros del Ejecutivo local, de la Delegación del Gobierno, la Asamblea de Melilla, la Comandancia General y la Guardia Civil. Han tenido un papel relevante todos los representantes, en especial, el presidente Juan José Imbroda, la delegada Sabrina Moh y el nuevo comandante general Fernando Ruiz Gómez. La visita ha contado con la participación del presidente del Senado Pedro Rollán, quien ha sido recibido de forma oficial en el Palacio de la Asamblea por el Gobierno de Melilla, los parlamentarios nacionales y la Junta de Portavoces.
El Día de Todos los Santos aumentó la afluencia de vecinos en el cementerio, que en las vísperas del primero de noviembre, cumplieron con las tareas de arreglar y limpiar las tumbas y nichos para más tarde pasar ratos a solas con los seres queridos que ya descansan. Las flores y los ramos han dibujado una estampa colorida en la Purísima Concepción. Hoy, con el Día de los Fieles Difuntos, se ha terminado de completar la escena, con más de una veintena de coronas de la Ciudad Autónoma repartidas por todo el recinto.
Enrique Nieto y Cándido Lobera han sido algunos de los destinatarios de las flores entre otras personalidades ilustres que han construido la historia melillense. Las autoridades han recorrido de principio a fin el cementerio, pasando por panteones de héroes y espacios cedidos a las víctimas del Covid, de la explosión del polvorín de Cabrerizas o del accidente aéreo de 1998 entre otras.
Entrega de coronas florales
El recorrido comenzó con una mención a Don Benito Franco, el popular “Soldado de los Milagros”, fallecido el 19 de enero de 1950. Una figura que, año tras año, recibe el cariño de los vecinos de Melilla, que le piden protección y sanaciones. La primera corona fue para Don Francisco Gil Castro, que falleció por ahogamiento en 1982 intentando salvar a varios bañistas. Los vicepresidentes primero y segundo de la Asamblea, María José Aguilar Silveti y Rachid Bussian Mohamed, depositaron la ofrenda en la sepultura.
Seguidamente, la diputada Sofía Acedo Reyes y el senador Fernando Adolfo Gutiérrez Díaz de Otazu hicieron lo propio en el lugar que reposa Don Rafael Ginel Cañamaque, quien fue alcalde entre 1979 y 1983. Don Mariano Carralero Tovar, antiguo encargado del camposanto que pereció en 2023, recibió la corona por parte del vicepresidente primero Miguel Marín Cobos y del viceconsejero de Medio Ambiente Francisco Villena Hernández.
El homenaje a José Imbroda Domínguez, concejal entre 1979 y 1983, estuvo a cargo del presidente de Melilla Juan José Imbroda y del presidente de la Fundación Melilla Monumental Francisco José Díaz García. A continuación, Imbroda y la delegada del Gobierno en Melilla, Sabrina Moh Abdelkader, depositaron flores en memoria de los ingleses fallecidos en aviación el 15 de junio de 1944.
La portavoz del Gobierno, Fadela Mohatar Maanan, la consejera Marta Victoria Fernández de Castro Ruiz y el consejero Miguel Ángel Fernández Bonnemaisón, depositaron una corona de flores por las víctimas de la explosión del polvorín de Cabrerizas del 26 de septiembre de 1928. En los restos del cementerio viejo de la ciudad, se detuvieron los consejeros Randa Mohamed El Aoula, José Bienvenido Ronda Inglés y Jesús Manuel Romero Imbroda.
Los responsables de la ofrenda de Don Julio Bassets Rutllant, exdiputado de las Cortes, fueron los diputados Riduan Moh Abdelkader, Diego Francisco Muñoz Jaén y Amín Azmani Mohamed. Los viceconsejeros Nasera Al-Lal Mohamed y Pedro María Fernández Antón, junto a Díaz García, colocaron la corona a Don José Romero Guirado, fallecido en un accidente laboral en 1978. Del mismo modo, la viceconsejera Fadwa Abelhadj Benlafki y la diputada Dunia Almansouri Umpiérrez tuvieron el gesto con Doña Dolores Carmona Román.
De la Guardia Civil, al melillense Don Juan Ramón Joya Lago, que fue asesinado el 12 de diciembre de 1982 en Tolosa, presentaron sus respetos el presidente Imbroda, el presidente del Senado Pedro Rollán Ojeda y el coronel jefe Jesús Rueda Jiménez. En su paso por el Panteón Marítimo, en el nuevo monumento funerario en recuerdo de los marinos caídos en la defensa de Melilla, Marín Cobos, Ruiz Gómez y Mohatar Maanan guiaron la entrega. En el Panteón Militar de Héroes se repitió la escena justo después.
La presidenta de Proyecto Melilla, Esther Donoso García-Sacristán, el presidente de Emvismesa, Hassan Driss Buyemaa, y el presidente de Inmusa, Sebastián Alarcón Vallés, colocaron la corona al arquitecto modernista Don Enrique Nieto. Del alcalde Don Antonio Díez Martín, en el cargo entre 1931 y 1936, Sabrina Moh, Riduan Moh y Muñoz Jaén cumplieron con el cometido. Mohamed El Aoula, Ronda Inglés y Fernández Bonnemaisón recordaron a Don César Jiménez Segura, fallecido en el 2000.
Los guardias civiles Don Antonio Molina Martín (asesinado en un atentado en 2002) y Don Juan Antonio Díaz Román (fallecido el 1 de mayo de 1979) también tuvieron su merecido reconocimiento en este día. A este último, con la implicación del jefe regional de Operaciones de la Jefatura Superior de Policía, Diego Saavedra Anegas. Don Rafael Fernández de Castro y Pedrera, fallecido el 6 de marzo de 1952, fue distinguido por los consejeros Fernández de Castro Ruiz y Romero Imbroda.
Los últimos instantes han sido dedicados a las víctimas del accidente aéreo de 1998, del depósito de agua y del Covid, con una última sepultura, la de Don Cándido Lobera Girela, presidente de la Junta de Árbitros entre 1928 y 1931. Con un minuto de silencio por las víctimas de Urda (Toledo), el vicario episcopal José Luis Pastor González ha guiado un responso en reconocimiento a todas estas personas, y a las otras tantas que han pasado por la ciudad, dejando en ella una huella imborrable.








