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El Invernadero abre sus inscripciones para el nuevo curso de teatro que comenzará en octubre

La escuela mantiene sus grupos por edades e incorpora Ramas, dirigido a personas con TEA. Entre las disciplinas se encuentran voz, cuerpo e interpretación y se recuperan las aéreas de tela, aro y pole dance

por Alejandra Gutiérrez
09/09/2026 10:00 CEST
El Invernadero abre sus inscripciones para el nuevo curso de teatro que comenzará en octubre

Alumnos y alumnas de El Invernadero en una de sus intervenciones en la ciudad. -Cedida por Nogales-


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El Invernadero nació en 2016 como una asociación con ánimo de responder a una demanda largamente esperada en la ciudad: una escuela de teatro. Alejandra Nogales, su directora, explica que el punto de partida fue la necesidad de reunir a los jóvenes artistas que estaban creando en Melilla y saber qué estaba pasando con ellos. La asociación Jóvenes Artistas Melillenses El Invernadero se presentó aquel año en la Feria de Emprendimiento con una idea muy concreta: "aglutinar a todos los jóvenes artistas melillenses que estuvieran creando arte en Melilla" y trabajar para su profesionalización, con la intención de que pudieran llegar a vivir de ello.

La presentación en la Feria fue, además, una pequeña representación. Durante una entrevista, varias actrices se habían infiltrado entre el público adolescente y terminaron protagonizando un sketch. "Fue un gran éxito", recuerda Nogales. A partir de ahí comenzó un trabajo que durante los tres primeros años se desarrolló por proyectos. La asociación fue recogiendo información sobre los intereses de los jóvenes y organizando actividades a partir de esas necesidades. Había quienes se interesaban por la robótica, otros por la fotografía o el cine, y las propuestas fueron creciendo en esa dirección.

En esos años hubo talleres de fotografía, de realización de cortometrajes con el teléfono móvil, de escritura de guiones o de interpretación ante la cámara. También pasaron por el proyecto profesionales de distintas disciplinas. Jorge Roelas impartió un taller sobre la teoría de Bechdel y el análisis de la presencia de las mujeres en las películas y las obras, y aquella experiencia terminó con un cortometraje contra el bullying realizado por los propios alumnos. También hubo formación en escritura dramática y voz.

Hasta 2019, explica Nogales, todo funcionaba de manera más irregular, dependiendo de los proyectos y de las posibilidades de financiación. Ese año llegó una subvención de la Consejería de Cultura de la Ciudad Autónoma que permitió convertir aquellas actividades en clases regulares. Para la directora, era la respuesta a una carencia que llevaba años señalando. Melilla contaba con escuela municipal de danza, de idiomas y de artes plásticas, pero no con una escuela municipal de teatro. "Era una lucha que yo llevaba ejerciendo desde el 2004", cuenta.

El Invernadero se instaló entonces en la primera planta de la Mezquita Central. El espacio permitía desarrollar una escuela con más posibilidades y la programación creció. "Inauguramos por todo lo alto", recuerda Nogales. La intención era que la experiencia fuese "inolvidable" para los jóvenes, a los que considera especialmente olvidados en las programaciones, los programas y las propuestas de ocio.

La respuesta llegó sobre todo por parte de los adolescentes. "Nosotros pensábamos que íbamos a tener más adultos", reconoce, pero el mayor crecimiento se produjo entre los jóvenes. Así se organizaron los primeros tres grupos de la escuela: Semillas, para los más pequeños; Brotes, para los adolescentes; y Plantas, para los adultos.

La formación comenzó con cuatro disciplinas: interpretación, canto, danza y circo. A ellas se añadían monográficos y workshops que permitían trabajar aspectos concretos de las artes escénicas. La escuela organizó, por ejemplo, un taller de caracterización con prótesis para Halloween, con heridas y otros efectos, y cursos de escritura dramática y voz. La idea era ampliar las posibilidades de formación y que los alumnos pudieran conocer diferentes ámbitos del trabajo escénico.

Desde el principio, además, la formación estuvo relacionada con la actividad cultural de la ciudad. Los alumnos participaban en acontecimientos y celebraciones como la cabalgata de Navidad, Carnaval, Halloween, el 25N, el 8M o San Valentín. "Como apostamos siempre por la profesionalización del sector en la ciudad, nuestros alumnos desde el minuto uno participaban en todos los eventos de la ciudad", explica Nogales.

La pandemia llegó cuando el proyecto acababa de arrancar con fuerza. Las clases pasaron a realizarse online y todo aquello que se había puesto en marcha quedó paralizado. Pero antes del cierre, la escuela ya había empezado a adquirir una dimensión que iba más allá de la enseñanza del teatro. Además de las aulas, contaba con espacios para vestuario y escenografía y con una pequeña zona de encuentro que los alumnos llamaban "el chill out". Allí podían quedarse después de clase, hacer los deberes o simplemente compartir tiempo.

Ese espacio terminó siendo especialmente importante para los adolescentes. El Invernadero empezó a recibir alumnos procedentes de diferentes centros educativos y con situaciones muy diversas. Algunos habían vivido experiencias de bullying y otros presentaban diferentes necesidades y diversidades. La escuela comenzó a trabajar de manera coordinada con los responsables de los centros para acompañar también esas situaciones. "En muy poquito tiempo El Invernadero se convirtió en un espacio seguro, sobre todo para los adolescentes", explica su directora.

También hubo alumnos procedentes de centros como la Gota de Leche y plazas becadas para familias con bajos recursos. Nogales habla de aquellos años como una etapa en la que El Invernadero terminó acompañando a toda una generación. Algunos de aquellos jóvenes estudian ahora Arte Dramático, otros trabajan como actores y otros han desarrollado diferentes proyectos artísticos. Hay antiguos alumnos que han publicado poemarios, escrito obras de teatro o que actualmente trabajan fuera de España. "Creo que ellos han sido muy importantes para nosotros y nosotros para ellos", señala.

Ahora la escuela afronta un nuevo curso con cambios en su organización y una nueva necesidad a la que quiere dar respuesta. El grupo Ramas estará dedicado específicamente a personas con TEA. Nogales explica que durante años hubo alumnos con TEA integrados en los diferentes grupos, pero que la escuela comenzó a encontrarse con perfiles que necesitaban una atención más específica. De ahí surge la decisión de crear un grupo propio.

La propuesta estará dirigida por Lara Megía, que trabaja desde la perspectiva de la neurodivergencia y la diversidad. El Invernadero lleva años colaborando, además, con asociaciones como NEES y realizando talleres y actividades con sus usuarios. Para Nogales, la creación de Ramas responde a una necesidad de la ciudad y a la convicción de que el teatro debe ser una herramienta accesible para todos. "Creemos que es totalmente necesario en la ciudad tener este grupo de teatro específicamente TEA", explica.

Este curso también recuperan las disciplinas aéreas. El año anterior se realizó durante un mes una experiencia con tela, aro y pole dance que tuvo muy buena acogida y provocó que los alumnos siguieran pidiendo su regreso. La diferencia ahora es que dejarán de ser una actividad puntual para convertirse en grupos con formación durante todo el año.

La propuesta general de la escuela se basa este curso en tres disciplinas: voz, cuerpo e interpretación. Nogales insiste en diferenciar las disciplinas de los grupos: una cosa son las edades y otra las materias que trabajan. La idea es que los alumnos puedan combinar las tres y reciban una formación integral que desde El Invernadero definen como "360". A ellas se suman las disciplinas aéreas de tela, aro y pole dance.

Galería de fotografías de actividades realizadas -Cedidas por Nogales-

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Disciplinas y grupos

Los grupos se organizan por edades. Semillas reúne a niños y niñas de 5 a 11 años. Tienen clase los martes y jueves de 17:00 a 18:00 horas. Los martes trabajan voz, junto con el grupo Brotes, mientras que los jueves desarrollan interpretación y cuerpo, de forma conjunta.

Brotes, dirigido a adolescentes de 12 a 17 años, tiene voz los martes de 17:00 a 18:00 horas, junto a Semillas; interpretación los martes de 18:00 a 19:30 horas; y cuerpo los jueves de 18:00 a 19:30 horas.

Plantas, para mayores de 18 años, trabaja voz los martes de 18:00 a 19:30 horas; interpretación los martes de 19:30 a 21:00 horas; y cuerpo los jueves de 19:30 a 21:00 horas.

El nuevo grupo Ramas está destinado a personas con TEA y se divide también por edades. Los miércoles, de 17:00 a 18:00 horas, se desarrolla el grupo de los más pequeños, correspondiente a la franja de Semillas, mientras que de 18:00 a 19:00 horas se reúne el grupo adolescente, correspondiente a Brotes.

Las clases de voz están impartidas por Lola Padial; cuerpo y el grupo Ramas corren a cargo de Lara Megía, especializada en neurodivergencia y diversidad; e interpretación es responsabilidad de Raquel González.

La intención es que las disciplinas puedan abordarse de forma conjunta y que los alumnos tengan una formación completa. También se mantiene la conexión con la actividad cultural de Melilla. A lo largo del curso participan en diferentes eventos y forman parte de la bolsa de trabajo de la escuela. El Invernadero recomienda a sus alumnos a compañías locales y a organizaciones que necesitan intérpretes para actividades y acontecimientos. Para este curso ya tienen previstas participaciones en el 25N, Navidad, Carnaval y el Día del Libro.

El trabajo durante el curso tampoco se limita a seguir un programa cerrado. La escuela prepara al inicio del año unas guías didácticas con los contenidos que considera importantes para quienes llegan nuevos y para quienes llevan más tiempo, pero Nogales explica que también se escucha mucho a los alumnos. Sus intereses pueden modificar las propuestas iniciales.

Lo comprobó el curso pasado. La escuela había planteado trabajar con un texto de Nando López, con quien los alumnos ya habían tenido un encuentro durante la Feria del Libro y para quien realizaron una lectura dramatizada. Sin embargo, el grupo tenía interés en investigar sobre Lorca y la propuesta terminó virando hacia La casa de Bernarda Alba. "Escuchamos al alumnado y vamos recibiendo sus inquietudes y dándoles forma", explica Nogales.

Al final del curso está prevista una muestra en junio, como cierre del trabajo realizado durante los meses anteriores. Pero el objetivo no es únicamente llegar a ese escenario final. La escuela busca que el aprendizaje continúe fuera del aula, que los alumnos tengan contacto con la actividad cultural de la ciudad y que puedan acceder a oportunidades profesionales a través de la bolsa de trabajo.

Este año, además, El Invernadero estrena edificio tras haber permanecido durante varios cursos en el CEIP Eduardo Morillas, aunque su ubicación todavía no se ha hecho pública y la dirección prepara una inauguración. Las actividades comenzarán en octubre y las inscripciones permanecen abiertas hasta ese mes y pueden consultarse a través de los datos del cartel oficial. La matrícula tiene un precio de 20 euros y la mensualidad es de 35.

Tags: Alejandra NogalesCuerpodisciplinas aéreasEl InvernaderoEscuela de teatrogrupo TEAInterpretaciónLara MegíaLola PadialRaquel Gonzálezvoz

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