El Día de Melilla ha sido la excusa perfecta para coger el coche, ir hasta los Pinares de Rostrogordo y preparar un almuerzo en condiciones. Algunas familias melillenses no se lo han pensado dos veces y se han desplazado hasta la zona para pasar su día festivo a la sombra de los pinos, un plan más o menos improvisado que ha surtido el efecto deseado.
Los pinares son un auténtico pulmón verde para la ciudad autónoma, el entorno idóneo para organizar planes familiares y entre amigos. Este área natural está muy concurrida en la época de entretiempo, como este mes de septiembre, en el que ya no están los días tanto para playa pero sigue haciendo algo de calor.
Son un refugio para las altas temperaturas, y gracias a las barbacoas que están disponibles durante todo el año, se pueden montar buenas “entanadas”, que son tan típicas en Melilla. Las familias que se encontraban allí estaban entretenidas cocinando sardinas y “pinchitos” entre otros platos.
No ha faltado el picoteo, con patatas, aceitunas y mucha comida casera, al igual que el postre: unas uvas, algo de beber y el plan está hecho. En realidad, no se necesita demasiado para pasar un día agradable en los pinos. Otro de los grupos había encargado pollos asados para la ocasión.
En la sobremesa, estaban charlando y riendo mientras los niños jugaban por las inmediaciones del pinar. En una mesa, un grupo de amigas jugaba a las cartas, y agradecían esta escapada del trabajo un día cualquiera entre semana. El Fuerte de Rostrogordo, al igual que otros puntos de la ciudad, tiene una importancia histórica vinculada al ámbito militar.
A finales del siglo XIX, se construyó en la zona una torre de vigilancia para defender Melilla de posibles ataques. Un fuerte exterior que fue crucial a nivel defensivo en aquella época. Esta superficie de más de 350.000 metros cuadrados se ha mantenido con el paso del tiempo, cambiando la funcionalidad que se le otorgó para ser lugar de ocio y recreo de residentes y visitantes.
Pero un pícnic no es lo único que se puede hacer en Rostrogordo. Muchas personas aprovechan los fines de semana para hacer deporte por este enclave. Correr, caminar, ir con la bici, atravesar los pinos para llegar hasta los Cortados de Aguadú. Es uno de los sitios favoritos de los locales para resguardarse del calor y para compartir momentos en buena compañía. En Pentecostés, los romeros caminan hasta allí para pernoctar y celebrar su fiesta.
Muy cerca se puede visitar el Mirador del Barranco del Quemadero, con una vista panorámica al mar y al territorio fronterizo con Marruecos. Hay quienes apuestan por hacer senderismo, largas y tranquilas caminatas, porque el entorno se presta a ello. Eso sí, no es llano por completo, tiene caminos de tierra y subidas moderadas.
Lo mejor será ir a los Pinares de Rostrogordo con ropa cómoda, un calzado adecuado, sillas de playa, mesas y todo lo necesario para practicar deporte moderado y luego orquestar un buen almuerzo. Haga frío o calor, los pinos se mantienen en el mismo sitio, regalando su sombra para que el tiempo se pare en días festivos como el 17 de septiembre.








