La Feria de Melilla tuvo este viernes un sabor especialmente joven. Diez participantes, divididos en dos equipos, se pusieron el delantal para enfrentarse al ‘Gran Desafío Culinario Jóvenes Chefs Melilla 2026’, una iniciativa de la Consejería de Educación, Juventud y Deporte que convirtió el Espacio Joven de Feria en una pequeña cocina de competición.
El equipo amarillo estuvo capitaneado por Annie, segunda finalista de MasterChef 14, mientras que el rosa tuvo al frente a Valentina, ganadora de MasterChef Junior 11. Ambas fueron las encargadas de acompañar a los jóvenes durante una jornada que mezcló nervios, aprendizaje y muchas ganas de cocinar.
Antes de ponerse manos a la obra, las dos jóvenes cocineras ofrecieron una masterclass. Allí explicaron el menú, las técnicas que iban a utilizar y los pasos que debían seguir para sacar adelante las tres elaboraciones. Después llegó el momento de la verdad.
El reto consistía en preparar un menú completo de tres pases. Una propuesta creada por Annie y muy ligada a sus raíces riojanas. Como entrante, los participantes tuvieron que elaborar unas patatas a la riojana. El plato principal fueron unos pimientos rellenos de pescado, mientras que el postre estuvo protagonizado por pera, yogur y un crujiente de galleta Lotus.
Annie explicó durante la actividad cómo debía desarrollarse cada elaboración. Para el postre, los equipos comenzaron preparando el almíbar de las peras, que después se montarían en un vaso junto al yogur y el crujiente de galleta. Las patatas a la riojana llevaron, entre otros ingredientes, laurel, caldo y chorizo. Para los pimientos rellenos se utilizó bacalao y atún, acompañados de una especie de bechamel para conseguir una textura más jugosa y una salsa de piquillo.
Con los fogones encendidos, los jóvenes tuvieron que repartirse las tareas y trabajar en equipo. Cada minuto contaba. También cada decisión. Y ahí estuvieron Annie y Valentina, pendientes de los participantes y tratando de ayudarles cuando lo necesitaban.
Para Valentina, regresar al papel de capitana tuvo un significado especial. “A mí me hace mucha ilusión volver a ser capitana porque me acuerdo mucho de cuando lo fui en el programa”, explicó. Su principal objetivo, más allá de ganar, era que los jóvenes “se lo pasen muy bien” y disfrutasen de la cocina.
La ganadora de MasterChef Junior 11 reconoció además que confiaba plenamente en el trabajo de los participantes. “Yo confío mucho”, señaló antes de destacar que intentaría ayudarles “lo máximo” posible durante la prueba.
Valentina también defendió este tipo de iniciativas para acercar la cocina a los más jóvenes. A su juicio, cuando cocinar es una pasión, actividades como esta ayudan a los participantes a “conectar con esa pasión” y a seguir desarrollándola.
Y aunque reconoció que le gusta ser capitana, dejó claro que su manera de liderar pasa sobre todo por ayudar. “Me encanta ayudar”, aseguró. La cocina continúa formando parte de su vida, aunque no tiene previsto convertirla en su profesión. Su sueño para el futuro es ser actriz.
Entre los familiares que siguieron el concurso desde el recinto también había orgullo. El padre de uno de los participantes contó que desde hacía tiempo veía a su hijo con posibilidades de participar en un concurso de este tipo. La afición por cocinar le viene de casa y, especialmente, de su madre.
Su especialidad son los arroces y los fideuás. “Le gustan mucho los arroces, hacer arroces y fideuás le gusta mucho y lo hace muy bueno”, explicó su padre. Una afición que, como tantas otras, puede empezar en casa y encontrar en actividades como esta un nuevo impulso.
La jornada terminó así con diez jóvenes compartiendo cocina, aprendiendo de dos rostros conocidos de la televisión y, sobre todo, disfrutando entre fogones. El equipo ganador recibió cinco menús degustación en un restaurante de la Ciudad Autónoma, mientras que los cinco integrantes del segundo clasificado obtuvieron juegos profesionales de cuchillos de cocina.
El concurso contó además con 80 comensales invitados y permitió la entrada gratuita de público hasta completar el aforo. Una forma de hacer que la cocina también tuviera su espacio propio en la Feria de Melilla.







