Javier Felices es casetero de “Casa Chiqui”, el espacio compartido entre el Bar Aragón y la Federación Melillense de Pesca y Casting que tiene once años de recorrido en la Feria melillense. Con el tiempo han aprendido qué les funciona y qué no, y por eso se definen como una caseta tradicional en la que el mejor plan es sentarse a comer y disfrutar del buen ambiente.
Al principio, traían grupos y espectáculos en directo, pero ahora han decidido centrar su actividad en los almuerzos y cenas. La gastronomía es la protagonista, con platos, tapas y bebidas típicas de las fiestas. Refrescos, cerveza, vinos, y Croft Twist, un Fino Spritz elaborado en bodegas que está triunfando en Andalucía y que se sirve con hielo y hierbabuena. Pero también rebujito, manzanilla y Cartojal.
De comida, los comensales pueden degustar las migas que preparan cada día, la paella, los callos, el lomo a la orza, los caracoles y, de “pescaíto”, los calamares, boquerones y adobos. Sin olvidar los mejillones, las coquinas, las cigalas y langostinos. Es el sitio idóneo para probar lo que sería un menú feriante en toda regla. Sobre los orígenes de la Caseta Aragón, Felices cuenta que se remontan a la puerta de este bar, un clásico en Melilla.
Para los que viven en la ciudad y los que están de paso por ella, es una parada obligatoria. “Un día estábamos sentados toda la familia en la puerta del Bar Aragón, que era de mi suegro y del tío de mi mujer, y por cómo les funciona y cómo trabajan, no les apetecía, pero me dijeron «si quieres montarla, móntala con mi hija, y nosotros te ayudamos en lo que necesites»”. Y así fue, hasta el día de hoy.
A pesar de la experiencia, siempre hay aprendizajes y “cosas que corregir y mejorar”, comenta el gerente de “Casa Chiqui”. Con respecto al apodo, a su suegro, uno de los responsables del bar melillense, se le conoce como “Chiqui”, y así se quedó “por la tradición y por los tantísimos años que lleva él trabajando en la hostelería”.
La colaboración con la Federación surge del Club de Pesca Mediterráneo de Melilla, que organizan juntos campeonatos locales en los que participan los caseteros. Le propusieron la iniciativa a Víctor Fernández, presidente de la Federación, y desde entonces trabajan juntos en las Fiestas Patronales. Tienen un equipo bastante amplio: tres cocineros, dos ayudantes de cocina, tres personas encargadas de fregar, dos haciendo “pinchitos” en el anafre y diez camareros.
Se sumaron al Día de la Tapa el lunes de Feria, que llenó todo el aforo con mesas larguísimas que querían vivir la experiencia culinaria de la Caseta Aragón. “Era una rotación continua”, asegura. Pero esta es la regla y no la excepción: “Siempre estamos llenos, por la mañana, por la noche, la caseta está con buen ambiente y damos color a las fiestas”. Invitan al resto de hosteleros de la ciudad autónoma a apuntarse a la Feria, “por el bien de los ciudadanos y de Melilla”.
Ellos, el resto del año, además de en el Bar Aragón, trabajan en otro sitio muy conocido junto a la muralla de Melilla la Vieja, el Bar “Los Polillas”. Javier Felices, por su parte, tiene sangre hostelera: sus padres llevaron durante un tiempo la Asociación de Vecinos Hipódromo, y después fueron los primeros en regentar el Bar Málaga.
Cada Feria siguen innovando e invirtiendo para mejorar las infraestructuras de la caseta y, así, dar un mejor servicio a los clientes. “Es verdad que el que monta por primera vez tiene una inversión mucho más grande, pero cada año va invirtiendo un poco menos. El inicio siempre es muy costoso, pero luego va mejorando”. El futuro de la caseta es incierto. Lo que empezó como un “venga, vamos a probar”, se ha extendido durante once años.
No son nueve días sino quince, explica el gerente de la Caseta Aragón “Casa Chiqui”, contando los de montaje y desmontaje. “Es verdad que la Feria cansa muchísimo porque es un sin parar”. La labor continúa más tarde en sus respectivos negocios. Todo está en el aire y, por tanto, todo podría darse. Lo irán decidiendo cuando se acerquen las fiestas de 2027. Mientras tanto, sigamos disfrutando de un lugar en el que se respira la tradición y el aire familiar.








